Los papeles de Uber destapan a un monopolio mafioso de las nuevas tecnologías

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Ayer un consorcio de medios de comunicación reveló 124.000 documentos obtenidos por una cuarentena de periodistas de investigación que ponen de manifiesto algo obvio: los vínculos privilegiados de un monopolio digital, como Uber, con varios gobiernos, entre ellos, el español.

 

En 2014 miles de taxistas protestaban en las principales ciudades europeas por la amenaza que suponía un monopolio que operaba sin estar sujeto a ningún tipo de regulación. Uber aprovechó las protestas del sector del taxi para mostrarse como una víctima de la reacción de los conductores.

La empresa californiana pidió investigar a la Asociación Madrileña del Taxi, identificar a las personas clave de la organización, así como obtener sus fuentes de financiación, sus conexiones políticas y cualquier información relevante de tipo peyorativo.

En diciembre de aquel año un juzgado de Madrid ordenó a Uber a cesar su actividad en España. Un día después la multinacional urdió una artimaña para volver a operar. Ordenó investigar al juez que paralizó su actividad en España.

Además, reclutó a un antiguo asesor de Obama para que convenciera a Rajoy, entonces Presidente del Gobierno, para que permitiera las operaciones.

La empresa se reunió con el ahora President de la Generalitat, Pere Aragonès, que entonces era era miembro de una comisión sobre economía colaborativa.

También lo intentó con quien presidía el Govern en el 2014, Artur Mas, a quien invitó a que visitara la empresa en San Francisco.

Uber explotó al máximo las puertas giratorias fichando a antiguos cargos públicos. Una de ellas fue Neelie Kroes, comisaria europea de Competencia y Agenda Digital, a la que fichó justo después del periodo de 18 meses que la Unión Europea impone a sus comisarios antes de poder a formar parte de empresas con intereses en la zona euro.

El gran padrino: Travis Kalanick

Los papeles destacan el papel del capataz de la empresa estadounidense: Travis Kalanick, que en 2017 se vio obligado a dejar su cargo debido a las quejas sobre sus métodos mafiosos de administración.

Kalanick ha sido el protagonista de una serie basada en el libro de Mike Isaac, periodista del New York Times, así que los papeles tampoco son tan sorprendentes.

El capo nació en 1976 en Los Ángeles. A los 22 años, dejó la universidad para crear Scour, un motor de búsqueda multimedia, con cinco amigos. Bajo la amenaza de demandas por derechos de autor, se vio obligado a declararse en bancarrota, pero rápidamente volvió con un tinglado similar llamado Red Swoosh, que consiguió vender por 23 millones de dólares en 2007.

La idea de Uber nació unos meses después, tras conocer a Garrett Camp, otro joven empresario millonario que se convertiría en el otro cofundador de Uber. El negocio de reservar taxis desde una aplicación web fue concebido por Camp cuando fundó UberCab, una empresa a la que Travis Kalanick se unió oficialmente en el verano de 2009, cuando la aplicación se benefició del lanzamiento del iPhone 3G equipado con GPS.

El meteórico ascenso de Kalanick lo llevó a ocupar el puesto de consejero delegado de Uber a finales de 2010. Rápidamente internacionalizó el servicio, inicialmente ubicado en San Francisco, e impuso el modelo en varias ciudades importantes. No dudó en entrar en guerra con los ayuntamientos que se negaban a aceptar la competencia considerada desleal de los conductores independientes y autónomos de Uber frente a los taxis, que pagan una tarifa.

La difusión de la aplicación entre los usuarios rompió las barreras poco a poco. Paralelamente a la explosión, empiezan a quedar al descubierto las brutales técnicas de gestión de la empresa. Por ejemplo, invirtió grandes sumas de dinero para desacreditar a un periodista que investigaba el sexismo en la empresa.

A principios de 2017, casi medio millón de usuarios abandonaron la aplicación como reacción a su apoyo al decreto contra la inmigración de Trump. El capataz había decidido bajar las tarifas de los viajes para mantener la aplicación en funcionamiento mientras un número importante de conductores estaba en huelga para protestar contra el veto musulmán del presidente estadounidense.

En marzo de 2017 un vídeo mostró un altercado entre el capo y un conductor de Uber al que acaba insultando. Este asunto se produjo pocas semanas después de la publicación de un explosivo artículo de Mike Isaac en el New York Times.

Ante la exposición mediática negativa, Kalanick emitió una disculpa pública y se comprometió a mejorar sus métodos de gestión y su actitud general. Pero los accionistas de Uber no le dieron la oportunidad y se vio obligado a dimitir en junio de aquel año.

En diciembre de 2019 dejó el consejo de administración de la empresa tras vender el 21 por cien de sus acciones por más de 500 millones. Hoy en día, está invirtiendo mucho en el sector inmobiliario y ha fundado una empresa especializada en el reparto de comida.

Las nuevas empresas de transporte de pasajeros, como Uber o Cabify, son grandes monopolios internacionales que están devorando lo que hasta ahora era un sector de trabajadores autónomos, los taxistas, es decir, que expresa la proletarización de una parte de la fuerza de trabajo.

Fuente: mpr21.info
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