jueves, septiembre 24, 2020
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Los estragos sanitarios del confinamiento (es peor el remedio que la enfermedad)

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La histeria y el confinamiento han causado estragos entre los pacientes de otro tipo de enfermedades, al margen del omnipresente coronavirus. La atención casi exclusiva hacia la pandemia, una ficción, ha colapsado la sanidad, las enfermedades reales.

Se han paralizado intervenciones quirúrgicas urgentes. En España “el 60 por ciento de los pacientes en lista de espera en grandes hospitales rechaza operarse por el miedo al virus”, titula El País (1).

En una situación así, es extraño que las cifras de mortalidad no se hayan disparado.

Tras dos meses y medio de confinamiento en casa “algunos tratamientos [contra el cáncer] se retrasaron. Esto creó mucha ansiedad”, ha explicado el doctor Albert Kahn, presidente de la Liga francesa contra el Cáncer a la cadena RTL (2).

Hay 30.000 ó 33.000 personas que tienen cáncer y no lo saben, según Albert Kahn porque “no se atrevieron a consultar”. El retraso puede llevar a una “pérdida de oportunidades” de detección y tratamiento precoz.

“No creo que hayamos perdido mucha suerte en la curación de estos pacientes. Pero hoy en día, sólo se ha detectado la mitad del número de cánceres que se esperaba detectar durante esos dos meses”.

El virus ha matado “al cambiar el comportamiento, especialmente al aumentar el consumo de tabaco”, dijo Kahn.

“Ha habido graves depresiones y descompensaciones de enfermedades psiquiátricas”, añade el médico.

El miedo al contagio ha llevado a los españoles a no acudir a los centros sanitarios todo lo que debieran, y los médicos de Familia e internistas ya hablan de un “rebrote” de enfermedades desatendidas.

Lorenzo Armenteros, de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia, apunta a que el “rebrote” ya se está produciendo: “Estamos viendo que se incrementan consultas orientadas por la demora en atender a consultas presenciales estos meses” (3).

Armenteros afirma que “había pacientes que te decían que estaban bien durante el confinamiento, en las consultas telefónicas, para no contarte otras cosas y no tener que ir al centro. Cuando estábamos con un gran número de casos de coronavirus la presencia en los centros de Salud era mínima. Desde Atención Primaria, cuando veíamos algo complejo y teníamos que derivar al paciente al hospital se creaba un verdadero estado de tensión, porque los pacientes tenían mucho miedo de ir y contagiarse”.

Las patologías crónicas han resultado muy perjudicadas por “la trasgresión dietética y la falta de ejercicio. Estamos pagando ahora el efecto en la salud de la inactividad física”.

Jesús Díez Manglano, de la Sociedad Española de Medicina Interna, confirma el efecto rebote de las enfermedades reales. “En la pandemia de coronavirus no se han visto apenas personas con ictus, infartos de miocardio, crisis de EPOC… La gente se ha aguantado en casa y ahora estamos viendo una avalancha de pacientes con enfermedades crónicas agravadas”, afirma.

El cierre de los hospitales de día ha hecho que muchos enfermos no hayan recibido esa atención tan estrecha que necesitan: “Estos enfermos vuelven ahora en unas condiciones peores”.

“En personas sanas o poco enfermas, el confinamiento ha influido desde un punto de vista psicológico. La gente ha tenido nerviosismo, ansiedad, trastorno de somatización… En algunos casos, por poca movilidad hemos visto trombosis o flebitis”, añade el internista.

Naturalmente, los principales damnificados son los ancianos. “Ha habido un problema muy grande que es la soledad. Hemos querido proteger a nuestra población anciana aislándoles, pero proteger es acompañar y cuidar. Estamos viendo enfermos ancianos que han ingresado con cuadros de deshidratación. Si un paciente anciano está acompañado, sigue mejor las recomendaciones para proteger su salud. Cuidar es acompañar no solo dar la medicación”.

“Un anciano aislado en residencia o en casa, tiene mayor probabilidad de que se descuide a la hora de tomar la medicación. Estar solo con el confinamiento ha influido en que no se haya hecho la misma cumplimentación de los tratamientos”, explica Manglano.

“Se ha comido mal y peor, no se ha hecho ejercicio y se ha bebido más. Se ha incrementado el consumo de bebidas alcohólicas de manera importante”, apunta Armenteros. También se han producido más casos de patología osteomuscular: “El hecho de no poder salir de casa, no moverse… Mucha gente ha ido de la cama, al sofá. La movilidad dentro de una casa es mínima”.

Otro de los efectos del confinamiento ha sido la “minimización de los síntomas por parte de los pacientes. Por miedo a contagiarse de coronavirus, los pacientes han dejado pasar por alto dolores que pueden ser síntoma de una patología grave. Ha habido infartos que hemos detectado tras dos días del paciente aguantando el dolor”, explica Armenteros.

“El miedo ha paralizado a la gente y cualquier dolor, aunque fuera muy grave lo minimizaban. Dolores isquémicos e infartos los hemos detectado con retraso por el miedo del paciente a ir al centro de Salud. No sabemos si esto ha tenido como consecuencia algún fallecimiento. Esta minimización de síntomas la hemos detectado en patología tumoral también”, añade.

“Nos encontramos estados predepresivos. Hay gente que vive en autoconfinamiento todavía, porque tiene miedo a salir a la calle, a que la gente incumpla las normas, vayan sin mascarilla… Hay un sector importante de la población para el que el confinamiento fue absoluto. La fobia social todavía sigue”.

(1) https://elpais.com/sociedad/2020-06-01/hasta-el-60-de-los-pacientes-en-espera-en-grandes-hospitales-rechaza-operarse.html
(2) https://www.rtl.fr/actu/bien-etre/confinement-30-000-a-33-000-personnes-n-ont-pas-vu-leur-cancer-detecte-selon-le-medecin-axel-kahn-7800562326
(3) https://www.redaccionmedica.com/secciones/sanidad-hoy/la-sanidad-espanola-encara-un-segundo-rebrote-patologias-no-atendidas-4004

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