Después del 20 viene el 21

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El jueves pasado Biden dio un discurso durante 20 minutos en el que marcó las “líneas maestras” de su política exterior. Lo hizo apenas 20 días después de tomar posesión como presidente y ya dejó claro que la política estadounidense apenas va a varias respecto a la etapa Trump. Es lo que tienen los supuestos “progres”, tan alabados y tan funcionales al sistema.

En ese discurso repitió lo acostumbrado, con sus fobias y sus filias, y entre ellas abordó el caso de Irán diciendo que no iba a dar EEUU el primer paso para retornar al acuerdo nuclear de 2015 -pese a que lo abandonó unilateralmente en 2018- sino que tenía que ser Irán quien diese los primeros pasos revirtiendo las medidas que ha ido tomando desde entonces debido a la política de sanciones (ilegales según el derecho internacional) impuestas por EEUU y a la sumisa inacción de los tres países vasallos europeos (Gran Bretaña, Francia y Alemania) que durante este tiempo han sido incapaces de poner en marcha el famoso INSTEX (por el que se deberían haber continuado realizando los intercambios comerciales pero que sólo ha realizado una y en términos “humanitarios”).

Irán esperó un año hasta aplicar las cláusulas del acuerdo nuclear que le permitían ir aumentando progresivamente su producción de uranio para dar tiempo a uno y otros a que reconsiderasen su postura y volviesen a la racionalidad. No ha sido así e Irán ha ido dando pasos para aumentar el enriquecimiento de uranio cada dos meses desde marzo de 2019, comunicándolo con antelación y siempre dando tiempo a los muy democráticos países occidentales y sus famosos “valores” a que, simplemente, cumpliesen los acuerdos que firman. Algo muy simple y que nunca ha sido correspondido. Al contrario, siempre se han vertido críticas y se ha hecho responsable a Irán cuando su acción es una respuesta a la agresión de EEUU y a la inacción sumisa de sus vasallos europeos.

Apenas había comenzado enero de este año cuando Irán decidió dar el paso significativo de aumentar hasta el 20% el enriquecimiento de uranio y anunciar que si no se volvía a lo anterior, y los europeos seguían su parálisis sumisa, el 21 de febrero retiraría el permiso a los inspectores de la Agencia Internacional de la Energía Atómica para visitar sus instalaciones. Supongo que no hará falta recordar que desde 2019 alguna de estas instalaciones ha sido atacada, presivisiblemente por Israel, pero con datos que solo han podido salir de estos inspectores.

Curiosamente, y en geopolítica no hay casualidades, tras el discurso de Biden y la mención a Irán, y ante la proximidad de la fecha del 21 de febrero, están apareciendo “informaciones” sobre la malignidad de Irán. La primera, el día 9 de febrero (el discurso de Biden fue el 4) sobre la “reanudación de la colaboración en misiles entre Corea del Norte e Irán” (según la ONU) y ayer, día 10, que los inspectoes de la AIEA han entregado a la ONU otro informe diciendo que Irán ha producido “3’6 gramos de uranio metálico” (de uso civil pero que es también imprescindible para las armas nucleares).

En los dos casos, también curiosamente, las filtraciones vienen de medios de propaganda estadounidenses. Luego la campaña demonizadora ya está en marcha previniendo lo que ocurra el 21.

Porque todo ello va arropado con datos más que inquietantes para EEUU como el hecho de que Irán ha logrado burlar parte de las sanciones y ha logrado revitalizar su industria petrolera, casi ha completado un nuevo oleoducto con participación de China en el marco del acuerdo firmado en julio del año pasado, ha demostrado que puede responder (si el año pasado capturó un petrolero británico en represalia por un acto similar cometido por Gran Gretaña el 4 de enero capturó un petrolero de Corea del Sur después de que este país también se plegase a EEUU congelando activos bancarios iraníes por valor de 7.000 millones de dólares) y está negociando con Rusia la compra de nuevas armas después de que en octubre del año pasado expirase el embargo de la ONU.

Y, por si fuera poco, justo cuando Rusia, China e Irán anuncian la celebración del segundo ejercicio naval multilateral (el primero fue en diciembre de 2019) en el Océano Índico a comenzar el 15.

El Lince

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