Al enemigo hay que enviarle ese mensaje de un pueblo unido

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Fragmentos del discurso pronunciado por el Comandante en Jefe, en el teatro Heredia, de Santiago de Cuba, el 11 de febrero de 1993

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Que sea el pueblo el que se postule y elija nos hace el país más democrático. Foto: Juvenal Balán

Una vez más debo decir que nuestro sistema fue muy democrático desde el principio. Recuerdo el día que se concibió y se discutió en que todo giraba en torno al problema de quién postulaba. Así surgió la idea de que postulara el pueblo, de que en cada circunscripción se reunieran los vecinos, propusieran y postularan, sin la intervención del Partido, que no fuera el Partido el que postulara (…). Así surgieron las circunscripciones, las asambleas de postulación en las circunscripciones, las proposiciones y las elecciones de delegados que integraban las asambleas municipales.

(…) De modo que nuestro sistema era muy democrático y era ya el más democrático, porque el pueblo era el que postulaba y el que elegía, solo que postulaba y elegía de manera directa en la base, pero no elegía de manera directa en los escalones restantes; es decir, en la asamblea provincial y en la Asamblea Nacional. (…)

Nuestro avance y nuestro desafío fue establecer la elección directa para los delegados a la asamblea provincial y la elección directa para los diputados a la Asamblea Nacional.

(…) El principio de que el pueblo postula y elige es lo que nos coloca en primer lugar entre los países democráticos del mundo. Porque lo otro son grupos de gente los que postulan, incluso, los que eligen.

(…) Nuestro país es por excepción un país tremendamente fuerte, increíblemente fuerte en el terreno político. (…) ¿Quién habría podido resistir con otro sistema lo que estamos resistiendo nosotros? Sin embargo, ¿cómo podíamos en la nueva concepción mantener el principio de que el pueblo elige, el pueblo postula, y evitar la politiquería, evitar la guerra, evitar la competencia por el voto?

(…) ¿Qué ocurriría ahora con nuestras nuevas concepciones y nuestra forma de elegir directamente a los diputados y a los delegados –una forma limpia, una forma sana– si no advertíamos ciertos riesgos, si no advertíamos ciertas desigualdades? Porque se nos producían otras desigualdades, no entre el rico y el pobre, sino entre la persona muy conocida y la persona que no era conocida.

A esto hay que añadir, como gran privilegio, como gran ventaja de nuestro sistema, el hecho de que casi la mitad de los diputados a la Asamblea Nacional tienen que ser delegados de base. Eso no lo tiene ningún país en el mundo.

(…) Era muy importante encontrar la fórmula de proposición de candidatura. (…) ¿Qué mejor cosa podíamos hacer a través de nuestro congreso y de nuestra Constitución de la República que asignarle esa tarea de presidir las comisiones de candidatura a la organización de los trabajadores de Cuba e integrarlas por las organizaciones de masa?

A las organizaciones de masa pertenece más del 90 % de nuestra población, y nuestra población, a través de sus organizaciones de masa constituidas en comisiones de candidatura, iba a proponer a los candidatos mediante un riguroso proceso de selección y mediante incesantes consultas de todo tipo para proponer los candidatos a las asambleas municipales. Salvábamos totalmente el principio de que el pueblo postula y el pueblo elige. ¿En qué otro país del mundo existe un procedimiento similar? ¿En qué otro país del mundo le preguntan a alguien a quién va a llevar de candidato?

Hemos logrado así instrumentar un procedimiento magnífico que tenemos que seguir perfeccionando y enriqueciendo con la experiencia. (…)

Creo que Cuba es el único país del mundo que, en una situación prácticamente de guerra como la que está viviendo nuestro país, con el bloqueo imperialista y las consecuencias derivadas del derrumbamiento del campo socialista, se atreve a hacer unas elecciones de este tipo en estas circunstancias. Creo que es una prueba tremenda de la valentía de nuestra Revolución y de nuestro pueblo.

(…) El sistema de selección, el principio de que el pueblo postula y el pueblo elige, el trabajo de las comisiones de candidatura (…), el trabajo de las asambleas municipales que aprobaron esa candidatura, después de un riguroso proceso de consulta, es lo que da la base para plantear la cuestión del voto unido, es lo que da la base para plantear la idea de que el voto no se disperse, de que el voto no se divida, de que el voto se concentre, que el voto se una, que el voto apoye a los candidatos del pueblo y que el voto elija a los candidatos del pueblo.

(…) Quien conoció la dignidad, quien conoció la libertad, quien conoció el honor, quien conoció la igualdad, quien conoció la justicia social, (…) no se resigna ni se resignará jamás a vivir sin ella cualquiera que sea el precio.

Nosotros estamos pagando hoy, en medio del bloqueo (…), y después que se ha endurecido ese bloqueo para tratar de rendirnos por hambre y por enfermedades, un precio alto por esos valores. Pero otras generaciones de cubanos pagaron un precio más alto todavía.

(…) Nosotros hemos conocido los frutos de una patria independiente, de una patria victoriosa, de una revolución victoriosa que ha hecho tantas cosas en tan pocos años, que ha transformado el país, que ha transformado las conciencias, que ha transformado al pueblo en tan pocos años, que ha hecho que un pueblo de analfabetos pueda hoy llamarse pueblo con decenas de miles de científicos, potencia en la medicina, potencia en la ciencia y, permítanme agregar, potencia en el heroísmo, potencia en el valor, potencia en la dignidad, potencia en la conciencia revolucionaria.

Podemos llamarnos potencia revolucionaria porque hemos sabido resistir y hemos sido capaces de resistir cuando otros se han rendido, cuando otros se han plegado, cuando hemos encontrado valor suficiente para enfrentarnos solos al imperialismo y decirle: ¡Aquí estamos dispuestos a luchar, dispuestos a seguir resistiendo el tiempo que sea necesario, al precio que sea necesario! Nos hemos convertido en ejemplo para el mundo.

Esa es la importancia, ese es el valor, esa es la fuerza que tienen las ideas.

Al enemigo hay que enviarle ese mensaje de un pueblo unido, no mensajes equivocados; mensajes equivocados podrán enviar los que tienen el alma del enemigo, o tienen al enemigo en el alma y siguen sus instrucciones, defienden sus intereses. Esos podrán enviar todo tipo de mensajes equivocados; pero los patriotas, los revolucionarios, los hombres y mujeres de honor y de dignidad, tenemos que enviarle un mensaje claro, bien claro, a ese enemigo de nuestra unidad, de nuestra fuerza, de nuestra determinación.

Y ya que hablo de enemigo, no debemos confundir al recalcitrante incurable e incorregible, de enfermedad ideológica irreversible, con el confundido, con el equivocado, con el amargado, con el que no comprende. Con esos tenemos que hacer un tremendo trabajo, y ese es el trabajo de que se hablaba, casa por casa, hombre por hombre y mujer por mujer; es muy importante.

(…) No dejemos de tocar en ninguna puerta ni dejemos de tocar en ningún corazón, allí donde pueda existir aunque sea una fibra, una pequeña fibra de patriotismo, una pequeña fibra de solidaridad, una pequeña fibra de humanidad. En este tipo de lucha política hay que ser políticos, y siempre hay que ser políticos, y siempre la Revolución fue política.

(…) Todos tienen que enseñar a votar a todos, no se trata de que el estudiante enseñe a votar a los estudiantes, sino a todos; de que las mujeres enseñen a votar a las mujeres, sino a todos; los cdr tienen que enseñar a votar a todos, y los pioneros tienen que enseñar a votar también, porque ellos saben cómo se vota.

Todos tienen que enseñar a votar a todos, todos tienen que tocar a todas las puertas, todos tienen que tocar a todos los corazones, porque los valores que defendemos son muy sagrados, son muy altos, son muy poderosos, son los valores de la patria, son los valores de la Revolución, son los valores del socialismo son los valores de la justicia, son los valores de la igualdad, son los valores de la dignidad y del honor del hombre. Esos valores tienen un peso tremendo.

(…) Nadie vende al hermano, nadie vende a la madre ni al padre, nadie vende a los hijos por nada en el mundo, ni renuncia a ellos por grandes que sean los sacrificios. Así debemos ver la patria, así debemos ver la justicia, así debemos ver la libertad y poder decir: ¡Ningún verdadero cubano vende a su madre, que es la patria! ¡Ningún verdadero cubano vende a su hermano, que es el sentimiento de solidaridad! ¡Ningún verdadero cubano vende a sus hijos, que son la libertad, que son la dignidad, que son el honor, que son la igualdad, que son la justicia!

Esos son los valores que nosotros los revolucionarios defendemos, son los valores por los cuales han luchado tantas generaciones de cubanos y por los cuales se han sacrificado tantos compatriotas.

Nosotros debemos saber ser dignos descendientes de ellos. Estos son los valores que nos hacen fuertes, son los valores que nos hacen invencibles.

Fuente: granma.cu

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