Armas biológicas: amenaza real

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Cuando hablamos de armas de destrucción masiva, pensamos en armas nucleares o químicas y olvidamos que también hay armas biológicas. En esta edición de ‘Documentales’ hablamos sobre este tipo de armas y acerca de la posibilidad de que el Pentágono haya creado alrededor de Rusia decenas de laboratorios que las desarrollan para atacar directamente a su población.

 

Un arma biológica es un arma de destrucción masiva no selectiva cuyos elementos letales incluyen agentes biológicos altamente nocivos, como patógenos, infecciones virales sumamente peligrosas y también los medios de transmisión de las mismas, por ejemplo, aerosoles, insectos y otros vectores capaces de propagar dichos patógenos.

De acuerdo con Artiom Ogánov, doctor en ciencias físico-matemáticas, hace cientos de años que la humanidad utiliza este tipo de armas, y cita como ejemplo la ropa contaminada con viruela que los europeos daban de forma deliberada a los indígenas durante la colonización de América, lo que resultó en la muerte de tribus enteras.

El escuadrón 731

Otro caso fue el escuadrón 731, que era parte del Ejército del Imperio del Japón, creado en 1932. En un laboratorio situado en Harbin —actual ciudad china— llevaron a cabo experimentos con miles personas a las que no consideraban seres humanos, entre ellos la inoculación de patógenos causantes del cólera, la fiebre tifoidea, el ántrax y la peste, vivisecciones y desmembramientos.

Aunque en 1925 las armas biológicas fueron declaradas como armas de destrucción masiva, en las décadas posteriores siguieron desarrollándose y utilizándose, por ejemplo, por parte de EE.UU. durante la guerra de Vietnam.

Tras la desintegración de la Unión Soviética, ocurrida en 1991, Georgia y Ucrania se convirtieron en lugares donde a través de dinero estadounidense se comenzaron a desarrollar armas dirigidas de forma específica contra la población de la Federación de Rusia, en algunos casos en el marco de experimentos prohibidos.

“Intenciones poco amistosas”

De hecho, en 2005 el Gobierno de Ucrania, liderado por la entonces primera ministra Yulia Timoshenko, aceptó firmar un acuerdo entre el Ministerio de Salud de su nación y el Departamento de Defensa de EE.UU. para el emplazamiento de una red de laboratorios biológicos en territorio ucraniano para garantizar la seguridad biológica del país norteamericano.

En estos centros se investigaban los efectos de diferentes virus específicamente en la población de genotipo eslavo, incluidas enfermedades especialmente peligrosas como la fiebre de Crimea-Congo y la leptospirosis. Solo en el proyecto UP-8 participaron 4.000 miembros de las Fuerzas Armadas de Ucrania.

“Si alguien con intenciones poco amistosas quiere usar armas bacteriológicas, es muy probable que, basándose en este conocimiento sobre la estructura genética de los patógenos que circulan en los territorios de Ucrania o de Rusia, utilice precisamente las cepas que circulan por ellos”, explica Alexánder Kulichenko, doctor en ciencias médicas y director del Instituto de investigación científica contra la peste de Stávropol, quien advierte que podría llevarse esas cepas al exterior para elaborar una construcción biológica más patogénica con el objetivo de usarla como arma biológica.

¿Qué ocurre en Ucrania?

Recientemente, la subsecretaria de Estado de EE.UU., Victoria Nuland, reconoció que Ucrania tiene instalaciones de investigación biológica y que Washington está trabajando con Kiev para evitar que los materiales que hay en ellas caigan en manos de las fuerzas rusas que desarrollan su operación militar especial en el país.

En opinión de Nikolái Azárov, que fue primer ministro de Ucrania entre 2010 y 2014, esto significa que “los estadounidenses controlan al 100 % a [Vladímir] Zelenski y a todo su círculo”, a los que describe como “títeres”.

Según Diliana Gaitandzhíeva, periodista independiente búlgara, el Pentágono gestiona laboratorios de ese tipo en 25 países, muchos de los cuales se encuentran en naciones aledañas a Rusia, China e Irán, por lo que el objetivo de estas investigaciones no puede considerarse de prevención, porque no se llevan a cabo en el territorio de EE.UU.

Asimismo, afirma que, a los gobiernos de Ucrania y Georgia —a los que tilda de “muy corruptos”— no les interesa proteger los intereses de su pueblo. “Autorizan a EE.UU. a realizar con impunidad cualquier tipo de experimentos, incluso aquellos que suponen un peligro letal para la población”, denuncia.

Mientras, el activista social y periodista Antón Krasovski considera que gracias a que estos hechos salieron a la luz en las últimas semanas a raíz de la operación especial militar de Rusia en Ucrania, se ha logrado aplazar varias décadas una “guerra bacteriológica global”.

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