Cataluña es una nación; Joan Comorera, 1940.

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«[Nota de «Nuestra Bandera», periódico del Partido Comunista de España: El 8 de Septiembre el camarada Juan Comorera, Secretario General del Partido Socialista Unificado de Cataluña Sección Catalana de la Internacional Comunista pronunció en la ciudad de México una importante conferencia sobre el tema «Contra la Guerra Imperialista y por la Liberación social y nacional de Cataluña». Publicamos en este número, íntegramente, la importantísima parte de la conferencia de Comorera que se refiere al problema nacional y a las tareas para la lucha por la liberación nacional y social de Cataluña, Esta parte, es de extraordinario valor para la orientación y el trabajo práctico de los miembros del Partido hermano del pueblo catalán y del pueblo español en el combate por su victoria sobre el régimen dominante].

Marx y Engels y el problema nacional y colonial

Al analizar los acontecimientos que en su época tuvieron lugar en Irlanda, la India, China, los países centro-europeos, Polonia y Hungría, Marx y Engels, nos dieron las directivas fundamentales sobre la cuestión nacional y colonial. Estas directivas fundamentales no solamente no fueron desarrolladas por la socialdemocracia, sino que fueron desconocidas y tergiversadas en la teoría, y renegadas en la práctica. Los problemas nacionales de Europa han sido y son un factor revolucionario de lucha contra el imperialismo. En la medida en que los partidos de la II Internacional degeneraron en partidos de »reformas sociales», se apartaban de la lucha de clases, renegaban de la dictadura del proletariado, pasaban a las filas de la contrarrevolución, la cuestión nacional que en un principio anunciaban vagamente, se transformó en instrumento «ideológico» de subordinación nacional al Imperialismo. No vale la pena de analizar ahora las teorías socialdemócratas justificativas de la opresión nacional y colonial. Recordemos, nada más, que para los socialdemócratas la lucha de los pueblos coloniales, era contraria a los intereses del proletariado europeo, que la tesis sobre «la misión y la tarea del hombre blanco» de los más fanáticos imperialistas la aceptaban al hablar del papel progresivo del imperialismo en las colonias, y hacían el juego al imperialismo al asegurar que los pueblos coloniales y las naciones oprimidas, no estaban preparadas para el ejercicio de la libertad y de la soberanía. Nuestra experiencia es suficiente para conocer a fondo la posición práctica de los socialdemócratas en la cuestión nacional. El Partido Socialista Obrero Español, ha combatido a sangre y fuego a Cataluña y Euzkadi, las dos nacionalidades históricas oprimidas y que han llegado a la madurez nacional. El Partido Socialista Obrero Español, ha sido un instrumento del imperialismo español, debido a la acción del cual, tanto escrita como práctica, grandes núcleos de obreros, nunca comprendieron que la cuestión nacional y colonial, es parte integrante de la revolución proletaria internacional. En el curso de nuestra guerra, las incomprensiones y los exabruptos del Partido Socialista Obrero Español y de sus líderes en función de gobierno Largo Caballero, Prieto y Negrín, respecto a Cataluña y a nuestras instituciones autónomas, fueron uno de los principales factores que contribuyeron a la derrota de Cataluña y de la República.

Lenin y el problema nacional y colonial 

Ha sido Lenin el primero en desarrollar la teoría nacional y colonial, tomando como base las directivas fundamentales de Marx y de Engels, La teoría de Lenin sobre la cuestión nacional y colonial consta de tres puntos esenciales:

Primero: reunión en sistema simétrico de las directivas fundamentales de Marx y Engels sobre las revoluciones nacionales y coloniales, en la época imperialista.

Segundo: vinculación de la cuestión nacional y colonial a la cuestión del derrocamiento del Imperialismo.

Tercero; afirmación de que la cuestión nacional y colonial es una parte integrante de la revolución proletaria internacional.

¡Qué lejos estamos, compañeros, del reaccionarismo socialdemócrata!

Stalin y el problema nacional y colonial

La teoría revolucionaria de Lenin sobre la cuestión nacional y colonial, había de ser desarrollada y aplicada por el caraarada Stalin. Cuatro factores nuevos y substanciales han enriquecido la teoría sobre la cuestión nacional y colonial:

Primero: unión de la cuestión nacional con la colonial. La cuestión nacional y colonial, pasa a ser no una cuestión específica de política interna de un Estado particular, sino un problema mundial de emancipación de los pueblos oprimidos, de los pueblos dependientes y coloniales del yugo del Imperialismo. La unión de la cuestión nacional con la colonial, la define así el camarada Stalin:

«La abolición de la opresión nacional en Europa es inconcebible sin la emancipación de los pueblos coloniales de Asia y África de la opresión del Imperialismo; aquélla está ligada orgánicamente a ésta». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; El planteamiento de la cuestión nacional, 1921)

Segundo: formulación categórica del derecho de las naciones no soberanas y de las colonias a la separación política, a la existencia como Estados independientes. Tercero: la cuestión nacional y colonial y la del poder capitalista, de derrocamiento del capitalismo y de la dictadura del proletariado, son conexas. Desarrollando este punto capital, escribe el camarada Stalin:

«La guerra imperialista ha demostrado, y la experiencia revolucionaria de los años recientes la ha confirmado otra vez. Primero, que los problemas nacionales y coloniales son inseparables del problema de la emancipación de la dominación del capital. Segundo, que el Imperialismo –forma superior del capitalismo–, no puede existir sin la esclavización política y económica de las naciones no soberanas y de las colonias». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; El planteamiento de la cuestión nacional, 1921)

Tercero, que las naciones no soberanas y las colonias, no pueden ser emancipadas sin el derrocamiento de la dominación capitalista.

Cuarto, que la victoria del proletariado no puede ser duradera, a no ser que las naciones no soberanas y las colonias sean emancipadas de la dominación capitalista».

Cuarto, verdadera igualación, no simplemente jurídica, de las naciones. Ayuda y estímulo a las naciones atrasadas para elevarlas al nivel cultural y económico de las más avanzadas. Considerar esta igualación, ayuda y» estímulo, como uno de los requisitos previos para la cooperación fraternal entre las masas trabajadoras de las diversas naciones.

Aplicación práctica de la teoría

El valor extraordinario de la teoría leninista-stalinista sobre la cuestión nacional y colonial, es que ha pasado del dominio de la especulación al de la práctica triunfante. La teoría leninista-stalinista ha sido aplicada íntegramente en la Unión Soviética. En la «Declaración de los Derechos de los Pueblos de Rusia» publicada el 15 de noviembre de 1917, redactada por el camarada Stalin, entonces Comisario del pueblo para las nacionalidades se exponen los siguientes principios fundamentales:

Primero: La igualdad y la soberanía de los pueblos de Rusia.

Segundo: El derecho de los pueblos de Rusia a la libre autodeterminación hasta la separación y el establecimiento de Estados independientes.

Tercero: Abolición de todos los diversos privilegios y restricciones nacionales y nacional-religiosos.

Cuarto: libre desenvolvimiento de las minorías nacionales y de los grupos étnicos que habiten en el territorio de Rusia. La aplicación estricta de los principios constitucionales fué una de las grandes preocupaciones del proletariado victorioso. Así podemos ver que en la resolución del Xº Congreso del Partido del 10 de Marzo de 1921, se fijan las siguientes tareas:

«Ayudar a las masas trabajadoras de los pueblos que no son de la Gran Rusia, a igualarse a la Rusia Central, la cual marcha a la cabeza de ellos, y ayudarles: a) A desarrollar y consolidar su propio sistema estatal soviético en formas compatibles con el carácter nacional de estos pueblos; b) A organizar sus propios tribunales, cuerpos administrativos, organismos económicos y gubernamentales, surgidos de la población autóctona familiarizada con las costumbres y la psicología de la población local, y que empleen en su funcionamiento el idioma nativo; y, c) A desarrollar en su propio idioma la prensa, las escuelas, los teatros, los clubs y las instituciones culturales y educacionales en general». (Congreso del Partido Comunista Ruso (Bolchevique); Resolución, 1921)

Realizada la experiencia en los años más difíciles de la Revolución de octubre, cuando por el hecho mismo de la guerra civil y de la intervención extranjera, la gran cantidad de pueblos, de grupos étnicos, . de nacionalidades unidas a la Unión Soviética, estaban aislados entre ellos y se combatían entre ellos por la imposición de los generales blancos, ingleses o franceses: surgió con una fuerza sorprendente la justeza genial de la teoría leninista-stalinista de la cuestión nacional y colonial formulada con claridad ejemplar y aplicada de manera consecuente, la teoría nacional y colonial de Lenin y Stalin, fué el aglutinante más sólido de los pueblos y de las naciones de la inmensa Unión Soviética. Y la confirmación esplendorosa de este hecho la tenemos en que en el período de construcción triunfante del socialismo, la teoría leninista-stalinista ha sido incorporada íntegramente a la Constitución aprobada el año 1936. El artículo 13 de la Constitución dice:

«La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, es un estado federativo, constituido sobre la base de la unión voluntaria de las repúblicas socialistas soviéticas iguales en derechos». (Constitución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, 1936)

Veamos el artículo 17:

«Cada República federada conserva el derecho a separarse libremente de la URSS». (Constitución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, 1936)

Y, finalmente, reflexionemos sobre el artículo 123, suprema definición de la unión fraternal e igual de los pueblos soviéticos:

«La igualdad de derechos de los ciudadanos de la URSS, sin distinción de nacionalidad ni de raza, en todos los dominios de la vida económica, del Estado, cultural, social y política, es una ley inmutable. Toda restricción directa o indirecta de los derechos o, inversamente, el establecimiento de privilegios, directos o indirectos, para los ciudadanos por razón de la raza o de la nacionalidad a la cual pertenecían, lo mismo que toda prédica de exclusivismo racial o nacional, o de odio y menosprecio racial o nacional, son castigados por la Ley». (Constitución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, 1936)

Las consecuencias de una teoría justa aplicada consecuentemente

La teoría nacional y colonial de Lenin y Satlin, no fue aplicada sin dificultades. Hubo que vencer la resistencia encarnizada del trotskismo enemigo, enemigo sistemático de todo aquello que por su valor substantivo, había de consolidar la revolución de Octubre. Por eso, no puede extrañarnos, la dureza con que el camarada Stalin planteó el problema en el XIIº Congreso del Partido de 1923. He aquí sus palabras, las cuales nos podemos aplicar para saber lo que debemos hacer en el porvenir y para comprender el porqué de las muchas derrotas que hemos sufrido en el pasado:

«O bien, dentro de la Unión Soviética, encontramos una solución correcta para el problema nacional, de aplicación práctica, y establecemos verdaderas relaciones fraternales y verdadera colaboración entre los pueblos –y en este caso todo el Oriente verá que nuestra; Federación es la bandera de su liberación, la vanguardia cuyos pasos ha de seguir y eso será el principio del hundimiento del imperialismo mundial; o nosotros, la Federación y su conjunto cometemos un error, minamos la confianza de los pueblos antiguamente oprimidos hacia el proletariado de Rusia, y privamos a la Unión de Repúblicas de este poder de atracción que posee a los ojos del Oriente, y en tal caso, ganará el Imperialismo y perderemos nosotros». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Discurso en el XIIº Congreso del Partido Comunista (Bolchevique) de Rusia, 1923)

En el período de la guerra civil y de los intervencionistas, la aplicación consecuente de la teoría nacional y colonial, tuvo una importancia capital.

«Los obreros rusos comprueba el camarada Stalin no hubieran podido derrotar a Kolchak, a Denikin y a Wrangel, si no hubiesen contado con la simpatía y la confianza de las masas oprimidas de las regiones fronterizas de la antigua Rusia, No hemos de olvidar que el campo de acción de esos generales facciosos estaba limitado al área de las regiones fronterizas habitadas principalmente por nacionalidades no rusas, y que éstas, no podían sino odiar a los Kolchak, Denikin y Wrangel, por su política imperialista y de rusificación. La entente, interviniendo y apoyando a estos generales, podía confiar solamente con los elementos que en las regiones fronterizas eran los agentes de la rusificación. Y esto, encendía el odio de las regiones fronterizas contra los generales sediciosos y aumentaba la simpatía de esta población por el gobierno soviético. Esta circunstancia, explica la debilidad de la retaguardia de los Kolchak, Denikin y Wrangel, y por tando, la de sus frentes, que a la larga fué la causa de su derrota». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Discurso en el XIIº Congreso del Partido Comunista (Bolchevique) de Rusia, 1923)

La victoria culminante de la política nacional de Lenin y Stalin ha sido la Constitución Stalinista de 1936, aprobada por el Congreso extraordinario de los soviets de la URSS. ¿¡Por qué fue posible esta victoria esplendorosa?! El camarada Stalin nos los explica:

«La misma ausencia de clases explotadoras, las cuales son los principales organizadores de las luchas entre las naciones; la ausencia de la explotación que fomenta la desconfianza mutua y las pasiones nacionalistas; el hecho de que el poder se encuentre en manos de la clase obrera, la cual es enemiga de toda esclavitud y campeona fiel de la idea del internacionalismo; la realización efectiva de la ayuda mutua entre los pueblos en todas las esferas de la vida económica y social; y, por último, el florecimiento de la cultura nacional de los pueblos de la URSS, la cual es nacional en su forma y socialista en su contenido. Todos estos factores y otros parecidos han cambiado profundamente la fisonomía de los pueblos de la URSS; su sentimiento de mutua desconfianza ha desaparecido, se ha desarrollado entre ellos en sentimiento de mutua amistad y así, sé ha establecido una cooperación verdaderamente fraternal entre los pueblos en el seno del Estado general único. Como resultado de esto, tenemos ahora un Estado! socialista multinacional perfectamente constituido, el cual ha salido triunfante de todas las pruebas y cuya soliden puede envidiar todo Estado nacional en cualquier parte del mundo». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Sobre el proyecto de constitución de la URSS, 1936)

La comprensión de la teoría leninista-stalinista del problema nacional y su aplicación consecuente, sin timidez ni hipocresía, se plantea hoy con la máxima fuerza. La no comprensión del problema nacional por los líderes de la República del 31 y del 16 de Febrero, y, en el curso de nuestra guerra, por parte de los políticos que tuvieron las mayores facultades y responsabilidades, ha sido uno de los factores principales de la victoria de los Lerroux, Gil Robles el año 34 y de los Franco el año 39. Esta incomprensión, sin embargo, no fue casual. La burguesía no es capaz de resolver los problemas nacionales. Contrariamente, su tendencia natural consiste en envenenarlos para consolidar y prolongar sus privilegios y su dominio político. La socialdemocracia no comprende ni puede comprender, ni mucho menos resolver, los problemas nacionales. Por el contrario, la socialdemocracia ha deformado los problemas nacionales, los ha presentado a la clase obrera como un problema de reacción y no de revolución, para mejor servir así los intereses de sus amos imperialistas. La imposibilidad de que la burguesía y la socialdemocracia pueden resolver los problemas nacionales, es una de las más útiles, importantes y aleccionadoras conclusiones de la teoría leninista-stalinista del problema nacional. Y más cuando esta conclusión la hemos experimentado nosotros en la propia sangre, en la profunda amargura de una derrota evitable.

Cataluña es una nación

Hay que dilucidar ahora, camaradas, si la teoría leninista-stalinista sobre la cuestión nacional, puede o no ser aplicada a Cataluña. ¿Qué es una nación? He aquí la definición del camarada Stalin, la más completa que jamás hayamos leído:

«Una nación es una comunidad históricamente desarrollada, estable, con lenguaje, territorio, vida económica, formación psicológica, manifestadas en una comunidad de cultura». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; El marxismo y la cuestión nacional, 1913)

¿Reúne Cataluña estas cualidades? Es evidente que sí. Somos una comunidad que se ha desarrollado a lo largo de los siglos, a pesar de la opresión imperialista. Somos una comunidad con lengua propia, territorio común y unido, con vida económica bien caracterizada, con formación psicológica forjada por los siglos de opresión y por el anhelo inagotable de libertad. Somos una comunidad con propias manifestaciones culturales, en nuestra lengua cuando ha sido posible –unos cuantos años, en más de dos siglos transcurridos desde el Secreto de Nueva Planta– y en la lengua extranjera impuesta.

Cataluña, es, pues, una nación. Pero Cataluña, camaradas, no es una «comunidad de destino». El principio de Lenin: «dentro de cada nación moderna hay dos naciones», se adapta plenamente a Cataluña, como a cualquiera otra nación. Importa, compañeros, que meditemos y asimilemos este principio de Lenin. La incomprensión del principio de Lenin abre la puerta a todas las desviaciones nacionalistas pequeño burguesas, nos conduciría a un callejón en el cual nunca ha hallado ni hallaría solución nuestro problema nacional. En cada nación hay dos clases antagónicas, irreconciliables: la burguesía y el proletariado, los explotadores y los explotados. Hay, por tanto, dos naciones antagónicas irreconciliables. La burguesía se vale y se valdrá del problema nacional para resolver sus asuntos de clase, dispuesta siempre a aliarse con la burguesía imperialista en el momento preciso en que considere satisfecha su ambición de clase o en que vea en peligro sus intereses de clase por el desarrollo y la ofensiva del movimiento obrero. El proletariado, quiere resolver y resolverá definitivamente el problema nacional, pues no ignora que si se convirtiese en opresor de otros pueblos, volvería a ser oprimido nuevamente. La burguesía y el proletariado pueden y deben entenderse y luchar juntos contra un enemigo provisionalmente común, en un momento dado y por una cuestión nacional concreta.

«Seríamos revolucionarios muy desdichados si, en la gran lucha de liberación del proletariado por el socialismo, no supiésemos cómo obtener ventajas de cada movimiento popular, contra cada caso particular de opresión imperialista, para intensificar y extender la crisis». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Balance de la discusión sobre la autodeterminación, 1916)

Pero la burguesía y el proletariado no han de confundirse, no pueden confundirse nunca. Su destino no es común. El destino de la burguesía es desaparecer. El destino del proletariado es llegar a serlo todo para construir un mundo socialista, de igualdad, de libertad, de verdadera fraternidad entre todos los hombres y todos los pueblos» La tesis socialdemócrata del «destino común», de la «comunidad nacional», subordinando necesariamente los intereses de clase a las exigencias nacionales, induce a los trabajadores a la colaboración y la paz entre las clases, a la negación de la lucha de clases, conduce en su desarrollo lógico a la teoría racista reaccionaria, al fascismo.

Cataluña es una nación. Pero Cataluña no puede aislarse. La tesis de que Cataluña puede resolver su problema nacional como un caso particular, desentendiéndose y en oposición al problema general del imperialismo y de la lucha del proletariado, es una tesis reaccionaria. Por este camino, se llega a la exageración negativa de las peculiaridades nacionales, un nacionalismo local estrecho. Por este camino se va, no hacia la liberación social y nacional, sino hacia una mayor opresión y vejación. De la misma manera que los trabajadores del país opresor caen en la desviación colonizadora, chovinista, en cuanto no comprenden o no tienen en cuenta suficientemente las peculiaridades de estratificación de las clases, la cultura, la vida diaria, el pasado histórico y la psicología propia de un pueblo sometido, así mismo los trabajadores del país oprimido caen en la desviación chovinista, localista, particularista, de confundir sus intereses peculiares con los «intereses nacionales en general», de prestar más atención y esfuerzo a los problemas accidentales que a los propios intereses fundamentales de clase, en cuanto olvidan o no comprenden el problema general del imperialismo y de la lucha de clases del proletariado.

Cataluña es una nación. Pero es preciso que Cataluña llegue a ser una nación de hecho y derecho, una Cataluña reconocida. ¿Cómo conseguirlo, camaradas? En resumen, hay dos líneas en presencia, entre dos líneas han de escoger los catalanes de Cataluña y los catalanes de la emigración: la línea imperialista o la línea revolucionaria. Hay que analizar y tomar partido.

La línea imperialista

La línea imperialista es la que siguen los mendicantes del nacionalismo catalán pequeño burgués. El hombre representativo de estos mendicantes, con los cuales vemos fraternalmente unidos a los desertores, los claudicadores, los que huyeron antes de tiempo, los que no comprendieron a la Cataluña en guerra y no comprenden a la Cataluña que lucha contra el traidor Franco ni comprenderán nunca a la Cataluña que se forja con heroísmo y dolor: este hombre representativo, es el ex Consejero Carlos Pi y Suñer. El pilan político de Carlos Pi y Suñer fue escrito el mes de enero de este año. En el mismo mes de euforia del imperialismo anglo-francés, cuando intentaba «una maniobra de gran envergadura para obtener, en nombre de la defensa contra el comunismo, un cambio de frente». El camino de Damasco, para Carlos Pi y Suñer, fue esta «gráfica imagen» de Churchill, según la cual la «nueva Europa federal», después de la victoria, sería como «una casa de diversos departamentos en la cual cada cual tendría su habitación». Lo que no dice Pi y Suñer es que el propietario de tal casa sería el Imperio Británico. Cuestión que no debía procuparle mucho, pues él, hombre de reconocida humildad, se hubiera contentado con un rincón en el desván, a bajo precio. Sin embargo, hay que reconocer que el documento de Pi y Suñer tuvo un éxito positivo entre los patriotas catalanes de América, quienes permanecieron en América mientras nuestro pueblo se desangraba en defensa de Cataluña. Las felicitaciones y alientos iban y venían, y los corazones estaban preparados para regresar heroicamente a Cataluña detrás de las bayonetas de los demócratas senegaleses franceses. Pi y Suñer entiende que la recuperación de Cataluña no ha de ser obra de los catalanes, sino de los imperialistas anglo-franceses. Para recuperar a Cataluña bastará que unos catalanes «serios» se presenten a la hora de la victoria a reclamar de míster Churchíll un rincón de los desvanes imperiales. Naturalmente, hemos dei preparar bien el terreno. ¿Qué debemos hacer? En primer lugar, ¡convencer a míster Churchíll de que los catalanes no somos un factor de «perturbación», sino de «estabilidad». En segundo lugar visitar el Papa para que nos perdonen los «desbordamientos cometidos» durante nuestra guerra. Inmediatamente, avergonzarnos de nuestra guerra y hacérnosla perdonar, olvidarla y convencer a los grandes burgueses catalanes de que todo fue una inocente discordia» y un lamentable «malentendido». Sin dejar que la cosa se enfríe, hacer la unidad de «todos los catalanes», de los catalanes que tuvimos la desgracia de combatir a Franco y de «desbordarnos» contra los servidores del Vaticano, y de los catalanes que, más patriotas y maquiavélicos, ayudaron a Franco a derrotar al ejército catalán y lo ayudan hoy en la tarea de hundir lo que la guerra dejó en pie en Cataluña. Hecha esta evangélica «unidad de todos los catalanes» ofrecer el poder a la burguesía, a las fuerzas de «orden» y de «estabilidad», a las «derechas de mayor volumen», prometiéndoles humildemente respeto, obediencia y colaboración desinteresada, no volver jamás a los desbordamientos del pasado, no volver a ser jamás los malas cabezas que desgraciadamente hemos sido a menudo. Ya «unidos todos los catalanes», presentarnos a las cancillerías y decirles: «Somos Cataluña y os pedimos para Cataluña las migas del banquete imperial de la victoria».

Para llevar a cabo su plan genial, Carlos Pi y Suñer se empeñó, en resolver dos grandes dificultades: posición de la burguesía, y órgano representativo de «todos los catalanes». ¿Qué dirá y qué hará la burguesía cuando reciba el plan para la recuperación de Cataluña? Esta pregunta no dejó dormir a Pi y Suñer durante los días que hubo de durar la redacción del histórico documento. Previendo dificultades, se dirigió a ella patéticamente: «La posición lógica afirmó sería que las derechas catalanas, procurasen contribuir a resolver el problema de Cataluña dentro de las posibilidades de la conjunción de fuerzas políticas conservadoras, deseosas de una sólida ordenación de Europa». Poco convencido de que la lógica y la burguesía quieran andar juntas Pi y Suñer acude a latiguillos para atemorizarla, y profetiza: «Que no llegue un momento en que vuelva a producirse el dramático malentendido que tan funesto ha sido para Cataluña; que por no incorporarse los sectores de derecha de mayor volumen a un profundo movimiento de recuperación nacional, haya de hacerlo otra vez la gran multitud de la gente catalana anónima y de sentimiento liberal. ¡Funesta perspectiva! ¡Otra vez el pueblo en la calle! ¡Otra vez los desbordamientos, las «discordias», Cataluña factor de «perturbación» y no de «estabilidad»! Tiene toda la razón Carlos Pi y Suñer. El llegó un día a la alcaldía de Barcelona llevado por la «gran multitud de gente catalana anónima y modesta». ¡Pero qué importa eso! ¿Quién no tiene en su historia un pecado de juventud? El argumento es de peso y suficiente para convencer a las «derechas de mayor volumen» y comprometerlas para que nos abran las puertas del «Fomento del Trabajo Nacional» y del «Instituto Catalán de San Isidro», para que cobijen a «todos los catalanes bien arrepentidos y unidos». Resuelta esta dificultad, Pi y Suñer se enfrenta valerosamente con la segunda: el órgano representativo de «todos los catalanes». ¿Cómo debe ser? ¿Cuál puede serlo? Hay que dejar a un lado, claro está, todo «lo que represente partidarismos políticos, ambiciones de grupo o banderías personalistas». Hecha la limpieza, sólo resta una «selección de elementos de pura categoría moral, para que inspiren confianza y merezcan respeto». ¡ Ya veis si es sencillo!

Hagamos, pues, esta «selección». Presidente: Carlos Pi y Suñer, padre del aborto. Vicepresidente: Manuel Serra Moret, porque al leer el histórico documentó escribió inmediatamente un artículo para decir con toda modestia que él, el heroico parlamentario de Noviembre de 1934, era un «selecto» y se ofrecía para lo que fuera menester. Y después… quizás Ventura Gassols, que desertó de Cataluña siendo Consejero de la Generalidad, o José Dencas, el gran táctico del 6 de Octubre o Juan Casanovas, el cariñoso amigo de Reverter y del ÍI Bureau francés, o Nicolau D’Olwer, que se adhirió al traidor Casado responsable del fusilamiento de tantos miles de catalanes en la zona centro sur. ¿Y quién más? En buena lógica pertenecen por derecho propio a la «selección» Eugenio D’Ors, Valla, Taberner, Bertrán i Musitu y el Mateu deis Ferros. Y si Pi y Suñer no ha encontrado aún el Cajero de la selección, le ofrecemos para escoger, tres patriotas: Cambó, Asens y Tarradellas. ¿Cómo dudar que esta «selección» de elementos de pura categoría moral haría inmejorable impresión? Nos queda una última dificultad muy imprevista. Carlos Pi y Suñer proponía que la «selección» radicara en la «tierra amiga de Francia» bien arrimada a las bayonetas senegalesas. ¿A dónde ir ahora? Pi y Suñer no nos ha dicho nada todavía. Por lo visto el atontamiento sufrido ha agotado la fecunda imaginación. Y bien, seriamente, nosotros proponemos que la sede de la «selección» sea el mercado del Borne, en Barcelona, con la condición de pedir, previamente, un salvoconducto al buen amigo de la Cataluña «falta de estabilidad y no de perturbación» generalísimo Franco.

Camaradas: en el manifiesto de Primero de Mayo de este año de la Internacional Comunista, se dice:

«Las pequeñas naciones son moneda de cambio en manos de los imperialistas». (Internacional Comunista, Comunicado del 1 de mayo, 1940)

El manifiesto se refiere a las pequeñas naciones ya soberanas y, entonces, neutrales. ¿Qué serán en manos de los imperialistas las pequeñas naciones oprimidas, sometidas ya a la explotación de un imperialismo determinado? ¿Qué ha sido, que puede ser, nuestra martirizada Cataluña para los imperialistas? ¿Cuándo se ha intentado hacer algo para detener la mano criminal de Franco en su venganza contra Cataluña? Sólo los hipócritas y los cobardes pueden escribir lo que escribió Pi y Suñer. Sólo los traidores, los renegados, los desertores pueden aceptar la línea mendicante y deshonrosa propuesta por Pi y Suñer. Los imperialistas son explotadores de pueblos. ¿Y son los explotadores quienes nos han de liberar? En la Península padecemos un imperialista: Franco. Y lo que quieren y quisieran los imperialistas del grupo inglés no es salvar Cataluña contra Franco, sino entenderse con Franco, autorizándolo, si fuera necesario, a aniquilar aún más a Cataluña. Los imperialistas no realizan una política de principios. Los imperialistas se apoyan en principios que favorecen sus intereses. ¿Cómo negarlo? El actual gobierno inglés ha dicho: «Si Franco no rompe la neutralidad le ayudaremos con créditos y materias primas». Si Franco quebranta su neutralidad, reconoceremos un gobierno de la República Española». ¿En dónde están los principios? ¿Cuándo la «moral imperialista» se ha manifestado con más cinismo? ¿Y qué calificativos habremos de dar a los políticos españoles que en Londres y en América, hacen cola pacientemente, y méritos, para llegar a ser un día el Negus español?

Camaradas: Los catalanes tenemos una amarga experiencia histórica. En el siglo XVIII Cataluña tomó partido entre dos bloques imperialistas en lucha. Se alió con Austria e Inglaterra contra Castilla y Francia, apoyó a un Austria contra un Borbón. La guerra fue larga. Austria e Inglaterra se entendieron con Francia, retiraron sus ejércitos de España y de Cataluña. Continuó la guerra y Cataluña combatiendo sola contra los ejércitos castellanos y franceses, sucumbió el 11 de Septiembre de 1714. ¡En el juego de las grandes potencias, Cataluña ganó el Decreto de Nueva Planta! En nuestros días, un grupo de catalanes separatistas que intervino en la primera guerra imperialista, al lado de Francia, murieron en ella. Acabada la guerra la bandera catalana fue llevada con todos los honores a los Inválidos de París. Al comenzar la discusión del Tratado de Versalles, aquel grupo de separatistas visitó a Clemenceau para cobrar’ la sangre vertida. Y Clemenecau, con su brutalidad característica, se los echó de encima gritando: «¡Tas d’histoires!» (¡Basta de cuentos!)

Ahora ha vuelto a comenzar la historia. ¿Cuántos millares de catalanes no habrán muerto en las compañías de trabajo llevadas a la tierra de nadie? ¿Cuántos millares de catalanes ante la incertidumbre y las dificultades de la emigración a América, prefirieron permanecer en Francia alucinados por las promesas y vaticinios de los Pi y Suñer? ¿Y cuántos millares de catalanes hemos de preguntarnos ahora cada día con angustia víctimas expiatorias, serán entregados al asesino Franco por las marionetas que están echando a perder «la tierra amiga de Francia»? No, camaradas. ¡Nuestra libertad no será jamás fruto de un juego de cancillerías imperialistas!

La línea revolucionaria

Nuestra libertad será fruto de la lucha revolucionaria del pueblo catalán, de los pueblos hispánicos, contra el enemigo común: el franquismo: de nuestra lucha llevada en íntima solidaridad con los pueblos y la clase obrera internacional, con la U.R.S.S. y la Internacional Comunista, contra la guerra imperialista, por la paz entre los nombres y los pueblos. ¡Cataluña será libre, social y nacionalmente, enarbolando la bandera del internacionalismo proletario!

El camino de la liberación de Cataluña no pasa por las cancillerías imperialistas. Pasa por Cataluña, por los campos dé concentración de Francia, por las tierras americanas que han recogido núcleos pequeños o grandes de combatientes catalanes y españoles. No es el camino cómodo del los diplomáticos de secano: es el camino de los luchadores. No es el camino de los pedigüeños: es el camino de los que, en Cataluña y fuera de Cataluña, no han dejado de ser combatientes.

Es preciso que organicemos esta lucha. Es preciso que forjemos con decisión los instrumentos con los cuales hemos de luchar y obtener la victoria. Estos instrumentos son: unidad de los pueblos hispánicos, unidad obrera, Frente Popular.

Hemos visto que, en la teoría leninista-stalinista sobre la cuestión nacional, el principio fundamental es el de la autodeterminación. Desarrollando este principio ha escrito el camarada Stalin:

«El derecho a la autodeterminación significa que solamente la nación misma tiene derecho de determinar su destino, que nadie tiene el derecho de intervenir por la violencia en la vida de la nación, de destruir sus escuelas y otras instituciones, de violar sus usos y sus costumbres, de reprimir su lengua, de restringir sus derechos. Ella sólo puede resolver su vida y seguir su propia voluntad. Tiene el derecho de resolver su vida sobre la base de la autonomía. Tiene derecho de entrar en relaciones fraternales con otras naciones. Tiene derecho a la completa separación. Las naciones son soberanas y todas las naciones son iguales». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; El marxismo y la cuestión nacional, 1913)

Pero el derecho a la separación no quiere decir que la misma tenga la obligación de separarse. El ejercicio del derecho a la autodeterminación debe tener en cuenta las condiciones objetivas de una situación dada y la absoluta legitimidad del derecho de la clase obrera a la dictadura del proletariado.

En el momento presente el problema que se nos plantea no es el de separar o no a Cataluña de España, sino el de crear las condiciones que aseguren a Cataluña de manera indudable el ejercicio pleno y libre del derecho a la autodeterminación, y el respeto absoluto a la expresión de su voluntad soberana.

La primera condición es liberarnos de Franco.

La segunda condición es instaurar un régimen, en sustitución del franquismo liquidado, que sea para Cataluña una garantía indiscutible.

¿Podemos plantearnos el problema de una Cataluña aislada en la península y en el mundo, librándose de Franco por su propio esfuerzo?, No.

¿Podemos plantearnos el problema de una Cataluña bastante fuerte para arrojar a Franco de su seno, sin que Franco dejase de ser el dictador de España? No.

¿Podemos plantearnos el problema de una monarquía restaurada que garantizara a Cataluña el derecho de la autodeterminación? La experiencia histórica nos dice que no.

¿Podemos plantearnos el problema de que en una Europa colonizada por Hitler o Mussolini, Cataluña recobraría su personalidad? Por absurdo, no.

¿Podemos plantearnos el problema de que una restauración de la República del 31 resolvería la cuestión? No. Hemos hecho ya la experiencia y no queremos repetirla. Bajo la República del 31, Cataluña no pudo ejercer el derecho a la autodeterminación. El Estatuto no fue la expresión de la voluntad de los catalanes sino del precario buen deseo de las Cortes Constituyentes Españolas.

¿Podemos plantearnos el problema de que Cataluña, por su solo esfuerzo, puede derrotar a Franco en Cataluña y en España e imponer a los pueblos hispánicos el régimen político que asegure sus derechos a la autodeterminación? No. Entonces, sólo un camino se abre ante Cataluña: ligarse estrechamente con todos los pueblos hispánicos para hundir a Franco y proclamar juntos, una República Popular, dirigida por la clase obrera. La experiencia histórica nos demuestra que las clases feudales aristocráticas no resuelven los problemas nacionales.

La experiencia histórica nos demuestra que una República dirigida por la burguesía, no resuelve los problemas nacionales. La experiencia de nuestra guerra nos demuestra que la burguesía del país agresor suprime las débiles concesiones hechas, en cuanto ven en ellas un peligro para sus intereses de clase. La experiencia de nuestra guerra nos demuestra que la burguesía catalana, la grande y mediana, con los líderes de los partidos nacionalistas pequeño burgueses, se pasan en masa al enemigo antes de admitir una Cataluña libre social y nacionalmente.

Únicamente la Unión Soviética ha resuelto de manera definitiva y satisfactoria los problemas nacionales. Los ha resuelto porque en la Unión Soviética, el poder está en manos de la clase obrera. De todas las clases que componen la actual sociedad capitalista, solamente la clase obrera no ha sido, no es, no puede ser imperialista, porque comprende y practica el internacionalismo proletario.

Por consiguiente, camaradas, para Cataluña el camino a seguir no ofrece dudas. Únicamente la República Popular de España, dirigida por la clase obrera, permitirá a Cataluña el libre y pleno ejercicio de su derecho a la autodeterminación. Únicamente la República Popular de España, dirigida por la clase obrera; permitirá a Cataluña el respeto estricto y absoluto a la expresión de su voluntad soberana.

Esta República Popular dirigida por la clase obrera, solamente podrá conquistarla Cataluña luchando en fraternal unión con los demás pueblos hispánicos.

Unidad obrera

La clase obrera es el factor decisivo en la lucha por la reconquista, de Cataluña y la proclamación de una República Popular dirigida por ella misma. Si la clase obrera no va a la lucha presentando un frente único al enemigo, no podrá realizar su alta misión histórica. Si la clase obrera, unida bajo la represión, no se mantiene unida una vez proclamada la República Popular, destrozará con sus propias manos la República y repetirá amargas experiencias ya vividas.

Unidad política, unidad sindical. Un Partido único del Proletariado. Una Central Sindical única. En Cataluña hemos realizado ya con éxito positivo la unidad política del proletariado. La creación del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC) ha sido el hecho más trascendental de la historia catalana. Pero en Cataluña no pudimos realizar la unidad sindical, crear la Central sindical única, íbamos por este camino, y con excelentes perspectivas, en el último período de la guerra.

Ahora, el proletariado catalán que ha dado al mundo el ejemplo fecundo y único de su firme unidad política, está obligado a completar esta tarea gloriosa de vanguardia haciendo la unidad sindical. Ni UGT ni CNT. Una Central Sindical única.

Pero para alcanzar el éxito en esta tarea, hemos de apartar resueltamente a aquellos que la hicieron imposible, y que ahora trabajan por sabotearla; los trotskistas y los provocadores de, la Federación Anarquista Ibérica (FAI).

Hemos de aprovechar, camaradas, la experiencia de la guerra para liquidar de una vez el anarquismo y el faismo en Cataluña y en España. Los faistas, dueños de la calle en el primer momento y por abandono total del poder por parte de Companys y de sus líderes de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), dueños de las fábricas y de la fuerza armada, pudieron ensayar a placer sus «teorías». No habréis olvidado sus resultados. De seguro que Cataluña no los olvidará nunca. Arruinaron la economía, saquearon a la pequeña burguesía, especularon indignamente con el terror, perdonando vidas o segándolas según factura, sabotearon la formación del Ejército Popular, abrieron los frentes a cada ofensiva enemiga, hicieron la guerra en la retaguardia y no en el frente, desmoralizando y convirtiendo en enemigos a amplias capas campesinas, se aprovecharon de la industria de guerra para servirse de ella y no servir a los combatientes de los frentes, organizaron con los bandidos trotskistas el putsch contrarrevolucionario de Mayo de 1937, sabotearon la unidad sindical e hicieron lo imposible por romper nuestra unidad política, sabotearon el Frente Popular y consiguieron esterilizarlo en la hora culminante, hicieron en Cataluña el ensayo general del «golpe» que más tarde habían de dar en la zona centro sur, recurriendo a todos los medios para provocar la crisis de la Generalidad en plena ofensiva enemiga, y acabaron su misión de agentes provocadores, de agentes de la reacción mundial y de avanzada de Falange en nuestras filas, organizando la traición de Casado-Miaja-Besteiro-Mera. En la emigración siguen su vida aventurera, y los que de entre ellos son «doctrinarios» hacen la apología de Falange, cantan himnos al patriotismo de José Antonio Primo de Rivera, comprueban la identidad «ideológica» entre la FAI y Falange, lamentan la fatalidad histórica que estorbó el deseado entendimiento entre la FAI y Falange, ya antes de la guerra.

Hemos de luchar, camaradas, sin misericordia contra estos aventureros del movimiento obrero, contra el retorno de estos aventureros a Cataluña.

La unidad obrera han de hacerla los obreros de la UGT y de la CNT Hemos de ayudar con todas nuestras fuerzas para que sea acelerada la unidad. ¿Qué sentido histórico podría tener el mantenimiento de las iniciales enemigas, la repetición de una guerra de iniciales? La división de la clase obrera solamente es útil a una pandilla de burócratas y a la burguesía. La división de la clase obrera, históricamente, es un residuo del feudalismo en el movimiento obrero. La división de la clase obrera es el mejor servicio que pueda hacerse al traidor Franco y a sus verdugos. La división de la clase obrera, aleja la victoria. La división de la clase obrera contribuyó en una gran manera a la pérdida de la guerra y nos haría perder la paz, una vez liquidados Franco y Compañía. La división de la clase obrera, sólo puede ser deseada por los reaccionarios socialdemócratas, por los aventureros faistas y trotskistas y por los partidos pequeño burgueses, por todos aquellos que se saben condenados a muerte ante un movimiento obrero sano, fuerte y unido. Los obreros de Cataluña, aleccionados por la experiencia y bajo la guía firme y segura del PSUC, realizan ya esta unidad en las fábricas, en los talleres, en los campos de concentración, en las cárceles, en los sindicatos de Falange. A la hora de la victoria, no volverán a las viejas iniciales. Se hallarán ya unidos fraternalmente- en una sola central sindical. ¡Ayudémoslos, compañeros!, sin recelos, ni vacilaciones, ni desfallecimientos, realizando también aquí la unidad entre los obreros que no han olvidado el deber de trabajar de cara a Cataluña y por el retorno a Cataluña.

Frente Popular

¿Cómo ha de ser el Frente Popular? ¿Con quiénes podemos y debemos hacer el Frente Popular en la nueva situación que nos plantea la política internacional y la reconquista de nuestro país? El Frente Popular de hoy no puede ser una copia del de ayer. El Frente Popular antiguo cumplió ya su misión histórica. Fue en todo aquel período precioso instrumento de lucha. Pero su repetición actual sería contraproducente, un error incomprensible. ¿Podemos hacer el Frente, Popular con la socialdemocracia española afortunadamente no hay socialdemocracia catalana aliada a la FAI en la conspiración preparatoria de la traición Casado-Miaja, Mera-Besteiro? ¿Con la socialdemocracia, agencia asalariada del imperialismo, vanguardia en la lucha contra la Union Soviética, que recogió del fango la bandera del anti-Komintern? Nuestra misión es:

«Desenmascarar ante las masas, el papel traidor de la socialdemocracia, levantar la indignación, el odio de las masas contra ella. Luchar implacablemente contra el socialdemocratismo, es una condición indispensable para el éxito de la lucha de los trabajadores contra la guerra imperialista y la reacción capitalista. Por eso, la liquidación del socialdemocratismo en las filas del movimiento obrero, es una tarea, no solamente de la vanguardia comunista, sino también de todos los militantes honrados del movimiento obrero, una tarea de toda la clase obrera». (Georgi Dimitrov; La guerra y la clase obrera de los países capitalistas, 1939)

¿Podemos hacer el Frente Popular con los líderes de los partidos nacionalistas pequeños burgueses? En primer lugar, habría que saber en dónde están los partidos nacionalistas pequeños-burgueses. Ya durante la guerra eran una» formaciones esqueléticas. Después de la guerra, han desaparecido. ¿No hemos visto ya cómo el señor Pi y Suñer da por liquidados a los partidos pequeños burgueses, abriendo paso a la selección de ilustres momias? ¿En dónde están? ¿qué trabajo realizan con vistas a Cataluña en la emigración: ¡Que no se me diga que se hace obra orgánica de partido yendo como perrillo faldero junto al señor Prieto!

El Frente Popular, camaradas, ha de corresponder a la etapa actual de Cataluña. La bandera nacional catalana ha pasado a manos del proletariado, a manos del PSUC. Al comenzar nuestra guerra acabó el período histórico de los partidos pequeño burgueses en la lucha por el recobramiento nacional y social de Cataluña, como acabó el partido de la burguesía grande y media el 13 de Septiembre de 1923. Los partidos pequeño burgueses lanzaron a la calle, y al lodo que pisaban la FAI y los trotskistas, la bandera nacional. Esta bandera fue recogida por el PSUC, por el proletariado catalán, y ahora sigue siendo suya, y con ella, muy alta, conquistará la victoria definitiva. Los partidos nacionalistas pequeño burgueses no comprendieron ni amaron la Cataluña que se va forjando ante sus ojos, entre sangre y lágrimas, y cuando comenzaron a comprenderla y a desesperar de volverla a su redil, la traicionaron. Los residuos de los partidos nacionalistas pequeño burgueses en la emigración, impotentes para detener la Cataluña nueva, la Cataluña de los catalanes que trabajan y luchan, se ponen en convivencia con los imperialistas y con las «derechas de mayor volumen» para ahogarla, cometiendo una segunda y más sucia traición. Hemos llegado compañeros a la tercera y definitiva etapa del movimiento nacional catalán. La primera fue de la gran burguesía. La segunda, fue de la pequeña burguesía, representada en la cumbre por Maciá y Companys. La tercera, es la del proletariado, es la nuestra, la etapa del PSUC. ¿Cómo podríamos dejarnos arrebatar la bandera?

¿Y Lluís Companys?, preguntaréis. Hablemos, pues. En el curso de la guerra, Lluís Companys fue el más digno de los suyos. Apoyado por nosotros únicamente, Lluís Companys venció los intrigantes de su partido y no podemos afirmar que fuera el jefe de los claudicadores, si bien no luchó como era debido contra los más peligrosos. Lluís Companys hizo grandes esfuerzos para comprender una Cataluña que se le escapaba de las manos, sin conseguirlo. Lluís Companys no llegó a ser nunca el presidente de una Cataluña en guerra. Cataluña el superaba día a día. En el primer periodo minimizarse dejando el campo libre a los faístas y trotsquistas. En el segundo período, no tuvo más que reacciones histéricas, ante los desatinos de los funcionarios provocadores de la Estado central y las intemperancias y abusos de poder de Negrín. En el curso de la última ofensiva enemiga no fue ni un Claris ni un Casanova, a pesar de haber estudiado su historia. Sin embargo, nosotros estuvimos a su lado, colaboramos con él y fuimos ayudarle, honradamente, pues era el mejor de los suyos. Pero el Lluís Companys de los últimos días de la guerra y de la emigración es toda otra cosa. . Para comprenderlo vale la pena que te lea un documento del partido, histórico, y que sean sacadas sus consecuencias. He el documento aquí:

«Honorable Presidente:

En la última reunión del Consejo tenida en Barcelona, ​​se acordó que de ser necesario el traslado del Gobierno a otra población catalana, y que se volvería a reunir para acordar y tomar colectivamente las medidas políticas y administrativas oportunas. El Consejo, sin embargo, no fue convocado más, con gran daño para Cataluña y para el prestigio de su Gobierno. Los Consejeros del PSUC se quedaron en Barcelona y salieron de ella la tarde del día 26 de enero a la vez que el ejército invasor llegaba a la plaza de Cataluña, aunque por orden de no sabemos aún quién, se les retiró de los Departamentos la guardia de Mossos d’Esquadra.

A Darnius y Agullana, los consejeros del PSUC tuvieron el honor de visitarle varias veces para pedirle una reunión del Consejo. En momentos en que había que actuar más orgánicamente que nunca en representación y en defensa de Cataluña, cuando aún existía la posibilidad de obtener o exigir medidas enérgicas de depuración política y militar, de reorganización de las fuerzas que no habían perdido la voluntad de lucha, de aprovechamiento de los elementos ofensivos acumulados en cantidad suficiente en Figueres, de restablecimiento de un orden civil y militar, medidas que habrían permitido la fijación y consolidación de un frente catalán, los consejeros del PSUC opinan que la reunión del Consejo no debía ser aplazada. La insistente petición nuestra no fue atendida. 

Perdida Cataluña, los consejeros del PSUC os visitamos en París varias veces para rogaros la sesión la convocatoria urgente del Consejo. Los consejeros del PSUC opinábamos que la guerra no había terminado, que las posibilidades de victoria no se habían agotado, que una política justa de resistencia, vigorizada por una implacable revisión de los órganos y métodos estatales, por la eliminación resuelta de claudicadores y de traidores, y teniendo en cuenta la inestabilidad de la situación internacional, transformaría la zona centro-sur en un frente inexpugnable, fortaleza gloriosa de donde saldría el ejército liberador de Cataluña. El Gobierno de Cataluña estaba obligado a intervenir, a opinar, a hacerse presente en la zona centro-sur, a ser patente, con el ejemplo, con su acción perseverante que Cataluña, traicionada, continuaba en las trincheras de la libertad. El Consejo, sin embargo, no fue convocado.

Al producirse la traición Miaja-Casado-Besteiro, los consejeros del PSUC tuvieran el honor de visitarle nuevamente para insistir en pedirle la convocatoria del Consejo. El Gobierno de Cataluña no podía desconocer que, como consecuencia de la monstruosa traición de la llamada Junta de Defensa de Madrid, más de 60.000 soldados catalanes caerían indefensos en manos de nuestros mortales enemigos, que la hora de la liberación de Cataluña alejaba, que los mejores combatientes de la República y, por tanto, los que más amaban y comprendían Cataluña, eran asesinados. El Gobierno de Cataluña estaba en el deber de condenar la traición y los traidores, de presentar, al menos, el ejemplo de una Cataluña reivindicada por su dolor, por su abnegación, por su alto heroísmo.

Los consejeros del PSUC entendíamos y entendemos que, además de las razones generales que exigían el funcionamiento regular del Consejo, el Gobierno de Cataluña debía tener una política de ayuda y de organización de los cientos de miles de catalanes exiliados; que había de ser el Gobierno de Cataluña el representante único de todos los catalanes ante Francia, ante los países dispuestos a acoger el exiliados, ante las organizaciones internacionales antifascistas que tanto nos han ayudado y nos ayudan aún; que el Gobierno de Cataluña había de continuar siendo un organismo vivo, única voz y hacia cualificado y legítimo de los catalanes honrados, resueltos a continuar la lucha hasta conseguir la liberación total de nuestra patria; que dar por disuelto o no existente el Gobierno de Cataluña, perdido el territorio, de hecho o de derecho, implicaba el reconocimiento de la legitimidad del dominio terrorista fascista encima Cataluña y, a la vez, la ruptura momentánea de la unidad catalana, sin la que la reconquista de nuestra patria es más difícil y más larga.

Aunque la situación hoy, no es la misma que teníamos en tierra catalana y antes de la traición Miaja-Casado-Besteiro, y la lucha por la liberación de Cataluña sea de características muy distintas, los consejeros del PSUC consideramos que el Gobierno de Cataluña ha de recobrar su fisonomía normal, que debe ponerse deprisa en el trabajo para ganar el tiempo perdido, a fin de organizar la ayuda a los catalanes exiliados y, esencialmente, la lucha por la reconquista de Cataluña. Y y os pedimos, Honorable Presidente, convocad el Consejo para que pueda entender y resolver sobre las siguientes cuestiones:

1.ª El Gobierno de la Generalidad de Cataluña es la única representación legal de Cataluña y continuará siéndolo, mientras el pueblo catalán, no esté libre de invasores y de traidores, y pueda manifestar democráticamente su voluntad.

2.ª El Gobierno de la Generalidad de Cataluña organizará y dirigirá la lucha contra los invasores y martirzadores de nuestra patria y persistirá mientras no haya recobrado totalmente el territorio.

3.ª El Gobierno de la Generalidad de Cataluña desarrollará una política metódica de ayuda y organización de los catalanes exiliados, con la perspectiva no lejana, sin embargo, de un regreso a la patria.

4.ª El Gobierno de la Generalidad de Cataluña organizará y dirigirá la batalla contra el terrorismo bestial que priva de la libertad o de la vida los mejores hijos de la patria.

5.ª El Gobierno de la Generalidad de Cataluña será el único defensor y guía de los catalanes en el extranjero.

6.ª El Gobierno de la Generalidad de Cataluña condena abierta y categóricamente la Junta de Defensa, junta de traidores, que rompió la voluntad de resistencia del pueblo español para entregarlo, esposado, a sus verdugos.

7.ª El Gobierno de la Generalidad de Cataluña afirma que para llevar a buen término la lucha por la reconquista de la República y de Cataluña, no hay que tener trato ni pacto con todos aquellos que individual o colectivamente han sido aliados, apoyo o adheridos a la Junta de traición de los Miaja, Casado, Besteiro, Carrillo, Mera, etc.

8.ª El Gobierno de la Generalidad de Cataluña declara que ayudará a los partidos y organizaciones que, previamente, hayan condenado la Junta de traición, en la tarea de reorganización del Frente Popular Catalán, confianza en la cual no ha perdido.

9.ª El Gobierno de la Generalidad de Cataluña entiende que ni él, como Gobierno, ni los partidos y organizaciones catalanas, como antifascistas, pueden iniciar relación o convivencia con los partidos o los hombres que aliarse y han colaborado con el traidor Franco, antes o después del 19 de julio.

10.ª El Gobierno de la Generalidad de Cataluña creará el aparato de lucha contra los invasores, en el territorio catalán.

11.ª El Gobierno de la Generalidad de Cataluña afirma su absoluta confianza en el próximo resurgimiento de una Cataluña libre y democrática y que, para conseguirla, no regateará esfuerzo ni sacrificio.

Los consejeros del PSUC no ignoramos, Honorable Presidente, su ferviente amor a Cataluña, su alto sentido de la responsabilidad histórica, sus sufrimientos por el dolor de la patria y su vehemente deseo de poner rápidamente fin. Por ello, los consejeros del PSUC confían en que, esta vez, desee convocar a Consejo, vencidos los hombres que se oponen a su voluntad, que han dedicado los pocos caudales de la Generalidad en afanes de proselitismo personal, que abusan del nombre de Cataluña para obtener del Gobierno Francés tratos especiales a favor de pequeños núcleos más o menos turiferarios, que desprecian su autoridad por ser demasiado digna y objetiva, que buscan ya contacto con los Cambó y compañía, traidores a Cataluña y a la clase por ellos representada, y que será, Honorable Presidente, bajo su guía que iremos adelante para la reconquista de nuestra patria, para la reconstrucción de una Cataluña libre, rica y plena.

Os saludamos muy cordialmente y quedamos a su disposición.

París, 1º. de mayo de 1939.

Para los Consejeros del PSUC

El Consejero de Economía.

JOAN COMORERA

Honorable Presidente de la Generalidad de Cataluña».

Este documento no fue contestado oficialmente. La contestación oficiosa fue clara: Lluís Companys rompió las relaciones con el partido. Por voluntad de Lluís Companys, el Gobierno de la Generalidad murió sin pena ni gloria abandonando a su suerte a los cientos de miles de catalanes exiliados, renunciando a la lucha por el recobro de Cataluña. Enseguida se abandonó a claudicadores y desertores y cubrió con su nombre la campaña de difamación que contra el PSUC, la Unión Soviética y la Internacional Comunista, defendieron los asalariados del imperialismo. Y, por último, Lluís Companys se entregó a Prieto el enemigo tradicional de Cataluña, el individuo siniestro que sabotea la expedición de los catalanes en Mallorca, que tiene sobre su conciencia la responsabilidad por la invasión primera de Cataluña, una de las mayores responsabilidades por la pérdida de Cataluña y de la república. ¿Qué podemos hacer con Companys sino olvidarlo? Es un hombre del pasado, y en la Cataluña de hoy no tiene nada que hacer. Ya lo dijo Prieto: «Somos cadáveres insepultos». ¡Pues a enterrarlos ya, de una vez y de prisa! Y sigamos nosotros adelante a realizar nuestra labor, sin mirar hacia atrás. Han desaparecido los líderes pequeño burgueses pero nos queda el pueblo. ¡Hagamos el Frente Popular con el pueblo, por la base! Un frente robusto, triunfante. Un Frente Popular con los millares y millares de catalanes que, en Francia y en América nos acompañan en la lucha contra la guerra imperialista, por la paz entre los pueblos, por la reconquista de una Cataluña social y nacionalista libre. Un Frente Popular como el que ya existe en Cataluña, bajo la guía firme del PSUC, entre los catalanes que todos los días dan la batalla a Franco, con estoico desprecio para su propia vida.

¡Valor y adelante, a realizar integramente la línea nacional del PSUC! Pero para realizar la línea nacional, para llevar a buen término la lucha por el recobramiento de Cataluña, necesitamos el instrumento esencial: el partido. Apliquémosnos estas sabias palabras del camarada Dimitrov:

«La paz puede y debe ser conquistada por la lucha de masas. La victoria, nos enseña Stalin, nunca llega por si misma; hay que conquistarla, y para conquistarla, ahora más que nunca, la clase obrera necesita partidos comunistas fuertes y combativos, partidos vinculados por mil ligazones con las masas, partidos armados con la teoría revolucionaria de vanguardia, partidos capaces de aprender de manera bolchevique a luchar por la victoria sobre la base de la experiencia del gran Partido de Lenin y Stalin. Partidos así, se van forjando y se irán forjando en duras luchas del proletariado y de los trabajadores contra el enemigo de clase, Solamente llevando al frente partidos así, lograrán la victoria los trabajadores». (Georgi Dimitrov; La guerra y la clase obrera de los países capitalistas, 1939)

Nosotros hemos de ser, uno de estos partidos, un partido bolchevique, monolítico. Estamos obligados a ello, porque de nosotros depende en parte que el martirio de Cataluña sea más breve o más largo. Estamos obligados a ello para demostrar que no se cometió error al otorgarnos el altísimo honor de ser la Sección Catalana de la Internacional Comunista. ¿Qué hemos de hacer, camaradas, para convertirnos en un verdadera partido bolchevique, en el verdadero partido, de la reconquista de Cataluña?

Primero: Mantener y fortalecer la más firmé y leal unidad con el glorioso Partido hermano, el Partido Comunista de España (PCE). Considerar como a contrarrevolucionarios y eliminar de nuestras filas, a todos aquellos que, de una manera deliberada, envenenen las relaciones entre ambos partidos, dificulten la necesaria unidad con intrigas o irresponsables charlatanerías.

Segundo: Luchar para depurar el partido de los residuos trotskistas que Pueda haber en él. Expulsar de nuestras filas, fulminantemente a los individuos trotskistas que hayan podido infiltrarse por falta de vigilancia.

Tercero: Luchar por curarnos de la herencia anarquista o anarco-sindicalista o nacionalista pequeño burguesa, herencia inevitable dada la tradición de lucha en Cataluña y la misma heterogeneidad de formación de nuestro partido.

Cuarto: Estudiar sistemáticamente los textos fundamentales del marxismo-leninismo, estudio metódico que todos necesitamos, pues, la tradición marxista en Cataluña comienza con nosotros mismos.

Quinto: Defender a la Unión Soviética contra todos sus enemigos, sean cuales sean los peligros, defender su justa política de paz. Estimarla como nuestra propia patria, por el camino del estudio de su vida interior, de gigantesca construcción socialista y su marcha acelerada hacia el comunismo, amando a su guía y guía de todos, el genial camarada Stalin.

Sexto: Tener plena confianza en nuestra gloriosa Internacional Comunista, aplicar con lealtad absoluta la línea general por ella elaborada.

Séptimo: No admitir bajo ningún pretexto desviaciones oportunistas en la aplicación de la línea internacional y nacional del partido, y aplicar medidas severas de sanción contra los reincidentes y de convicciones equivocas.

Octavo: Ejercer una rigurosa vigilancia en las filas del partido para descubrir a los elementos de discordia y división que pudiera haber en ellas. Considerar como un delito gravísimo contra Cataluña, contra la clase obrera, cualquier maniobra de discordia o de división.

Noveno: Aceptar plenamente la más rigurosa disciplina bolchevique, desde la dirección hasta el más moderno compañero de base. Comprender que sin esta disciplina bolchevique el partido se convertirá en cualquier vulgar partido socialdemócrata.

Décimo: Amar a la dirección y trabajar todos porque sea fuerte y prestigiosa, pues la critica ligera de la dirección, al debilitarla y desprestigiarla, debilita al partido. El respeto y comprensión de los actos y acuerdos de la dirección, el cumplimiento, estricto y alegre de las tareas encomendadas, han de ser normas inquebrantables para todos los compañeros. Esto es tanto más necesario cuanto que, en la situación actual del partido, la vida estatutaria normal no es posible. Paralelamente, esta situación aumenta de manera extremada la responsabilidad de la dirección y la obligación a un trabajo de superación bolchevique constante.

Undécimo: No dejarse ganar por las miserias de la emigración. No olvidar esa justa consigna del Comité Central dée Amberes. «El PSUC no es un partido de emigrantes». Nuestro pensamiento ha de estar impregnado de Cataluña, nuestro trabajo ha de ser con vistas a Cataluña nuestra obsesión saber qué hemos hecho cada día de nuestra vida de exilio por Cataluña.

Duodécimo: Levantar cada día más alta y con mano más firme, la bandera del internacionalismo proletario.

La tarea es pesada, camaradas, pero está a nuestro alcance realizarla integramente. Debemos tener confianza en la fuerza de nuestro partido. A pesar de su juventud, nuestro partido ha resistido victoriosamente las pruebas más duras que jamás haya sufrido ninguna organización política catalana. Ha resistido la prueba de la guerra. Ha resistido la prueba de la derrota y de los campos de concentración. Ha resistido la prueba de la dispersión. Y, en su conjunto, el partido se ha mantenido, unido, firme; sus militantes trabajan en los campos de concentración, en tierras americanas, ¡trabajan en Cataluña, camaradas! El partido ha marchado a buen paso por el camino de la bolchevización. El partido llegará a ser un auténtico partido bolchevique monolítico, el partido que libertará social y nacionalmente a Cataluña». (Joan Comorera; Contra la Guerra Imperialista y por la Liberación social y nacional de Cataluña, 1940)

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