Una pandemia de autor tiene nombre propio y el de la actual es Anthony Fauci

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Por muchas razones, Anthony Fauci muestra en su persona las características esenciales sin las cuales no se entienden ni la ciencia, ni tampoco las seudociencias, ni las ideologías, ni las supersticiones de la posmodernidad.

Fauci es el asesor científico por antonomasia de la Casa Blanca, un cargo científico que ocupa desde hace 36 años, por lo que no es un partido u otro. Es la ciencia misma institucionalizada y convertida en un poder político por encima de cualquier resultado electoral.

Es el tercer funcionario mejor pagado de toda la burocracia federal. Su salario es unos 400.000 dólares al año. Gana más que el vicepresidente de Estados Unidos o el ministro de justicia (29).

Llegó al cargo con el Sida, otra de esas pandemias que jalonan la posmodernidad que descubrió una disciplina hasta entonces marginal: la inmunología. Fauci es inmunólogo.

Es un autor prolífico de artículos científicos. El motor de búsqueda PubMed recoge casi 300 publicaciones en las que ha participado en las dos últimas décadas, aunque dudamos que realmente los haya escrito. Se los han escrito para que él los firme, lo cual es un toque de distinción para los autores verdaderos, una plataforma de ascenso en el escalafón.

Fauci dirige el NIAID (Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas), otra de las típicas organizaciones burocráticas de Estados Unidos que aúnan lo público a lo privado sin solución de continuidad.

El NIAID dispone de gigantescos recursos presupuestarios: 4.900 millones de dólares en 2017. Tiene una unidad dedicada a la guerra biológica porque en el mundo actual es imposible separar la salud de la guerra. Es imposible decir si el dinero va destinado a curar o a matar.

Casi todos se oponen a que el dinero se destine a los ejércitos, pero ¿quién ha protestado alguna vez por los gigantescos capitales destinados al Sida o al coronavirus? Nadie levanta la voz porque se supone que es un dinero gastado para curar enfermos.

El dinero derrochado por Fauci en la pandemia de Sida jamás superaría una auditoría ni un control de calidad. Desde hace 35 años numerosas empresas han recibido dinero para trabajar en una vacuna destinada al “virus del Sida” que no existe. Ha ocurrido en todos los países del mundo, pero solo en Estados Unidos Fauci ha repartido más de 500.000 millones de dólares.

La administración del dinero le da a Fauci un enorme poder en el mundillo de la investigación médica y científica. Tiene muchos “fieles”, incluso grandes laboratorios a su disposición.

En una reunión celebrada en 2017, el NIAID simuló una pandemia. El mundo tendría una “explosión sorpresa” dentro de “los próximos años”, lo cual es una contradicción: algo que se ensaya previamente no puede sorprender.

En abril volvió a sacar su bola de cristal: “En otoño tendremos otra vez el coronavirus. Estoy seguro de que lo tendremos”, pronosticó Fauci. Pero si en 2003 la epidemia de Sars-Cov1 desapareció completamente, ¿por qué insisten ahora con rebrotes futuros?

Desde el comienzo de la pandemia, Fauci dijo que el coronavirus era incurable. Antes del 22 de mayo, cuando The Lancet publicó el artículo fraudulento de sobre la hidroxicloroquina, Fauci declaró que el uso de dicha sustancia no se había estudiado en relación con el coronavirus, lo cual era mentira. En un estudio publicado en 2005 en la revista Virology Journal aseguró que la cloroquina es un potente inhibidor de la infección por el coronavirus del Sars y de su propagación (1). El Sars es el Sars-CoV1. El Covid-19 también se llama Sars-CoV2 y tiene un genoma que en un 80 por ciento es idéntico al del Sars-CoV1.

15 años antes la cloroquina había sido aprobada por los CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades) de Estados Unidos. Trump se manifestó a su favor  y el 29 de marzo se autorizó la cloroquina en Estados Unidos para 19 pacientes de coronavirus en determinadas condiciones.

Fauci sabía todo eso, mintió y siguió mintiendo después, tras la publicación de The Lancet. “Ahora las pruebas científicas son realmente muy claras sobre la falta de eficacia de esa sustancia” (2), dijo entonces. ¿Se le escapó a Fauci que el artículo se basaba en datos falsos?

Si la cloroquina estaba aprobada, ¿por qué Fauci no recomendó tratar a los enfermos con ella? Porque en plena histeria introducir un remedio no sujeto a ninguna patente cerraría el mercado a las futuras pócimas de la industria farmacéutica: primero el remdesivir de Gilead y algún día la ansiada vacuna.

Desde un cargo público y en nombre de la ciencia, Fauci dirige una red de grandes empresas farmacéuticas y médicas con intereses repartidos por todo el mundo. Necesitan pandemias como ésta, más enfermedades y más enfermos.

(1) https://virologyj.biomedcentral.com/articles/10.1186/1743-422X-2-69

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