¡Ataques contra los productores de la riqueza y privilegios para quienes legislan contra el pueblo!

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El régimen uribista y la burguesía, en contubernio con los jefes de las centrales, preparan un nuevo golpe contra la clase obrera.

En medio de la farsa de negociación del salario mínimo para el 2021 el antiobrero Ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, dijo que era “adecuada por el momento” la propuesta de reducir el salario mínimo en un 20% para los primeros empleos y la reducción del pago de parafiscales por parte de los capitalistas, respaldando la carta firmada por representantes de la burguesía y enviada al régimen para ser tenida en cuenta, donde además “proponen” pagar de forma completa la salud y la ARL, no pagar los aportes a pensiones o hacerlo en función de las horas trabajadas, no pagar aportes a cajas de compensación familiar y rebajar la indemnización por despido a 2 días por mes.

Los capitalistas y su vocero Carrasquilla, atacan a la clase obrera con este tipo de medidas, mientras el sueldo de los congresistas es de $32.741.095, entre el básico, la prima de servicios especiales y los gastos de representación (pago de vivienda y transporte para los representantes que no son de Bogotá). Además, tienen derecho a dos tiquetes aéreos semanales (ida y vuelta), se les paga materiales, mantenimiento de sus oficinas, pago de sus Unidades de Trabajo Legislativo (UTL), que son quienes en realidad trabajan por ellos e incluyen hasta 10 empleados que suman máximo 50 millones de pesos mensuales. Otros privilegios con que cuentan estos parásitos son su esquema de seguridad (escolta y carro blindado) y un seguro de vida que para los 107 senadores representó entre julio 2019 y diciembre 2020 un gasto del bolsillo del pueblo por $1245 millones.

¡Ataques contra los productores de la riqueza y privilegios para quienes legislan contra el pueblo! ¡Esa es la política del Estado burgués terrateniente!

Mientras tanto, el desempleo crece de forma desbordada; incluso la mentirosa cifra del Dane indica que para octubre fue del 14,7%, mientras que para ese mismo mes en el 2019 era del 9,8%. En el 2020 las mujeres fueron las más afectadas por este flagelo del capitalismo, pues mientras la población ocupada de hombres cayó un 2,7% entre octubre de 2019 y octubre de 2020, la de mujeres lo hizo en un 12,4%.

Los capitalistas y su Estado, toman estas cifras para negar un incremento real del salario mínimo, aduciendo que al hacerlo se eleva directamente la cifra de desempleo. Falsedad total, pues la crisis del capitalismo se debe a la sobreproducción de mercancías causada por la anarquía de la producción con que funciona el sistema y conduce a que la mayoría de la sociedad trabajadora no tenga acceso a lo que ella misma produjo; es decir, a la miseria agravada por los despidos masivos. Por lo tanto, un alza general de salarios considerable, redundaría en una elevación de la capacidad de consumo general, lo que dinamizaría efectivamente la economía. El efecto directo no sería un incremento en los precios de las mercancías, sino que los capitalistas dejarían de ganar lo que antes estaban ganando. ¡Esa es la razón por la cual la burguesía se opone a un alza general de salarios!

A los golpes anunciados, en la farsa de la negociación del salario mínimo del 2021, la burguesía financiera, comercial, industrial y agraria proponen un aumento nominal del 2%, que representa $17.556 para pasar a $895.359, más $104.911 de subsidio de transporte, lo que da un total de $1.000.270; mientras los jefes vendeobreros de las centrales sindicales solicitaron un incremento del 13,9%, lo que significa un aumento nominal de $122.197, para llegar a un salario básico de 1 millón de pesos, más el auxilio de transporte de $120.000. Por el momento, el régimen uribista no ha hecho su propuesta, pero desde ya se puede afirmar que no suple las necesidades materiales de las familias obreras.

Esas propuestas, confirman que la tendencia general en el capitalismo es a reducir los salarios. Confirman que los jefes de las centrales sindicales, portadores y ejecutores de la política reformista de conciliación y concertación entre clases sociales, son la bota izquierda del capital con la que éste oprime a los trabajadores, pues su “indignación” no pasa de pararse de la mesa para que el gobierno de turno fije el salario mínimo por decreto, cumpliendo así su papel en la farsa.

Por eso jamás llamarán al Paro General Indefinido para presionar mediante la huelga un aumento real del salario que se ajuste a los gastos que tiene una familia obrera para poder obtener “los artículos de primera necesidad exigidos para producir, desarrollar, mantener y perpetuar la fuerza de trabajo”, al decir de Carlos Marx.

Esto último, sólo es posible conquistarlo mediante la confrontación directa entre el proletariado y la burguesía, las clases sociales que hoy protagonizan la contradicción principal en la sociedad. Conquistar un alza general de salarios depende de que la clase obrera sea superior en la correlación de fuerzas en esa lucha y eso está directamente relacionado con el grado de unidad y organización independiente que logre y de que su lucha esté guiada por una política revolucionaria que no admita la conciliación entre las clases sociales antagónicas.

Por lo tanto, además de un sindicalismo revolucionario que se proponga reestructurar el movimiento sindical para aislar la costra vendeobrera y oportunista que lo dirige, es indispensable la construcción del Partido político del proletariado, que guíe a las masas en la lucha para conquistar mejores condiciones materiales –alza general de salarios, salud, educación, vivienda…- para que éstas adquieran experiencia y a la vez puedan librar de mejor forma la lucha contra el poder político y económico de los explotadores, para destruir mediante la violencia revolucionaria el reino de la explotación y opresión capitalista y construir el Socialismo en Colombia como parte de la instauración del comunismo en toda la Tierra.

A la guerra declarada por el Estado y las clases dominantes contra el proletariado, es necesario organizar las fuerzas de inmediato. Es hora de responder cada ataque con más organización independiente y revolucionaria, de pasar a la ofensiva, de dejar de esperar los golpes para ser la parte que los propine. Es hora de que el elemento consciente asuma su papel y con audacia organice la lucha de los desposeídos vinculándose a las masas para movilizarlas con acierto contra todo el poder del capital.

Comité de Dirección – Unión Obrera Comunista (mlm)
Diciembre 16 de 2020

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