Las cosas claras

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Llega un momento en que el hartazgo llega a tal nivel que hay que dar un puñetazo encima de la mesa, o un zapatazo en la ONU como hizo Juschov en 1960. También el momento es ahora. Dos movimientos diferentes, pero complementarios, en un mismo momento. Los dos movimientos han sido hechos por China, con la digitalización del yuan, y ahora por Rusia con otro anuncio espectacular: «Rusia se reserva el derecho a usar su arma nuclear en respuesta a un ataque nuclear u otra arma de destrucción masiva, llevada a cabo en su contra y/o sus aliados, así como en caso de un asalto masivo con armas convencionales que ponga en peligro la existencia misma del Estado».

La hegemonía occidental está herida de muerte, especialmente la de EEUU. Por eso es más peligrosa que nunca y por eso hay que parar, de una vez por todas, cualquier atisbo de locura final. Es lo que acaba de hacer Rusia, dejando las cosas claras, bien claras.

Si os fijáis, y el subrayado es mío, Rusia no habla solo de sí misma, sino de sus aliados. No se definen, pero está claro cuáles son y, en primer lugar, China. Lo que ha publicado ahora son los «Fundamentos de la política nuclear de Rusia» y en unos momentos en los que EEUU anda tonteando con la militarización del espacio, se está retirando de todos los controles de armas que había firmado con la URSS y que mantenía vigentes con Rusia y cosas así.

Esto se ha publicado el 2 de junio, así que ha ido casi en paralelo con el anuncio chino de la digitalización del yuan. Dos movimientos que se complementan y que se hacen en el mismo momento, cuando EEUU está mostrando su cara más cruda y su debilidad más manifiesta. Por eso, como pasa con los animales heridos, es más peligroso y por eso hay que dar el puñetazo encima de la mesa. Algo así como decir: si sigues por ahí buscando follón te vas a encontrar con algo mucho más gordo.

Es un aviso, también, para los vasallos europeos de EEUU, que están acogiendo cada vez en mayor medida armas estadounidenses (Polonia es el ejemplo más claro). Y es una medida que, al mismo tiempo, aleja un poco más cualquier peligro de guerra porque el aviso es contundente.

Que Rusia haya dado este paso ahora, cuando EEUU, a pesar de la rusofobia (porque se ha acusado a Rusia de estar detrás de la revuelta, como ha hecho Condoleezza Rice, quien fuese Secretaria de Estado con Bush) se pretende invitar a Rusia a una «refundación del G-7 para convertirlo en un G-11 (los países supuestamente más industrializados) con la finalidad de aislar a China, es sintomático de hasta dónde están llegando las cosas. La idea es de Trump y lo que quiere es que a sus vasallos europeos y Japón se sumen Australia, Corea del Sur e India (junto a Rusia).

Eso pone de manifiesto varias cosas: la primera, que la relación de Rusia con EEUU no va a mejorar ni a corto ni a medio plazo mientras EEUU no cambie y Rusia avisa de hasta dónde puede llegar; la segunda, que Rusia no va a aceptar la «invitación»; la tercera, que China puede estar segura de que la alianza estratégica entre los dos países es muy fuerte porque si hoy hay en el mundo un aliado clave para Rusia, ese es China.

No se sabe cuántas cabezas nucleares puede tener China, aunque EEUU habla de 300. Es decir, que se situaría al mismo nivel que Israel o Francia, por ejemplo. Es probable que China, a medida que aumente la agresión de EEUU, aumente su arsenal si es que no es mayor. Pero lo que es seguro es que con el anuncio que acaba de hacer Rusia, tiene un respaldo asegurado.

La capacidad occidental para dominar la política internacional desaparece muy rápidamente. Incluida la cuestión armamentística, donde la calidad del armamento ruso y chino supera, y con mucho, al occidental. Por eso solo las armas nucleares son el punto de equilibrio. Y por eso Rusia anuncia que se acabó y que si hay que llegar ahí, llegará.

Ya nada es como hace unos pocos años y todo comenzó en 2008, cuando la otra gran crisis capitalista a la que ahora el COVID-19 deja pequeña. Ya entonces quedó claro que el G-7 es incapaz de manejar el mundo, aunque Rusia no fue expulsada del mismo hasta 2014.

Plantear ahora la vuelta de Rusia al G-7 es intentar volver al pasado, pero el pasado ya no existe. Hay otro mundo y la pandemia está acelerando la transferencia del poder político internacional hacia Eurasia. Y sin China, ahora nada es posible. Y si Rusia regresara ahora al G-7 significará que está renunciando a la posición de poder muncial que ha alcanzado en estos seis años gracias, entre otras cosas, a su alianza con China.

Así que no, no lo hará. Y, al mismo tiempo, con el anuncio de respuesta nuclear deja bien clarito de qué lado está. Mientras EEUU presiona por un lado (con la OTAN), intenta extender la mano por otro. Rusia no está por la labor y el zapatazo que caba de dar lo vuelve a dejar muy claro: quiere ser un jugador clave en el nuevo mundo multipolar, sin renunciar a nada (y mucho menos, a las armas nucleares).

El Lince

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