Más allá del paro del 28 de abril

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Raúl Contreras.— La masiva lucha contra la Reforma Tributaria indica que Colombia vive tiempos especiales, en que es posible avanzar aceleradamente en la acumulación de fuerzas, para concretar opciones de cambio.

 

El pueblo ha hablado, se ha expresado nuevamente en las calles mostrando sus potencialidades en las jornadas de movilización social iniciadas el 28 de abril, convocadas por el Comité Nacional de Paro que agrupa las organizaciones sociales más representativas del país.

Estalla la olla de presión

Al igual de lo acontecido en noviembre del 2019 el Paro convocado para el 28 de abril ha superado las expectativas, porque el pueblo movilizado ha extendido en el tiempo la convocatoria inicial y ha participado masivamente.

El miércoles 28 se realizaron multitudinarias marchas y concentraciones en las ciudades capitales y en unos 500 municipios, las marchas estuvieron acompañas con bloqueos de carretera en varias regiones y con el taponamiento de vías dentro de las ciudades; las protestas contaron con la participación de distintos sectores urbanos, campesinos, indígenas, afros, transportadores, pequeñas y medianas ciudades, y de cientos de cabeceras municipales.

El agravamiento de la pandemia llegó a más de 500 muertos diarios el jueves 29, sumado a las amenazas y el miedo que infundieron el Gobierno, los alcaldes y las grandes empresas de comunicación, al igual que las prohibiciones del Tribunal Administrativo de Cundinamarca y los toques de queda decretados en estos días so pretexto del virus, no lograron impedir que las gentes respondieran a la convocatoria y salieran multitudinaria y decididamente a las movilizaciones.

Estos acontecimientos dan cuenta de la inconformidad que se ha estado fermentado, del hastío con la grave situación social y política que sufre el país y del creciente rechazo al tercer Gobierno de Uribe, repudio agigantado con la Reforma Tributaria que presentó en días pasados, que debieron retirar por las protestas en todo el país.

Lo que expresan estas jornadas es un campanazo para el régimen y también para la oposición, porque estamos ante nuevos desarrollos del ciclo ascendente de las luchas sociales que viene desde el 2008 en el país, y el estancamiento que se presentó en 2020 por la pandemia fue sólo una pausa de tal ascenso, que tienden a hacerse más fuertes y extensas.

Habló el caudillo: “bala es lo que hay”

Uribe el viernes 30 en un trino dijo: “apoyemos el derecho de soldados y policías de utilizar sus armas para defender su integridad y para defender a las personas y bienes de la acción criminal del terrorismo vandálico”; el que fue cancelado por las redes por incitar a la violencia, pero su orden de “disparar a matar” fue cumplida fielmente por policías, militares y narcoparamilitares del régimen.

La represión ha sido terrible, las Fuerzas Armadas al igual que el 9 y 10 de septiembre del 2020 han atacado a bala a las gentes movilizadas, el Gobierno ha militarizado el país, sacó el Ejército y los tanques de Guerra a las calles produciendo 21 muertos, centenares de heridos y un número indeterminado de detenidos.

La brutal represión no ha sofocado la protesta contra el mal Gobierno, en cambio los movilizados han extendido los tiempos del Paro más allá del 28 de abril, que constituyen unas jornadas de lucha inéditas en las últimas cuatro décadas en Colombia, que aspiran a tener continuidad en el Paro Nacional convocado para el 19 de mayo, que enfrenta la antisocial política económica que imponen la OCDE y el FMI, la que sumisamente aceptan Uribe y sus seguidores.

No avanzar ahora sería retroceder

Las realidades que se han mostrado en estos días indican condiciones excepcionales para avanzar,  por el ascenso que viene de atrás, por la agudización que se anticipa para el futuro inmediato, dado el agravamiento de la situación social, potenciada por la crisis económica que ha disparado la pandemia y por el desprestigio cada vez mayor de la coalición de ultraderecha que mal gobierna.

Son momentos para para tensionar fuerzas, en situaciones objetivas como las que se están presentando actualmente en Colombia es vital la determinación y unidad de las fuerzas revolucionarias, progresistas y democráticas. De seguir el ascenso de las luchas del pueblo y los problemas que tienen los de arriba, podría cobrar más fuerza una crisis de gobernabilidad y de mayores opciones hacia un Nuevo Gobierno.

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