Otro codazo al gran entrometido

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Otro fin de semana casi histórico, otra piedra más en el camino hacia un nuevo orden multilpolar donde Occidente se repliega (a la fuerza), otra muestra más de cómo el mundo gira hacia donde sale el sol: el este.

Desde ayer y hasta el domingo se están reuniendo en Vietnam catorce países que van a dar origen a lo que será el acuerdo de comercio más grande del mundo, con países que engloban el 31% de la población mundial, que representan casi la misma proporción del PIB mundial y un poco menos de ese porcentaje del comercio mundial. Estoy hablando de la Asociación Económica Integral Regional de la que no habéis oído hablar (¡ah, esos maravillosos y simpáticos medios de propaganda occidentales!) y que está compuesta por Indonesia, Malasia, Filipinas, Singapur, Tailandia, Brunei, Vietnam, Laos, Birmania, Campoya, China, Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda.

El único país asiático que se queda fuera es India (además de Corea del Norte) y lo hace tras la deriva hacia EEUU en esa luna de miel entre Modi y Trump iniciada hace un par de años. No obstante, si Trump deja la presidencia es basante probable que India reconsidere su posición para no quedarse fuera de tan lucrativo mercado. Sobre todo porque lo que propugna este nuevo acuerdo económico es la eliminación de las barreras arancelarias y no arancelarias entre los países integrantes y eso, por sí solo, ya se estima que aumentará el PIB de todos los países en un mínimo del 2% anual. Es un acuerdo en el que todos los países asiáticos ganan (y en el que Occidente pierde).

El gran impulsor del acuerdo y el gran beneficiario es China. Porque pese a la presencia de vasallos tradicionales de EEUU como Japón, Corea del sur, Australia y Nueva Zelanda, son los chinos quienes, en la práctica, han redactado las reglas del acuerdo y del comercio en la zona. China venía persiguiendo este acuerdo desde 2012 insistiendo en que no tendrá un comportamiento dominador sino cooperador. De hecho, con toda probabilidad será Vietnam quien presida esta nueva asociación.

China poco a poco ha ido ganando para su causa a todos los países asiáticos, pero ha sido el coronavirus lo que ha decantado finalmente la balanza y ha decidido a todos estos países a dar el paso final. Porque el coronavirus ha dejado desnudo a Occidente, ha puesto de relieve su fragilidad y vulnerabilidad y ha mostrado la fortaleza económica y política de China. El dato que se acaba de conocer relativo a que los países de la Asociación de Estados del Sudeste Asiático (ASEAN, que son todos los que están incluidos en la nueva Asociación Económica Integral Regional) se hayan convertido en el primer socio comercial de China en este año de la pandemia, superando a una cada vez más moribunda Unión Europea, ha sido el factor determinante.

Es otro codazo al “gran entrometido”, como se califica normalmente a EEUU en Asia-Pacífico, aunque es obvio que no todo es un camino de rosas. Aún quedan cuestiones pendientes de resolver como las disputas entre China-Filipinas-Vietnam por el Mar Meridional de China y que también se van a abordar en la cumbre de este fin de semana junto a otros temas como cooperación en infraestructura digital o promover la aplicación de 5G.

Aquí se ve otra cuestión: los países asiáticos, sin excepción, han sabido combatir mucho mejor la pandemia que los occidentales y han salido de ella no solo más rápidamente, sino con mayor fortaleza. Y que optan de forma abierta por la cooperación entre ellos haciendo secundario otro tipo de alianzas. Porque se empieza por la cuestión económica y se termina en otro tipo de alianzas.

Está claro que EEUU, con o sin Trump, no va a variar su política anti-china y que el “gran entrometido” va a seguir enredando (impulsando la fenecida Asociación Transpacífica que se cargó Trump), pero será difícil que revierta la situación. Porque con este acuerdo, China y Japón firman su primer gran pacto comercial y será la piedra de toque para una mayor confianza mutua. Y es una muestra evidente del enfado de Japón con la actitud de EEUU de retirarse de la Asociación Transpacífica que, por mucho que insistiese Biden en revitalizarla, llegaría ya tarde y en peores condiciones que el nuevo AEIR.

El Lince

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