La presentación pública de su lista negra, con supuestos comunistas, lo hizo famoso en la prensa y simpatizante de ciertos grupos ultraconservadores dentro de los EE.UU. | Foto: scoopnest.com

Se pasó a denominar como macarthismo o caza de brujas a todas aquellas medidas gubernamentales que coartaban las libertades de los ciudadanos en favor de una supuesta seguridad nacional o preservación de unos valores determinados.

En pleno contexto de Guerra Fría, tras finalizada la II Guerra Mundial y la expansión del comunismo por Europa y Asia, en Estados Unidos (EE.UU.) se gestaba un fuerte odio al comunismo, que fue llevado a su máxima expresión por el senador republicano, Joseph McCarthy.

El primer pronunciamiento de McCarthy en el que mostraba sus planes para solapar todo índice de actividad comunista en EE.UU. fue el 9 de febrero de 1950, en el club de mujeres republicanas de la ciudad de Wheeling, en Virginia Oeste, donde advirtió tener una lista de 205 personas miembros del Partido Comunista que trabajaban dentro del Gobierno.

La presentación pública de su lista negra, con supuestos comunistas, lo hizo famoso en la prensa y simpatizante de ciertos grupos ultraconservadores dentro de los EE.UU., que luego lo llevaron a obtener la presidencia de la Subcomisión Permanente de Investigaciones del Senado, desde donde pudo desbocar todas sus teorías conspiratorias y poner en marcha las comparecencias de sospechosos.

Un mes después la prensa ya hablaba de “macarthismo” y “caza de brujas”, lo que se basaba en la idea de que las derrotas norteamericanas en el exterior solo podían deberse a la filtración de información a la antigua Unión Soviética (URSS) desde el interior del país.

De este modo, se pasó a denominar como macarthismo o caza de brujas a todas aquellas medidas gubernamentales que coartaban las libertades de los ciudadanos en favor de una supuesta seguridad nacional o preservación de unos valores determinados.

La paranoia anticomunista permitió que el senador por el Estado de Wisconsin comenzara una oleada de persecución, represión y deslegitimación a personas supuestas o vinculadas al comunismo, época a la que el periodista británico estadounidense, Alistair Cooke, se refirió como “una generación sometida a juicio”.

Hegemonía del capitalismo vs. Comunismo

La lucha por la hegemonía capitalista ganada por los EE.UU. se convirtió en la tesis para expandir el anticomunismo, por lo que a lo largo de finales de los años 40 y en los años 50 se aprobaron varias leyes de corte anticomunista que incluyeron intentos directos de ilegalización del Partido Comunista de los Estados Unidos de América (CPUSA).

En marzo de 1947, por ejemplo, el presidente de EE.UU., Harry S. Truman, proclamó el “Decreto 9835”, que permitía la investigación de la lealtad de los empleados federales y que afectó a 6,6 millones de personas entre 1947 y 1952.

Asimismo, en 1949 se había aprobado la ley Taft-Hartley, que restringía enormemente la actividad de los sindicatos  y 144 líderes del CPUSA fueron arrestados y acusados de violar la Smith Act, una ley contra las actividades subversivas.

Igualmente, a inicios de los 50´ se publicaron varias leyes que restringían directamente la actividad comunista o prohibían la entrada de comunistas al país e, incluso, se planteó seriamente la creación de campos de concentración para los disidentes comunistas.

A esto se suma que el Comité del Senado obvió el principio jurídico de la presunción de inocencia y ante cualquier denuncia aplicaba la presunción de culpabilidad. De esta manera, el acusado era quien debía probar que no era comunista, ni simpatizante, ni espía para los soviéticos, mientras los que reconocían su “culpa” podían lavarla delatando a sus compañeros.

McCarthy creó comités y grupos de vigilancia privados para “antiamericanos”en las ciudades y miles de personas perdieron sus trabajos, se les negaron los pasaportes y se procesaron a numerosos residentes extranjeros.

La caza de brujas tuvo como consecuencia el arresto, el interrogatorio indiscriminado y la violación de los derechos fundamentales de cientos de personas, sin contar algunas ejecuciones, como la del famoso matrimonio de Ethel y Julius Rosenberg, ambos militantes del Partido Comunista y acusados de pasar la fórmula secreta de la bomba atómica a la URSS.

Hollywood y el Grupo de los Diez

El séptimo arte también fue tachado de herramienta propagandística, sobre todo un sector de la industria que se había adherido al comunismo durante los años 30´. De esta manera, la investigación de infiltración comunista empezó en el año 1947 por parte del Comité de Actividades Antiamericanas (HUAC, por sus siglas en inglés), lo que provocó la anulación de las carreras de muchos profesionales de Hollywood en los 50´.

En las listas negras fueron colocados escritores, actores y directores quienes fueron acorralados y silenciados, así como algunas películas que pretendían reflejar la problemática o aludían o cuestionaban ideas concretas.

Los casos más mediáticos fueron los once testigos, declarados abiertamente hostiles por la HUAC, al negarse a declarar y acogerse a la primera y quinta enmienda, amparadas en la Constitución de la nación norteamericana. Entre ellos se encontraban el dramaturgo, Bertolt Brecht, quien abandonó los EE.UU.

Así quedaron los famosos “Diez de Hollywood”, que fueron condenados por desacato al Congreso y solo, el director Edward Dmytrik revirtió su condena y el destierro profesional al renegar al comunismo y delatar a otros de sus colegas.

Algunos de los nombres más célebres en el mundo del cine, que se vieron afectados y perseguidos fueron: Elmer Bernstein, Charlie Chaplin, Edward Dmytryck, Carl Foreman, John Garfield, Arthur Miller, Robert Rossen y Dalton Trumbo, entre muchos otros.

«Buenas noches y buena suerte», con George Clooney en 2005

Años más tarde varias películas han hecho referencia a esta época del cine, como La tapadera, con Woody Allen como protagonista en 1976, y Buenas noches y buena suerte con George Clooney en 2005.

Marcantismo sin McCarthy

McCarthy intentó extender su paranoia hasta las altas instancias militares dentro de EE.UU., idea que unida a que se había forjado enemigos en todos los frentes, la pésima opinión pública y su grave problema de alcoholismo hicieron que fuera expulsado del Comité del Senado en 1954, acusado de conducta impropia.

“Ha actuado en contra de la ética senatorial y ha pretendido llevar al Senado a la deshonra y al descrédito, obstruir los procedimientos constitucionales del Senado y perjudicar su dignidad”, así cerraban las excusas para justificar y disculpar la “caza de brujas” anticomunista, que a partir de entonces no cesaba, sino que se disfrazaría bajo otros métodos más oscuros.

El nombre de McCarthy quedó ligado a «caza de brujas», a los «Diez de Hollywood», al «terror rojo» y su, tristemente célebre, nombre adoptaría traducción universal. El amplio espectro de persecución política por parte de elementos del Estado, quedarían englobados bajo un nuevo término: macarthismo.

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