¿Qué hay más claro que el agua?

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La respuesta es muy fácil: Alemania. Alemania manda en el zombi europeo. Alemania decide qué se hace, a quién se da dinero, en qué condiciones y para qué.

Hace un tiempo comencé a hablar de que no hay una UE, sino tres: la Europa nórdica o alemana, la Mediterrénea y la de Visegrado. Pero solo una es real: la nórdica o alemana. Y en ella, quien manda, decide, ordena y mata cuando hay que matar es Alemania.

El martes el Tribunal Supremo de Alemania ha vuelto a dejarlo muy claro: es él quien decide qué es legal y qué no. Porque en una sentencia que hizo público ese día se leía la cartilla al Banco Central Europeo por la compra masiva de bonos del 2015 con la que salvó a los Estados (recordad eso de «haremos lo que haga falta para salvar al euro») de otra crisis como la de 2008. Según el mismísimo Tratado de Maastrich (1992), refrendado en Lisboa (2007) con modificaciones para, supuestamente, «mejorar el funcionamiento de las instituciones europeas y reforzar las políticas comunes» son las instancias europeas las que priman sobre las nacionales. Pues no, Alemania lo ha dejado claro una vez más.

El TS alemán se permite el lujo de pedir «aclaraciones inmediatas» al BCE sobre su política monetaria en unos momentos en los que todavía -¡todavía, y van ya 61 días desde que la pandemia del coronavirus está demostrando que Europa es un desastre!- no se ha tomado ni una sola medida, ni una, para combatir ni sanitaria ni económicamente la misma. Y dice, por si quedaban dudas, que si no le satisface la respuesta el Banco Central de Alemania no participará en los programas del BCE.

Me juego una caña, con pincho, a que el BCE va a responder dando satisfacción a lo que quiere Alemania porque donde manda patrón no manda marinero.

¿Qué hay detrás? Pues ni más ni menos que la constatación de que el «dinero alemán» no tiene que ir a los países más débiles si estos no «ajustan» sus instrumentos fiscales. Es decir, si no aumentan sus políticas destructoras de lo público y «ajustan» sus presupuestos para hacerlos, aún más, más austeros. Id comenzando a acuñar esta consigna: !Viva el mal, viva el capital! (recogida con cariño del corrosivo programa infantil (?) «La Bola de Cristal»).

En la práctica, lo que ha hecho el TS alemán es dar un ultimátum al zombi europeo: o juegas como yo digo o se acaba la historia. Alemania ya se negó a los coronabonos, impuso el Mecanismo Europeo de Solidaridad (que son préstamos que hay que devolver) y ahora lo refuerza con este claro chantaje demostrando que es el único y verdadero poder «comunitario».

Porque al rapapolvo al BCE hay que añadir el que le da al Tribunal de Justicia de la UE, que había avalado la postura del BCE. Y se supone que el TJUE es la máxima autoridad judicial de la UE. Pues no, ni mucho menos.

El TS alemán acaba de anular la jerarquía de poderes, tanto judicial como económico, en los que supuestamente se basa la UE. Se supone, y es un suponer, que esa es la esencia de Maastricht y Lisboa. ¿Esencia, qué esencia? ¿Cómo se dice eso en alemán? ¿Alguna duda de que la UE es un zombi? Es decir, se ha puesto en negro sobre blanco que los tratados europeos se subordinan permanentemente al interés alemán. Y todo lo que haga daño a los intereses alemanes, a la guillotina.

Pero hay más: Dragi dijo en 2015, al poner en marcha las medidas que ahora se carga el TS alemán, que «el euro es irreversible». Pues no, tampoco. Porque su viabilidad acaba de ser condicionada y limitada por Alemania. Solo es «irreversible» si le sirve a Alemania, si no, no.

¿Solidaridad? Es una palabra muerta en Europa. ¿Sorprendente? Para nada. Solo los ilusos y paniaguados de siempre, «y ahora los «progres» -y patética la intervención de Unidas Podemos (unidas hacia, en, por y para sí y el sistema) de ayer en el Congreso en el debate sobre alargar el Estado de alarma- pueden seguir creyendo en la quimera europea. Porque Alemania acaba de demostrar que es el único país que no está subordinado a las normas de la UE sino que, por el contrario, las determina.

La Europa Mediterránea ya se ha tragado la derrota, pero ahora se profundiza como nunca: o reconocen al amo, a la ama, o no habrá nada más para ella. La subcultura, porque ni siquiera es cultura, de los «progres» -que se imaginan que tienen algo de poder porque están en el gobierno en España, Italia o Portugal- ya no se sostiene más, no ya lo de «otra Europa es posible» sino lo de que «sí, es imperfecta y debe ser cambiada» que es ahora su nuevo discurso más moderno.

No, queda claro que es imposible. Excepto Alemania, nada ni nadie cuenta en Europa. Gobierne quien gobierne y gane quien gane unas elecciones en cualquier país.

Así que una vez más: la única forma de vivir con una cierta dignidad (además de con soberanía) es fuera de la UE, dentro solo hay muerte. Pero ahora muerte se pronuncia claramente en alemán: tod.

El Lince

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