Dos cosas de Einstein

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Ni aprenden ni aprendemos.

Ese zombi que es la Unión Europea sigue sin ayudar a los países que la integran. Hace quince días se dieron quince días. Ahora se vuelven a dar otros quince días. Quince más quince son treinta, un mes para tomar alguna decisión. Un mes más de muertos, de contagiados, de destrucción de lo público, de sanidad sin medios. Eso es el capitalismo. Esa es la «normalidad» a la que con tanto afán quieren volver. Lo mismo vale para EEUU, de quien nadie habla en estos momentos. Porque lo que se está demostrando es que los famosos «valores democráticos» y los famosos «derechos sociales» son un problema para ellos. Porque su único afán es el dinero.

Pero en los dos lugares hay un denominador común: la histeria antichina, ahora desviándose hacia la histeria anti Organización Mundial de la Salud, a la que se acusa de «proteger a China», de «sesgo chino» y, por lo tanto, se amenaza con retirar los fondos (esto desde EEUU, no desde Europa, por ahora).

Que Occidente se ha regodeado con el coronavirus cuando afectó a China es una obviedad. Si tenéis mala memoria, solo tenéis que molestaros en pinchar en lo que he venido escribiendo desde que se conoció la pandemia. Porque lo que veían era el declive de China como potencia global. Y, regodeándose en ello, dejaron pasar el tiempo mientras hablaban de dictadura, autoritarismo, costumbres, valores, etc. Pero China controló la epidemia y revirtió la situación. Y en Occidente se pasó de la risa al llanto y al miedo. Y como no hay forma de ocultar el miedo, se recurre a la arrogancia.

O a las arrogancias, porque hay más de una: racial, cultural e ideológica. Esta es la más importante, pero se encubre con las otras dos.

El neoliberalismo occidental está muerto, eso no hay nadie que lo arregle. Ni siquiera los nigromantes, si es que existen. No se puede dar vida a un muerto y si lo hiciesen sería peor que Frankestein. Seguir insistiendo en la economía, como están haciendo la UE y EEUU, es alargar la agonía de mucha gente. Porque eso es darwinismo social. Quienes dicen creer en cualquier dios abstracto tienen uno muy visible en el dinero.

A medida que pasan los días me convenzo más que la pandemia del COVID-19 es la pantalla más grande del capitalismo para su crisis estructural y su sistema. Y me convenzo más de la miopía de la pretendida «izquierda» y de su incapacidad para enfrentarse al capitalismo en los últimos 30 años. Unos, los más -aunque los menos izquierda-, creyendo que era posible «gobernar» el proceso de globalización (véase Syriza como caso máximo); otros, los menos -aunque los más izquierda-, insistiendo en que esa deriva suponía fomentar nuevos desequilibrios e injusticias sociales. Ganaron los primeros y, por lo tanto, son co-rresponsables de lo que está pasando.

El coronavirus ha puesto de relieve la devastadora recesión social provocada por los mecanismos elegidos por los gobiernos, incluidos los que tienen fuerzas cada vez menos «progres». Pero cada vez estoy más convencido que la crisis habría llegado de todos modos y revelado la insostenibilidad del mecanismo de producción capitalista.

Einstein dijo dos cosas que habría que tener en cuenta: la primera, que no podemos resolver problemas utilizando los mismos métodos que los crearon; la segunda, que las crisis son la mayor bendición para las personas y las naciones, porque las crisis traen progreso y la creatividad surge de la angustia a medida que el día surge de la noche oscura.

No es posible restaurar el funcionamiento de un sistema productivo esclavizado como está ahora, sujeto a la especulación financiera y al chantaje de la deuda. Pensar así, y es lo que percibo en la pretendida «izquierda» europea, sea el caso de Italia o el Estado español, por ejemplo -los dos países europeos más afectados por la crisis del coronavirus- no solo es engañarse a sí misma, sino a nosotros porque significará poner un parche para otra crisis aún más devastadora. Es lo que ocurrió en 2008 cuando ante la implosión financiera y económica se continuó como si nada. Y de esos polvos vienen estos lodos.

Mientras tanto y como os dije ayer y hoy amplío, allá en el Lejano Oriente…

El Lince

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