En el capitalismo no hay derecho a la salud

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En octubre de 2011 Boi Ruiz i Garcia, entonces Conseller de Salut de la Generalitat de Catalunya, declaró: “no hay un derecho a la salud, porque ésta depende del código genético que tenga la persona, de sus antecedentes familiares y de sus hábitos, que es lo que sería el ecosistema de la persona”, en definitiva que “la salud depende de uno mismo, no del Estado”. Afirmaciones que no sólo carecen del más mínimo rigor científico sino que son frontalmente contrarias a las innumerables investigaciones e informes que sustentan el cuerpo teórico y metodológico de la Medicina Social, el Higienismo o la Salud Pública.

Al Sr. Boi Ruiz, doctor en medicina y cirugía por la Universitat de Barcelona, seguramente no le hablaron, como tampoco a la inmensa mayoría de las/os estudiantes de medicina, del Rudolf Virchow que, además de mirar la enfermedad al microscopio como patólogo, sentó las bases de la Medicina Social con su célebre frase: “La medicina es una ciencia social y la política no es más que medicina en gran escala” y participaba de las mismas luchas obreras que dieron su origen a la publicación del Manifiesto Comunista. Sin embargo, no era la ignorancia lo que motivó aquella expresión de una trasnochada visión biomédica e individualista de la salud. Echando mano de conceptos sólo aparentemente científicos, pero que huelen a naftalina, venía a justificar la infrafinanciación y desmantelamiento de los sistemas sanitarios públicos. Obviamente, si la salud depende exclusivamente de la genética y los hábitos del individuo, excluyendo la influencia del entorno socio-económico y ambiental, ¿para qué “desperdiciar” parte del producto social en un sistema sanitario de calidad para todos/as, pudiendo ser mejor empleado en la acumulación de capital en manos de las oligarquías? Todos y todas sabemos que los pobres se mueren más porque son más viciosos y están peor hechos. Esa opinión estaba generalizada en amplias capas de la población, como si las privatizaciones y los recortes nunca hubieran existido y casi nos habían convencido vendiendo, junto con la propaganda de los medios y las opiniones de los “todologos”, que eso era lo razonable, lo sostenible, lo muy democrático y lo que permitiría mantener la “sanidad pública”. Una burbuja perfecta que estalló con un virus.

La crisis sanitaria del covid-19 ha puesto de manifiesto con carácter generalizado que el derecho a la salud no existe en el capitalismo. No es sino una declaración formal y hueca que nos sirve de engañifa, como todos los derechos en el capitalismo formales y teóricos, pero que a la hora de su ejercicio te das de bruces con sus limitaciones. Parafraseando a Rosa Luxemburgo pero a cuenta de la sanidad pública, si no la necesitas no escuchas el ruido de sus deficiencias ni notas los recortes. Eso es así habitualmente, el sufrimiento es a pequeña escala y no lo notas si no te toca. Pero con una pandemia es imposible ocultar que se ha sacrificado a las personas por falta de medios. Es imposible ocultar salvo que se sea o muy necio o muy cínico o muy fascista, que una sanidad mermada por décadas de recortes ha supuesto un número insoportable de muertes evitables. Sacrificios humanos que son asesinatos alevosos y premeditados.

El colapso sanitario es la causa de más de la mitad de los fallecimientos por Covid-19 en España. Cerca del 89% de las personas que han fallecido a causa de dicho colapso corresponde a personas mayores de 74 años, es decir, cerca de 24.000 personas y no es extraño puesto que ante la falta de medios y de recursos en la sanidad pública la opción fue la de contener y evitar “picos”, como lo denominaron, para que no hubiera colapso. Hacer “triaje” y dejar morir a las personas sin ningún tipo de atención para que el sistema no colapsara… Es un lenguaje engañoso pues el colapso no es producto del virus sino de la falta de medios. Y la falta de medios tiene que ver con años de recortes y con la baja dotación presupuestaria. Tiene que ver con hacer de la sanidad pública un negocio y no un servicio público para la mayoría social. Tiene que ver con una bajísima ratio de inversión sanitaria por número de habitantes y con la desviación de los fondos públicos para la sanidad privada a través de mecanismos de conciertos y “colaboraciones” que se reguló en la Ley 15/1997 y en el artículo 90 de la LGS. Este engranaje ideado por los monopolios para apropiarse de todo lo público de lo que sacar beneficios es letal para el pueblo trabajador. A pequeña escala o en masa, como con la covid-19, siempre será excluido y sacrificado cuando sea preciso.

Y hay una colaboración necesaria de esta planificada situación, los consejos de administración de las empresas que se sientan en las poltronas políticas. Los que gestionaron la privatización- la siguen gestionando de lo poco que queda- y los que gestionan el darwinismo social para que no colapse el sistema. Estos testaferros tomaron decisiones políticas para salvar al sistema capitalista a costa del asesinato de las capas populares. Decisiones que implicaron el retorno a la actividad sin las suficientes garantías y medidas de salud y seguridad o decisiones que implicaron la exclusión de las personas vulnerables o ancianas de la atención hospitalaria y trasladaron al personal sanitario la obligación de adoptar esos criterios para retrasar el colapso del sistema. Está documentada la orden de no atender a personas de geriátricos y hay documentos audiovisuales de personal de alta dirección hospitalaria que expresan con total brutalidad los objetivos de sus actuaciones: «es posible que en las próximas semanas a un paciente de mayor edad se le deniegue el ingreso hospitalario porque necesitemos la cama para otro paciente que se beneficie más de ello» o «vamos a denegar la cama a los pacientes que más riesgo de morir tienen, pero necesitamos reservarla para los que más años de vida podemos salvar». Ahí se refleja la magnitud de la planificación y alevosía con la que se sacrificaron vidas para ocultar que años de privatizaciones habían dejado un sistema sanitario con tan pocos medios que colapsaría sin ningún género de dudas.

Ya sabemos lo que nos ofrece y depara el capitalismo. En el mejor de los casos lo máximo que nos ofrecerán será un sistema de beneficencia (que ya no merecerá denominarse “sanitario”) para las crecientes capas empobrecidas de la clase obrera y pueblo trabajador y que sólo tengan acceso a la sanidad los sectores que puedan pagar un seguro privado, en la línea ya marcada por el Banco Mundial en su informe “Invertir en Salud” (1993), fielmente seguida por las instituciones y países de toda la UE o, en el peor, llegado un momento de crisis sanitaria el descarte humano y la muerte de las personas más débiles o vulnerables. En cualquiera de estas propuestas para la mayoría social, para trabajadores y trabajadoras significa exclusión, desprotección, abandono y…muerte prematura. Hay otro camino. El camino de la lucha y la organización en los que aunar fuerzas bajo un programa de mínimos:

  • Por una sanidad y unos servicios sociosanitarios exclusivamente públicos, tanto en la financiación como en la titularidad y la gestión, universales, integrales, sin copagos y que, basados en criterios científicos y ajenos al ánimo de lucro, tengan como objeto la protección, promoción y restauración de la salud individual y colectiva así como la prestación profesional de los cuidados de ancianas/os y dependientes.

  • No a los conciertos sanitarios: prestación sanitaria exclusivamente mediante medios propios, en centros de titularidad y gestión públicas. Derogación del Art. 90 de la Ley 14/1986 General de Sanidad.

  • Fuera las empresas que parasitan la sanidad: todas las actividades actualmente externalizadas en hospitales, centros de salud o cualquier otro tipo de instalación sanitaria del SNS (limpieza, mantenimiento, cocina, lavandería, laboratorios, ambulancias,…) serán reintegradas a la gestión pública directa y sus trabajadoras/es considerados como personal sanitario dependiente del sistema público.

  • Rescate, sin pago de lucro cesante, e integración en la red pública del SNS de aquellos centros sanitarios privatizados que sean considerados necesarios para la atención a la salud de la población, y rescisión de los contratos en vigor con aquéllos que no resulten necesarios. Derogación de la Ley 15/97 “de nuevas formas de gestión del SNS”.

  • Incremento de las plantillas sanitarias y reorganización de la atención, abriendo los turnos necesarios para optimizar y utilizar al 100% las instalaciones sanitarias públicas.

  • Formación médica y del resto del personal sanitario, en todos sus niveles, íntegramente en instituciones docentes y sanitarias de titularidad y gestión públicas.

  • Incompatibilidad estricta para todo el personal sanitario del SNS con cualquier trabajo o relación mercantil con la sanidad privada.

  • Planificación bajo control obrero y popular a través de Consejos de Salud, de los recursos y funcionamiento del SNS, a todos los niveles territoriales y en todos los centros sanitarios, en función exclusiva de objetivos de salud definidos a partir del estado de salud de la población.

  • Atención integral a la mujer y a su salud reproductiva, incluyendo el ejercicio del derecho al aborto libre, gratuito y en condiciones sanitariamente seguras dentro del SNS.

  • Inclusión de la salud laboral, junto con la gestión de las incapacidades laborales y de los accidentes de trabajo, en el ámbito de las competencias del SNS, que contará con la participación decisiva de las/os trabajadoras/es.

  • Industria farmacéutica de titularidad y gestión públicas para fabricar los medicamentos de mayor uso así como para desarrollar nuevos fármacos y productos sanitarios, tanto mediante investigación propia como en colaboración con las Universidades Públicas y Organismos Públicos de Investigación.

  • Financiación completa por el sistema público de salud y para toda la población de los medicamentos registrados en el SNS, y dispensación directa a los pacientes bajo control de personal de farmacia en los centros sanitarios públicos.

Hoy andamos ese camino. Seguirán más días en esta batalla contra un sistema que nos quiere pobres, sumisas, esclavos, precarias y carne humana para la trituradora de sus beneficios.

Sin capitalismo para no morir. Con socialismo para vivir. #TuLuchaDecide.

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