miércoles, julio 8, 2020

Coronavirus: ¿un nuevo crimen del imperio?

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Darío Herchhoren.— Desde tiempo inmemorial los seres humanos convivimos con las enfermedades; que a veces se transformaron en grandes mortandades, asumiendo el carácter de epidemias, que se llevaban la vida de millones de personas.

Durante la edad media fueron frecuentes las llamadas «pestes», que la iglesia católica siempre tan apegada a la ciencia calificaba como castigos divinos. Parece que dios en su infinita bondad a veces se levantaba de mala leche, y entonces mandaba un mensaje de terror a los seres humanos para que recordaran su existencia. Las famosas pestes medievales se originaban en las malas condiciones de vida; y sobre todo en la ausencia de higiene sobre todo en las ciudades donde la población vivía hacinada en autéticas covachas mugrientas, que eran el mejor caldo de cultivo de enfermedades y epidemias.

La última de esas grandes mortandades fue la famosa «gripe española» de 1919, que se llevó la vida de millones de seres humanos en todo el mundo. Pero la cosa no terminó allí.

Enfermedades como la difteria y la viruela fueron las responsables de millones de muertes, hasta que aparecieron las vacunas, que acabaron con ellas.

Más cerca en el tiempo, fue la aparición de una enfermedad que hizo estragos sobre todo en Africa en el siglo XX, que fue el sida. Dicha enfermedad se asocia siempre o casi siempre con las malas condiciones de vida; y en Africa esas malas condiciones son moneda corriente.

Siempre se ha dicho en forma de rumor que el sida es una enfermedad cuya etiología hay que buscarla en algún laboratorio, donde se «fabricó» el virus que transmitía esa enfermedad. Tanto es así que la revista The Lancet, una publicación médica muy prestiugiosa admitió con ciertas reservas, que las grandes epidemias de sida en Africa había sido provocadas en forma intencional en los años 60 del pasado siglo, que llevó a una poda de la población nativa de varios millones de individuos.

Es curioso como esas enfermedades afectan siempre a poblaciones marginadas. No hay noticias fiables de que haya una epidemia de sida en Estados Unidos; si bien la enfermedad afectó a muchos norteamericanos.

Si analizamos el sida en su vertiente médica se habla de un «síndrome de inmunodeficiancia adquirida»; es decir que es algo que los afectados adquieren. ¿Y como lo adquieren? La respuesta siempre se asocia a prácticas de riesgo, como el uso compartido de jeringuillas, o al consumo de drogas prohibidas.

Es decir que se achaca a los propios infectados la responsabilidad de su infección por su mala conducta sanitaria. Parece que es una especie de expiación por su relativismo moral. Otro tanto ha pasado con el ébola, que ha sido ya controlado, pero que al igualque el sida produjo profusas muertes, aunque no tantas como el sida.

Y ahora llegamos al coronavirus, que es un tipo de neumonía que apareció en China, y que los medios de comunicación han inflado de una manera que llama la atención. Veamos: China tiene 1300 millones de habitantes, y han muerto por el coronavirus menos de 2000 seres humanos. La proporción de muertes e infectados por la enfermedad es mínima teniendo en cuenta la cantidad de habitantes de China.

Pero es que la epidemia coincide en el tiempo con la batalla que el imperio ha desatado contra Wahuei, el gigante chino de la telefonía movil que ha desarrollado la tecnología 5G, y que ha logrado ser la primera en el mundo, algo que el imperio no puede permitir.

En Barcelona, se había convocado para estos días una exposición mundial de telefonía adonde iban a concurrir las más importantes marcas de esa industria del mundo; y gracias a los informes de la OMS (Organización Mundial de la Salud), organismo de la ONU, donde los EEUU tienen derecho de veto, se exageró tanto la situación del coronavirus que finalmente se suspendió el evento y que produjo pérdidas millonarias para los organizadores de la exposición, y para la ciudad de Barcelona que esperaba ingresar sumas muy importantes por la afluencia de cientos de miles de personas.

Todo esto me hace sospechar, que en realidad el coronavirus es una enfermedad que forma parte de la guerra bacteriológica, así como lo es la guerra química; y donde el imperio muestra su verdadera falta de escrúpulos morales; y que está dispuesto a recurrir a cualquier medio con tal de no perder la hegemonía. Trump mediante.

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