Sobre el auge y el declive

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Cuesta hacerse a la idea, pero cuanto antes lo hagamos mejor será para nosotros. Todos los indicadores apuntan en la misma dirección, guste o no, esté en índices clásicos o no. Si el Fondo Monetario Internacional es capaz de decir que este 2020 ha sido el año en que ha caído el mito del G-7 (debido a la pandemia, pero no solo) es también el año en que se certifica la caída del dólar como moneda hegemónica. Y, de nuevo, la pandemia se convierte en determinante (pero no solo).

La posición del dólar estadounidense como moneda de reserva global está cada vez más amenazada y así, y solo así, hay que interpretar todos los espasmos agónicos que está realizando EEUU con sus sanciones, aranceles y otras formas de guerra no clásica.

El año 2020 comenzó con el dólar situándose en el 61’63% de todas las reservas monetarias internacionales (y eso era ya una pérdida de 10’3 puntos respecto al porcentaje del 71’93% con que había comenzado el siglo XXI). Pues bien, el año 2020 ha terminado con una nueva pérdida, pasando a ser ahora mismo del 60’5% de todas las reservas monetarias mundiales. ¿Sabéis quién lo dice? Pues el FMI. Otra vez. Y eso que son datos solo de los tres trimestres primeros del 2020, faltando el cuarto.

Así estaba la cosa al comienzo del 2020.

¿Quién ha cogido el relevo? Pues todas las otras monedas que el FMI incluye en su canasta de divisas, formalmente llamadas Derechos Especiales de Giro (euro, renminbi chino, yen japonés, libra británica, franco suizo, dólar canadiense, dólar australiano). Aquí hay que hacer algunas apreciaciones: la primera, que el euro no ha aprovechado la circunstancia como se esperaba, consecuencia de la desastrosa situación y gestión de la pandemia (el aumento ha sido del 20’35% al 20’5%); la segunda, que el yen japonés ha cogido un poco más de fuerza (del 5’41% al 6%); la tercera, que el renminbi chino sigue su camino ascendente (pasa del 1’97% al 2’13%) a pesar de todos los ataques y sin que China lo haya convertido aún en moneda mundial (para lo que esperará al 2022 cuando se ponga en marcha de forma oficial el renminbi-yuan digital). Y habría una cuarta: el FMI certifica que cada vez más países hacen transacciones comerciales en sus propias monedas. Incluso habría una quinta: el Brexit no ha pasado factura a la libra británica, que también ha subido un pelín. Por lo tanto, todos se han beneficiado de la caída del dólar, en especial el yen, el renminbi y el euro.

Pase lo que pase con la pandemia, ya no hay vuelta atrás. Occidente cae, los “emergentes” (como dice el FMI) suben. Lo que también dice el FMI es que el estancamiento del euro es notable porque no ha aprovechado la ocasión (la pandemia) para hacer realidad el sueño de ser una moneda “en paridad con el dólar”. Para el FMI el estancamiento del euro tiene dos razones: una actual, la pandemia; otra algo vieja, la quiebra de Grecia hace cinco años.

La hegemonía del dólar como moneda de reserva mundial ha permitido a EEUU financiar sus impresionantes déficits comerciales. Su constante caída altera sustancialmente esa situación. Aunque no es el caso, por ahora, del FMI, hay quien vaticina que para el 2027 el dólar estará rondando el 50% de todas las monedas de reserva. Tal vez sea esto lo que temía el centro británico que no hace mucho afirmaba que para el 2028 China será la primera potencia económica mundial (aunque según el FMI ya lo sea).

Y algo a tener en cuenta: el acuerdo comercial de la UE y China que fortalecerá sus dos monedas sin duda alguna.

En este marco, y aunque no tenga nada que ver con lo anterior (o sí), hay un dato que me ha llamado poderosamente la atención: Venezuela dice que va a ser el primer país en pasar a un sistema monetario 100% digital como forma de enfrentar el bloqueo y la agresión de EEUU. Hasta ahora, solo China había manifestado su intención de desarrollar el yuan digital en 2022, pero ahora Venezuela acelera y supera a los chinos.

El viernes pasado Maduro lo afirmó en una entrevista en Telesur, dando datos sorprendentes como que solo el 18’6% de todas las transacciones comerciales venezolanas son el dólares mientras que el 77’3% se realizan con tarjetas de débito y que sólo el 3’4% de la población usa moneda física. Lógico por el bloqueo a que está sometido el país y la dificultad para comerciar normalmente. De hecho, Venezuela está técnicamente aislada del SWIFT (las transacciones financieras internacionales en dólares) por el bloqueo y las sanciones. Ahora adquiere más peso lo que os contaba hace unos meses sobre cómo Venezuela sorteaba el bloqueo comerciando en petros.

El Lince

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