El militarismo de Japón soñó con conquistar Siberia, pero la URSS lo puso de rodillas

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El 9 de agosto de 1941 las autoridades militares japonesas cancelaron el plan Kantokuen, que preveía una ofensiva a gran escala del Ejército japonés de Kwantung contra la Unión Soviética y tenía como objetivo arrebatar al país comunista los territorios de Siberia y el Lejano Oriente.

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Denis Lukyanov.— Las ambiciones del militarismo japonés durante la primera mitad del siglo XX no tenían límites. La gradual expansión del Imperio japonés se aceleró con el inicio de la Segunda Guerra Mundial. A partir del inicio del siglo, Japón conquistó numerosos territorios que incluían Corea, la parte sur de Sajalín y porciones de China.

Una de las conquistas más importantes del Imperio japonés fue la parte norte de la actual República Popular China, el territorio conocido como Manchuria. Tokio buscó crear en esta región un Estado nación para los manchúes, el pueblo de origen tungús, que son originarios de esta zona, pero había sido minoría en aquellas tierras durante décadas.

El principal papel en la máquina expansionista del Imperio en esta región perteneció al Ejército de Kwantung, una agrupación desplegada en la parte sur de Manchuria que creció rápidamente y se convirtió en una de las fuerzas principales en la región.

El poder del Ejército de Kwantung era tan grande que su cúpula militar en ocasiones se permitía no acatar las órdenes de Tokio, lo que fue un gran dolor de cabeza para los jefes militares en la capital del Imperio. Esto era excepcionalmente peligroso porque en aquellos tiempos había una amenaza muy real de escalada inesperada en la frontera con la URSS.

Desde 1932 Japón estuvo involucrado en una serie de conflictos fronterizos con la URSS. Los escenarios de las batallas más sangrientas fueron la frontera entre la Mongolia socialista y Manchukuo, y la entre la URSS y la Corea japonesa. Para Tokio era evidente que la continuación lógica de su expansión sería un ataque contra el territorio de la Unión Soviética en el Lejano Oriente.

Así nació el plan de Maniobras Especiales del Ejército de Kwantung, mejor conocido por su abreviatura Kantokuen.

Soldados japoneses en Mongolia
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Situación geopolítica en el Lejano Oriente

Para Moscú era evidente que el expansionismo de Japón no se detendría, así que el Ejército comunista tendría que estar preparado para una agresión desde el sureste. Afortunadamente, la firma del Pacto de Neutralidad entre Moscú y Tokio en abril de 1941 alivió un poco las tensiones y mejoró las posiciones de la URSS en el flanco oriental antes del eventual ataque nazi desde el oeste.

Además, la posición geográfica de Manchukuo, que iba a ser la plataforma para la invasión contra el territorio soviético, no era ideal, especialmente teniendo en cuenta que la frontera de la Unión Soviética con ese Estado títere de Japón parecía a una herradura, así que las condiciones geográficas para la invasión japonesa contra el país comunista no eran favorables.

Estaba previsto que el Ejército de Kwantung invadiera el territorio soviético y dividiría sus fuerzas militares en pequeños grupos para luego eliminar cualquier resistencia. Pero en este caso particular era posible que la URSS lanzaría una contraofensiva efectiva contra Manchukuo y la ‘marcha victoriosa’ del Ejército de Kwantung se convertiría en una derrota total para Japón.

Esto coincide con los eventos de 1945 cuando el Ejército de Kwantung sucumbió ante la ofensiva del Ejército Rojo. Este fue un gran triunfo para el país comunista, teniendo en cuenta que las condiciones en 1945 para la Unión Soviética eran más favorables.

Pero no hay que olvidar que en 1941 hubo un factor determinante que teóricamente habría podido alterar el desenlace de la guerra: la operación nazi Barbarroja contra la URSS que comenzó el 22 de junio de 1941.

Poco antes de su muerte, Hitler lamentó abiertamente que Japón no hubiera entrado en la guerra contra la URSS simultáneamente con la Alemania nazi. Se cree que de esta manera Berlín y Tokio habrían condenado a Moscú a una derrota incondicional y habrían puesto fin a la existencia de un Estado ruso independiente.

Pero incluso sin la ventaja de la ayuda de los aliados de la coalición antihitleriana y con dos enemigos atacando desde dos flancos, el Ejército Rojo podía repeler la invasión enemiga, aunque esto le costaría muchas bajas. Para el país comunista el factor de excepcional importancia fueron sus condiciones climáticas y sus inmensidades geográficas, que no permitirían la victoria del enemigo.

Además, Japón planeaba invadir el Lejano Oriente y partes de Siberia con solo 45 divisiones contra 60 divisiones soviéticas. De todas formas, el plan Kantokuen condenaría a la mayoría absoluta de los integrantes del Ejército de Kwantung a la muerte segura en el frío luchando contra una fuerza más numerosa y bien motivada: el Ejército Rojo.

Soldados del Ejército Rojo en Manchuria
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Objetivos de Japón

Los japoneses querían aprovechar el hecho de que el Lejano Oriente soviético y Siberia eran territorios de difícil acceso. La arteria principal que conectaba la parte europea del país —más poblada y con más recursos— con la parte asiática era el Transiberiano. Tokio veía convincente la idea de hacerse con el control de esta vía ferroviaria y esto sí podría obstaculizar la defensa del Lejano Oriente.

Pero las fuerzas del Ejército Rojo desplegadas de manera permanente en la zona habrían tenido que repeler los ataques de los invasores antes de la llegada de los refuerzos. Esto habría sido una tarea difícil, pero la URSS tenía sus ventajas, así que resistir a la invasión nipona no habría sido algo imposible.

Japón tenía una experiencia de actuar en el territorio ruso durante la guerra civil en el país euroasiático, que duró entre 1917 y 1923. Pero desde entonces las capacidades del Ejército Rojo se multiplicaron. Además, la ocupación japonesa tuvo lugar en tiempos turbulentos, mientras que para 1941 el Ejército Rojo ya era una fuerza militar profesional.

En aquella época turbulenta de la guerra civil los bolcheviques incluso crearon un Estado colchón, la República del Lejano Oriente, para no entrar en un conflicto directo con el Imperio japonés. Entonces, Moscú era demasiado débil para contrarrestar a Japón. Dos décadas después, esto cambió.

Pese a las capacidades del Ejército Rojo, Japón tenía planes de expandir su dominio a las inmensidades de Siberia. En particular, tenía planes de hacerse con la parte norte de Sajalín, la península de Kamchatka y luego continuar su marcha por el Lejano Oriente y Siberia. Los alemanes tenían planes de llegar hasta el río Yeniséi, en el corazón de Siberia, y reunirse allí con los japoneses.

El Yeniséi se habría convertido en una frontera natural entre la Alemania nazi y el Imperio nipón. El plan Kantokuen, a su vez, preveía la expansión hasta el lago Baikal. Pero si la URSS hubiera sido un país débil, Japón no se habría detenido y sin duda hubiese tratado de devorar más porciones de tierras soviéticas.

Soldados japoneses en Manchuria
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Sueños ilusorios

La expansión en el norte de Sajalín era una continuación lógica de la expansión japonesa, ya que en 1905 Tokio ya se había hecho con la parte sur de la isla que pasó a ser conocida como la Prefectura de Karafuto. Kamchatka también fue un objetivo lógico porque en aquel entonces Tokio controlaba ya todas las islas Kuriles, el archipiélago adyacente a esta península. Entretanto, el control sobre Manchukuo suponía la posibilidad de invadir Siberia.

En el Japón militarista hubo dos ideas sobre los vectores de la futura expansión: hacia el norte y hacia el sur, hokushin-ron y nanshin-ron, respectivamente. La expansión hacia el norte fue apoyada por el Ejército japonés, mientras la Armada del país del sol naciente dio preferencia a nanshin-ron. Resultó que nanshin-ron tenía más apoyo.

Al fin y al cabo, en Japón entendieron que una invasión contra la URSS no sería posible dadas las condiciones de aquella época. Tokio se empantanó en sus ofensivas en China y abrir un nuevo flanco no era una opción. Japón justificó sus invasiones en Asia con su supuesta lucha por la libertad de los pueblos asiáticos del colonialismo europeo, pero esto no es cierto.

Sin embargo, incluso si esto fuera verdad, Tokio ni siquiera trataba de ocultar cuáles eran sus intenciones en Siberia: querían esos territorios para sí mismos. El plan Kantokuen al final no se realizó, pero Japón de todas formas pagó un alto precio por su alianza con la Alemania nazi y por su expansionismo en Asia. En septiembre de 1945 la URSS y sus aliados pusieron de rodillas al militarismo nipón.

Soldados japoneses en China
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