Y se ha hecho mayor

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Que el siglo XXI ya está pivotando sobre Eurasia no solo es una realidad. Nació en 2008, cuando la otra gran crisis capitalista, y ahora se ha hecho mayor. Si hay alguien que haya estudiado historia entre quienes leéis esto, apuntad que este mes de mayo ha comenzado «el siglo asiático» de forma irreversible.

Occidente sigue sumido en el caos más absoluto por la pandemia del coronavirus, con EEUU no sabiendo cómo reaccionar más que con las habituales amenazas fuera y sin nada dentro, y con la UE mostrando su máscara muerta porque 76 días después de que se extendiese la pandemia no ha tomado ninguna decisión pese a todas las tonterías que se han ido apuntado y con las grietas entre las tres UE, o cuatro si contamos al frente franco-alemán, ensanchándose cada vez más.

Mientras tanto, allá en el lejano Oriente, las cosas van por otro lado y sin mirar solo a China. Así que mientras espero a lo que salga del Congreso Nacional del Pueblo, la gran reunión anual parlamentaria de China, os apunto algunas cosas de allá que tendrían, por lo menos, que haceros pensar que eso de la hegemonía occidental es un cuento de hadas.

No solo China, sino Vietnam, Corea del Sur, Singapur o Taiwan mismamente llevan ya mucho tiempo rehaciéndose de la pandemia, social y económicamente. Si hay que hacer caso a los datos, la recuperación económica asiática es consistente, tanto como su éxito al combatir la pandemia. Los datos frente a Occidente son abrumadores, y no los veréis en ningún medio de propaganda habitual de esos que se llenan la boca con las chorradas habituales: por no abrumaros diré solo que la tasa de mortalidad del COVID-19 en estos países que tomo como referencia es menos de una centésima parte de las de España, Italia, Gran Bretaña o Francia y que en el caso de EEUU es casi de una milésima parte. En este país, y a día de hoy, son ya 1’6 millones los contagiados y 95.000 los muertos.

El desastre está ahí, es visible y si se quiere, cuantificable. Se pueden poner datos uno tras otro, como las caminatas de la oruga procesionaria, y no terminaría nunca.

No solo es el éxito de unos sistemas muy diferentes a los nuestros, culturales sobre todo, sino también en cómo precisamente por lo anterior el continente asiático trabaja en la prevención de enfermedades mientras que Occidente se centra en curar (a mayor gloria de las farmecéuticas ¡viva el mal, viva el capital!). No hay que perder de vista cómo en Asia tene un importante papel, reconocido oficialmente en China, la medicina tradicional.

Pero no quiero hablaros de eso sino de Eurasia como eje del siglo XXI. Desde 2008, y a iniciativa de China y de Rusia (por este orden), el continente asiático ha dado una vuelta a su sistema económico y ahora actúa como un bloque económico muy cohesionado, tanto o más que la moribunda UE por hablar de algo cercano: en solo 12 años ya el 60% de todo el comercio de los países asiáticos es entre ellos, un porcentaje algo superior al de la UE, por ejemplo. Y la UE lleva ya funcionando 60 años y 20 desde sus ampliaciones.

Ni qué decir que China es el gran motor y que sus iniciativas como la Nueva Ruta de la Seda han dado impulso y puesto los cimientos para ello. Por eso es importante el Congreso Nacional del Pueblo, porque lo que salga de ahí, especialmente en nuevas tecnologías e inteligencia artificial, va a ser determinante. Porque, además, en unos momentos en los que la agresión estadounidense va a ir a más, China tiene que replantearse muchas cosas (como los tratados comerciales) y ahí entra de nuevo Eurasia y cómo se va a canalizar eso en la Nueva Ruta de la Seda.

Hay que añadir que tanto el Congreso Nacional del Pueblo (Parlamento) como la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino (órgano de consulta) son en gran parte ceremoniales y lo que hacen es ratificar el trabajo realizado por las comisiones permanentes que trabajan todo el año, por lo que no es probable que haya variaciones a lo que ya se conoce (aunque siempre hay alguna sorpresa), como que no se establece un porcentaje de crecimiento (aunque se estima que puede ser del 3%, superior al 1’2% que pronosticaba el FMI en su «informe de primavera») y que, en cualquier caso seguiría estando muy por encima de Occidente, este sí sumido en una profunda recesión como también reconoce el FMI en ese informe.

Lo interesante, para mí al menos, es cómo quedará el Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social en el que se marcarán los objetivos para «una sociedad socialista moderadamente próspera» y que tendría que ser (utilizo el condicional porque esto es lo que no tengo claro) un plan quinquenal en una situación normal, pero ahora no lo es. Y lo digo porque en 2008, cuando la otra crisis -que no tiene nada que ver con esta- China puso en marcha un plan masivo de inversión pública de casi 600.000 millones de euros con el objetivo de que no afectase ni al empleo ni a la sociedad en general.

El Lince

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