martes, agosto 11, 2020
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La clase obrera francesa enfrenta la mayor ola despidos en las peores condiciones imaginables

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La peor recesión de la historia de Francia supondrá una gigantesca ola de despidos, que el gobierno no podrá evitar aunque inyecte decenas de miles de millones de euros cada mes, dice la agencia Reuters.

Cuando impuso la cuarentena en marzo Macron anunció que “ninguna empresa” quedaría “en riesgo de quiebra”. Pero ahora el gobierno se prepara para lo contrario. “Habrá quiebras y despidos en los próximos meses”, advirtió el Ministro de Economía Bruno Le Maire la semana pasada ante los micrófonos de Europa 1.

Entre el 1 de marzo y el 17 de mayo, sólo se iniciaron 53 planes de protección del empleo o planes sociales -obligatorios en empresas de al menos 50 trabajadores, a partir de 10 despidos-, para 2.853 despidos. El número de personas inscritas en las oficinas de desempleo aumentó más de un 7 por ciento en marzo.

Durante la cuarentena la economía francesa ha estado aletargada por el dinero público. El gobierno ha puesto la respiración asistida a más de un millón de empresas con un plan de emergencia de 110.000 millones de euros. Los salarios de los trabajadores despedidos los ha pagado el Estado.

De esa manera ha evitado una ola masiva de despidos, pero lo peor está por llegar. Uno de cada tres trabajadores del sector privado va a perder su trabajo.

“Todos los indicadores muestran una caída muy brusca de la producción, un flujo de caja muy afectado y repercusiones en el empleo. Temo que los despidos masivos sean inevitables”, dice Raymond Soubie, presidente de la consultora de recursos humanos Alixio y antiguo consejero social de Sarkozy en el Palacio del Elíseo. “Habrá despidos, eso es seguro. Pero hoy en día, no podemos saber su alcance”, confirma François Asselin, presidente de una patronal.

El verdadero golpe podría llegar en las próximas semanas, tras la progresiva reducción del trabajo a tiempo parcial en los sectores cuya actividad ha podido reiniciarse. “La fase más difícil está por delante de nosotros porque tendremos que dejar de trabajar a corto plazo. El Estado seguirá aplicando el plan pero sin mantener el nivel actual de ayuda. Por lo tanto, la conmoción será muy fuerte para las empresas y los empleados”, dice Soubie. Poco a poco, los capitalistas tendrán que pagar los salarios y gastos de la empresa sin volver a recuperar un nivel de actividad normal.

“En esta fase de recuperación, las empresas podrían enfrentarse a verdaderas crisis de liquidez”, advierte Héctor Arroyo, socio de reestructuración de Baker McKenzie.

Durante la crisis de 2008 los planes de reestructuración se prolongaron durante casi dieciocho meses. Hubo 1.052 en 2008 y 2.241 en 2009. Esta vez la hecatombe llegará a principios de septiembre. Marcas como André, Naf Naf y Alinéa ya están en suspensión de pagos. Renault se reunirá el jueves con los sindicatos. “En cuanto a las empresas que han conseguido mantener el listón gracias a las ayudas estatales, están esperando al menos hasta el comienzo del nuevo curso escolar antes de tomar la decisión de despedir o no. Quieren ver si su actividad se reanudará suficientemente y para cuándo”, dice Deborah David, socia del despacho de abogados De Gaulle Fleurance.

Algunas empresas se están reorganizando para evitar costosos procedimientos de despido, reducir los salarios al mínimo y aumentar las jornadas de trabajo. Los capitalistas confían en la docilidad de los sindicatos para sacar adelante la reestructuración. “El diálogo económico será clave en los esfuerzos que se hagan para mantener el empleo y será fundamental conocer las intenciones de los empresarios”, según Marylise Léon, responsable del sindicato CFDT.

La actitud de los sindicatos durante la cuarentena ha sido clave para frenar las movilizaciones por las pensiones y los chalecos amarillos. Los reformistas han sido el mejor apoyo para un cierre de tres meses que el capital ha aprovechado para enfrentar la crisis en las mejores condiciones imaginables.

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