Rottweiler, pitbull, ovejas

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Que Francia es la vanguardia de la resistencia en Europa no es una sorpresa. Como no lo es la docilidad del resto de países, especialmente en el Estado canalla (más conocido como España), a todo lo que dicen los gobiernos y, especialmente, cuando lo que hay es lo “más progresista de la historia” (sic).

Francia está a la vanguardia en resistencia sindical, en resistencia civil (los “chalecos amarillos”) y en resistencia contra el matonismo policial. Este fin de semana Francia ha vuelto a la calle y uno siente sana envidia, otra vez. Envidia por la decisión, envidia por la movilización, envidia por la resistencia, envidia porque no se dejan doblegar sin lucha. Al contrario que en la mayoría de Europa, en Francia hay resistencia a ser ovejas.

La penúltima movilización ha sido contra la brutalidad policial. Otra vez. Policías que saltan ojos, que arrancan manos y que acumulan muertos. Ahí está la historia de “los chalecos amarillos” para demostrarlo. Incluso la ONU se vio obligada a denunciar el comportamiento policial. Sin resultado.

La paliza de cuatro policías a un ciudadano ha sido el detonante. Y no hubiese pasado nada si una ciudadana valiente no hubiese grabado la paliza. Habríamos oído lo de siempre: “resistencia a la autoridad”, “agresión” y fábulas semejantes. No en vano este ciudadano pasó dos días en una celda acusado de “intentar arrebatar el arma a los agentes”. Supongo que os suena con lo del policía municipal de Barcelona disparando a un indigente porque, supuestamente, llevaba un cuchillo y los amenazaba. Y los jueces, esos del supuesto “poder independiente”, habrían dado crédito a la versión policial y el ciudadano, apaleado, vapuleado y vilipendiado, habría terminado, además, en la cárcel. Pero gracias a esa ciudadana valiente que lo grabó se ha desatado el escándalo.

La movilizacion del fin de semana iba contra la pretensión del gobierno “democrático” francés de impedir imágenes como esas. Lo mismo que ha hecho el Estado canalla (más conocido como España) con la conocida como “ley mordaza” que “el gobierno más progresista de la historia” (sic) se comprometió a derogar y que sigue vigente y avalada por el Tribunal Constitucional.

En Francia no son, todavía, ovejas. Porque la reacción popular ha obligado a que los políticos se tienten la ropa. Un poco, al menos. Porque aunque ha habido golpes de pecho de casi todos por la paliza y se ha separado a los cuatro policías que la dieron ¿cuántos policías presenciaron impasibles la paliza? Según el vídeo hay al menos tres coches policiales. Ni uno solo de los policías que no la dieron (y en el vídeo se ven al menos 7 policías) abrió la boca para parar los golpes. Es como si el pitbull protegiese al rottweiler. No es una historia de policías degenerados, es una historia estructural. Es lo mismo en todas partes. Como es el mismo en todas partes el comportamiento de políticos y jueces que avalan y amparan. También es una historia estructural. Los macronistas ya han dicho que aunque están dispuestos a revisar la ley, “hay que acabar con el desorden ambiental” (sic). Fijaos en el lenguaje de esta gente.

Jean Ferrat (murió en 2010) lo explicó muy bien hace años con “El ruido de las botas”, del que con solo una estrofa os podéis hacer una idea del total. Habla de la lucha antifranquista y del golpe militar en Chile haciendo una comparación con Francia:

“El ruido de las botas está por todas partes,
el orden caqui está por todas partes.
En España te engarrotan,
estás destripado en Chile.
Ya no debes decir que en Francia
puedes dormir en el refugio,
también hay aquí un potencial Pinochet
trabajando en kepi”.

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Donde tampoco están dispuestos a ser ovejas sin pelear es en la India. El jueves pasado hubo una huelga general contra la política gubernamental de nuevas leyes laborales que reemplazan las leyes de protección de los trabajadores. Dichas normas permiten a empleadores y gobiernos aumentar la carga de trabajo, dificultar la obtención de salarios justos, despedir fácilmente a los trabajadores, reducir la cobertura del seguro médico y dificultan la formación de sindicatos. Ello junto a una mayor flexibilización en la regulación de las leyes relacionadas con la seguridad y la salud en los lugares de trabajo y el sector agrícola, así como privatizaciones del sector público. Es lo mismo en todas partes. Lo que no es igual es la resistencia de los pueblos.

El Lince

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