Próximas guerras.

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Darío Herchhoren.— No se asusten. No soy agorero, y soy consciente de que una guerra con las armas actuales significaría quizá el fin de la humanidad. Pero tampoco soy ingenuo, y creo que aunque las evidencias muestren lo contrario, el imperio norteamericano sueña con destruir a Rusia y a China, sus archienemigos de un solo golpe, y creen todavía en su superioridad militar, y sobre todo en la excepcionalidad de los EEUU.

Todos los políticos de los EEUU y sobre todo, aquellos que pertenecen a la enorme burocracia (¿o burrocracia?), que forman los republicanos y demócratas, creen que los EEUU están llamados por dios a dirigir el mundo.

Sin embargo hay algunos obserevadores en los EEUU que son más objetivos y ya alertan sobre el hecho insoslayable de que para el caso de declararse una guerra entre las grandes potencias, los EEUU ya no podrán contar como hasta ahora con la ventaja de que su territorio está muy lejos del teatro de la guerra, y eso les permitirá salir bien parados de esa hipotética contienda.

Al efecto debo resaltar la publicación norteamericana Foreign Policy, que alerta sobre una realidad que ha cambiado la relación de fuerzas, y que esta vez la fabricación de nuevas armas ultrasónicas, la miniaturización de otras ya existentes y sobre todo la posesión de drones volantes y submarinos de muy bajo coste por parte de Rusia y de China, han cambiado las tornas y que el territorio, los centros de mando y de aprovisionamiento pueden ser arrasados en pocos minutos llevando la destrucción al corazón del imperio.

Hasta ahora, salvo el ataque japonés a Pearl Harbour, los militares norteamericanos se han batido con ventaja, ya que siempre las guerras en que han participado han sido lejos de su territorio. Pero esta vez las cosas han cambiado, y los militares yanquis lo saben y han tenido la prudencia de ponerlo en conocimiento de la autoridad presidencial de turno.

Todo el poderío militar de los EEUU se ha basado en la enorme cantidad de bases extendidas en el mundo entero, que sirven tanto para esclavizar a las naciones donde están ubicadas, como para meter miedo a China y Rusia, rodeándolas de las mismas, pero el nuevo armamento de que habla Foreign Policy, hace que todas esas bases sirvan solo para la primera opción, es decir someter, explotar, extorsionar, chantajear, amedrentar a aquellos paises en donde están puestas.

Es decir, que es como si la mafia, se instalara en nuestra casa para protegernos, pero debemos pagar esa protección y comprar el armamento a quien nos protege.

No es una casualidad que la mafia tenga su máximo poder en los EEUU. En la década de 1930, el almirante Irving Wallace de los EEUU dijo que Al Capone solo operaba en algunos barrios de Chicago, pero que nosotros lo hacemos en el mundo entero.

Se trata de un gigante poderoso, cruel y sin escrúpulos, y por lo tanto peligroso porque puede hacer mucho daño todavía, aunque cada vez muestra signos de senilidad irreversible. El gobierno de Trump se parece mucho a un zombie, que está en muerte cerebral. No sabe a donde va ni a qué va.

Si miramos con atención veremos que EEUU no tiene una política exterior. Tenerla significaría negociar, pactar, empatizar, convenir, acordar. Nada de eso.

Los EEUU no acuerdan nada, solo imponen. Pero esto ya ha llegado a su fin. Hay otras potencias en el mundo tan o más fuertes que ellos, y ello pone al desnudo esa carencia. Ahora se nota cada vez más la raquítica política exterior de los EEUU. Al no poder imponer nada porque la relación de fuerzas se inclina en su contra vemos como esa incapacidad se torna patética.

Pero todavía no podemos cantar victoria. Estados Unidos es un boxeador noqueado, pero todavía puede golpear, y muy fuerte. Hay que tener paciencia, los acontecimientos muestran cada vez más, que el cuarto de hora de los EEUU ya pasó. Y no volverá. Trump, con ese fino olfato que lo caracteriza hablaba de hacer otra vez grande a los EEUU. Eso es porque percibe a pesar de su rudeza y simplicidad, que ya no lo es.

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