El pueblo colombiano en pie de guerra

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Marina Gómez.— El pasado 28 de abril de 2021 comenzó en Colombia un importante ciclo de movilizaciones, prorrogado durante varias semanas. Ese mismo día 28 de abril estaba convocado un paro nacional contra la Ley de Solidaridad Sostenible, la reforma tributaria presentada al Congreso por el presidente del país Iván Duque. Esta reforma consiste, básicamente, en cargar de nuevo las consecuencias de esta crisis económica capitalista, catalizada por la pandemia sanitaria del Covid-19, sobre las espaldas de la clase obrera y los sectores populares.

La reforma de Iván Duque proponía, entre otras cosas, modificaciones que hacían pagar nuevos impuestos a rentas cada vez más bajas del pueblo colombiano, así como gravar con un IVA mayor servicios y bienes de consumo básicos. Además de esta reforma tributaria, también están propuestas una reforma laboral, una reforma de la salud y otra de las pensiones. Con ello el gobierno colombiano pretende aumentar sus ingresos para hacer frente a la situación económica, a costa del sacrificio de los sectores más golpeados por la pandemia y la crisis.

Pero esta forma de actuar no es extraña en un gobierno que reiteradamente ha demostrado su interés por favorecer los intereses de los monopolios nacionales, así como ha trabajado por fortalecer sus alianzas con los Estados Unidos y sus planes imperialistas contra otros países y pueblos de la región. Tampoco es de extrañar esta propuesta de reformas en un gobierno que durante años ha utilizado la fuerza paramilitar para asesinar militantes y líderes del movimiento obrero, popular, campesino, juvenil, etc. colombiano, inutilizando así los acuerdos de paz.

Es por ello por lo que tampoco podemos pensar que este ciclo de movilización se abre fruto de la propuesta de la reforma tributaria exclusivamente, y como así se menciona en los medios de comunicación. No es así. La situación política, económica y social en Colombia lleva décadas siendo inestable, y esta injusticia social, poco a poco, gota a gota, ha ido llenando el vaso del hartazgo popular.

Como analiza la economía política marxista, las crisis capitalistas son cíclicas, por lo que toda esta estrategia política de ataques antipopulares y de hacernos pagar las consecuencias de sus crisis no es nueva. Con este cuento ya nos han venido más veces desde los distintos gobiernos burgueses, tanto en Colombia como en otras partes del mundo.

Pero nuestra clase tiene memoria y, por ello, decenas de miles de trabajadores y trabajadoras salieron a la calle el 28 de abril, en distintas localidades del país, para mostrar su firme rechazo a unas medidas que no suponen más que miseria y hambre para el pueblo colombiano. La fuerza demostrada en las calles en esta fecha y el impulso de la clase obrera organizada, permitió abrir un ciclo de movilización popular y mantener las convocatorias de manifestaciones durante varias semanas seguidas en el país. Así, el 1 de mayo el gobierno plantea la posibilidad de modificar la reforma que estaba inicialmente presentada en el Congreso colombiano, y el 2 de mayo Duque retira directamente el proyecto de reforma tributaria gracias a la presión popular.

La clase obrera y el pueblo colombiano están demostrando que la lucha de clases no se detiene aunque exista una pandemia, que la lucha de clases se da en todas las condiciones, y que precisamente en estos claroscuros es cuando surgen los monstruos, como decía Gramsci. Por ello, a pesar de las presiones gubernamentales y judiciales en Colombia, que prohibieron las movilizaciones por razones sanitarias, y a pesar también de la represión del ejército colombiano, las calles del país se llenaron de trabajadores y trabajadoras, jóvenes y pensionistas, demostrando que por supuesto es compatible la lucha de clases y la lucha contra la pandemia en un mismo acto de denuncia y movilización.

Frente a esta legítima y necesaria demostración de principios y de fuerza del pueblo colombiano, el gobierno ha respondido con represión y violencia en todas sus formas, utilizando para ello el ejército colombiano armado. Así, se cuentan por varios cientos los agredidos y heridos, y por decenas los detenidos, los desaparecidos e incluso fallecidos desde que comenzaron las protestas. No es casualidad que coincida con las movilizaciones el asesinato de Jesús Santrich, dirigente revolucionario de las FARC, en territorio venezolano a manos del gobierno de Duque.

Incluso, fruto de la internacionalización de este conflicto, algunos organismos internacionales han llamado la atención sobre esta situación, sobre el llamado “uso excesivo de la fuerza” del gobierno de Duque, que no es otra cosa que el uso de los métodos militares y de las armas contra un pueblo desarmado.

A pesar de que la reforma tributaria se haya retirado formalmente del Congreso, la movilización obrera, popular y campesina en Colombia continua hasta que se retiren también todas las demás medidas que se proponen implantar para seguir cargando sobre las espaldas del pueblo las consecuencias de las crisis del capitalismo.

Antes de terminar, estaría bien recuperar eso que decía Bertolt Brecht de que «al río que todo lo arranca lo llaman violento, pero nadie llama violento al lecho que lo oprime», para desmontar todos los argumentos criminalizadores contra la utilización de todas las vías de lucha para la clase obrera y los sectores populares. Si el capital y sus gestores gubernamentales atacan con todas las herramientas a su alcance, como poseedores del monopolio estatal de la fuerza, la clase obrera y los oprimidos tienen legítimo derecho de defenderse organizadamente y utilizando para ello los métodos que tengan a su disposición.

¡Contarán con nuestro apoyo y solidaridad!

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