Cuba en la sonrisa de sus niños

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«Que no falten las ideas y el apoyo a nuestros niños y niñas en las playas, los parques, los barrios o la propia casa. Nada hay más importante que su felicidad

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Mailenys Oliva Ferrales.— En el rostro de un niño caben todas las verdades del mundo. Por eso, cuando este domingo Cuba se vistió de fiesta y colores para regalarles a sus infantes, la mejor de las celebraciones en un día especial, ellos con sus carcajadas «regalaron» mucho más.

 

Regalaron, por ejemplo, la certeza de que la infancia sigue siendo lo primero en una nación lastimada por carencias materiales, pero robustecida en su resistencia humana y creativa.

Regalaron, además, risitas y asombros ante los malabares de payasos, los trucos de los magos, los espectáculos a cielo abierto o en teatros; ante el «asalto» de canciones y obsequios en centros hospitalarios; o en medio del chapuzón en aguas dulces y sa­ladas.

Y hubo juegos y competencias, bailes y correteos; hubo alegría y tranquilidad. Y eso, sin duda, fue un hermoso regalo. El regalo de la vida, esa que se volvió desvelo de una Isla que, luego de su campaña de vacunación pediátrica contra la COVID-19, no ha tenido que lamentar la pérdida de ningún menor por dicha enfermedad.

Esa felicidad repetida de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo y de barrio en barrio, también fue un regalo para un país que prevé refrendar este año un nuevo Código de las Familias, en el cual los niños, niñas y adolescentes son considerados sujetos plenos de derechos y responsabilidades.

El mismo caimán barbudo que, en permanente zafarrancho de combate contra el odio y las limitaciones de todo tipo, le da continuidad al proyecto de desarrollo de vacunas antialérgicas, a la atención de los programas oncológicos de Pediatría, y a los infantes sin amparo familiar.

Desde su cuenta en Twitter, Díaz-Canel convocaría a todos a convertir la fecha del Día de los Niños en un domingo para la esperanza del mundo. «Que no falten las ideas y el apoyo a nuestros niños y niñas en las playas, los parques, los barrios o la propia casa. Nada hay más importante que su felicidad», destacó.

Y aunque entre los infectados de rabia no faltarán quienes digan que una jornada no es el reflejo cotidiano de nuestra maltrecha economía, y que las confituras no son privilegio de un día, les dolerá mucho más que, mientras el mundo sigue siendo un lugar injusto para unos 160 millones de niños obligados a trabajar por hambre, este domingo –de la mano de sus pequeñuelos– toda Cuba fue una sonrisa.

Fuente: granma.cu

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