¿Por qué debe implementarse la especialización de los revolucionarios?

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«Hacen falta hombres para actividades de todo género, y cuanto mayor sea el rigor con que se especialicen los revolucionarios en diversas funciones de la acción revolucionaria, cuanto mayor sea el rigor con que ideen métodos clandestinos y medidas de protección de su labor, cuanto mayor sea la abnegación con que se sumerjan en un trabajo modesto, anónimo y parcial, tanto más asegurada estará toda la obra y tanto más difícil les será a los gendarmes y espías descubrir a los revolucionarios. (…) Las diversas funciones de la labor revolucionaria son infinitamente variadas: hacen falta agitadores legales que sepan hablar entre los obreros de tal manera que sea imposible procesarlos por ello, que sepan decir sólo a, dejando que otros digan b y c. Hacen falta distribuidores de publicaciones y octavillas. Hacen falta organizadores de círculos y grupos obreros. Hacen falta corresponsales en todas las fábricas y empresas, que informen de cuanto, ocurra. Hacen falta hombres que vigilen a los espías y provocadores. Hacen falta organizadores de domicilios clandestinos. Hacen falta enlaces para la entrega de publicaciones, para la transmisión de encargos y para establecer contactos de todo tipo. Hacen falta recaudadores de fondos. Hacen falta agentes entre los intelectuales y funcionarios públicos que estén relacionados con los obreros, con la vida de las fábricas, con la administración –con la policía, la inspección fabril, etc.–. Hacen falta hombres para enlazar con distintas ciudades de Rusia y de otros países. Hacen falta hombres para organizar procedimientos diversos de reproducción mecánica de publicaciones de toda clase. Hacen falta hombres para guardar publicaciones y otras cosas, etc., etc. Cuanto más fraccionada y pequeña sea la función que asuma una persona o un grupo, tanto mayores serán las probabilidades de que pueda organizarla de una manera bien meditada y garantizarla al máximo contra el fracaso, de examinar todos los pormenores de la clandestinidad, empleando todos los medios imaginables para burlar la vigilancia de los gendarmes y desorientarlos; tanto más seguro será el éxito de la obra; tanto más difícil les resultará a la policía y a los gendarmes vigilar a un revolucionario y descubrir sus vínculos con la -organización; tanto más fácil será para el partido revolucionario sustituir con otros, sin daño para la causa, a los agentes y miembros caídos. Sabemos que esta especialización es una cosa muy difícil; difícil, porque requiere del hombre la mayor firmeza y la mayor abnegación, porque requiere consagrar todas las energías a un trabajo anónimo, monótono, desligado de los camaradas y que subordina toda la vida del revolucionario a una reglamentación seca y rigurosa. Pero sólo en estas condiciones lograron los adalides de la práctica revolucionaria en Rusia ejecutar las empresas más grandiosas. (…) Al proponer semejante esquema de actividad a nuestros nuevos camaradas, exponemos unos preceptos a los que nos ha llevado una larga experiencia, profundamente convencidos de que este sistema garantiza al máximo el éxito de la labor revolucionaria». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Las tareas de los socialdemócratas rusos, 1897)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

«La falta de especialización es uno de los mayores defectos de nuestra técnica, que B-v deplora con tanta amargura y tanta razón. Cuanto más menudas sean las distintas «operaciones» de la labor general, tantas más personas capaces de llevarlas a cabo podrán encontrarse –y, en la mayoría de los casos, totalmente incapaces de ser revolucionarios profesionales–, y tanto más difícil será que la policía «cace» a todos esos «militantes que desempeñan funciones fragmentarias», tanto más difícil será que pueda montar con el delito insignificante de un individuo un «asunto» que compense los gastos del Estado en el mantenimiento de la policía política. Y en lo que respecta al número de personas dispuestas a prestarnos su concurso, hemos señalado ya en el capítulo precedente el cambio gigantesco que se ha operado en este aspecto durante los cinco años últimos. Pero, por otra parte, para agrupar en un todo único esas pequeñas fracciones, para no fragmentar junto con las funciones del movimiento el propio movimiento y para infundir al ejecutor de las funciones menudas la fe en la necesidad y la importancia de su trabajo, sin la cual nunca trabajará, para todo esto hace falta precisamente una fuerte organización de revolucionarios probados. Con una organización así, la fe en la fuerza del partido se hará tanto más firme y tanto más extensa cuanto más clandestina sea esta organización; y en la guerra, como es sabido, lo más importante es no sólo infundir confianza en sus fuerzas al ejército propio, sino hacer que crean en ello el enemigo y todos lo elementos neutrales; una neutralidad amistosa puede, a veces, decidir la contienda. Con semejante organización, erigida sobre una firme base teórica, y disponiendo de un órgano de prensa socialdemócrata, no habrá que temer que el movimiento sea desviado de su camino por los numerosos elementos «extraños» que se hayan adherido a él (…). En una palabra, la especialización presupone necesariamente la centralización y, a su vez, la exige en forma absoluta». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; ¿Qué hacer?, 1902)

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