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Juan Lehmann (Sputnik).— La política internacional del Gobierno argentino volvió a dar un nuevo volantazo. A contramano del respaldo incondicional a Ucrania que profesó Javier Milei desde su asunción, el país decidió abstenerse en la última votación de la Asamblea de las Naciones Unidas, donde se exigía a Rusia la retirada inmediata de sus tropas.
El contraste es elocuente. Apenas un mes antes, el 22 de enero, el libertario había mantenido un encuentro con su par ucraniano durante el Foro Económico Mundial. En dicha instancia, Milei ratificó su abierto respaldo a Kiev en el conflicto bélico, en un gesto que reforzaba la afinidad ideológica y política entre ambos.
Sin embargo, con la abstención en la ONU, el presidente argentino enterró ese capítulo y optó por una nueva alineación que lo ubica del lado de los países que integran el grupo de los BRICS: Brasil, Rusia, China, India y Sudáfrica, a los cuales había defenestrado públicamente en más de una oportunidad. Asimismo, también se abstuvieron de apoyar a Kiev los Gobiernos de Cuba y Colombia, calificados de «comunistas» por la Casa Rosada.
El giro no es en absoluto casual. Días antes de la votación, el presidente estadounidense Donald Trump se había desmarcado de Zelenski con fuertes críticas, que llegaron al punto de tildarlo «dictador» por no convocar elecciones en medio del conflicto. Además, el republicano lanzó una serie de críticas sobre la gestión de la ayuda de Washington a Ucrania. Milei tomó nota y, manteniendo su irrestricto alineamiento hacia la Casa Blanca, actuó en consecuencia.
¿Pragmatismo o seguidismo?
«Milei le soltó la mano a Zelenski», sintetizó ante Sputnik el analista internacional Juan Venturino. «No es por nada personal: su principal objetivo fue lograr la venia de Trump, y hará lo necesario para lograr ese cometido», remarcó el experto.
Según el especialista, el presidente argentino no está modificando su ideología, sino que se está adaptando a un nuevo tablero de poder global. «Milei no cambió de ideas, porque lo que cambió es el contexto: su prioridad siempre es el alineamiento hacia la Casa Blanca. Si Washington da un giro, Argentina también lo dará», explicó.
«Si para conseguir el beneplácito de Trump Milei necesita dejar de lado una política que desplegó desde su asunción, lo hará», enfatizó el investigador.
Por fuera de los vínculos personales entre el libertario y el republicano, la jugada del Gobierno argentino se inscribe en un escenario signado por un cambio de perspectiva en la diplomacia de la Casa Blanca. Según Venturino, «Estados Unidos ya cerró su negocio: quiere erigirse como proveedor de gas y reconstructor de Europa». De acuerdo a esta premisa, el sostén incondicional a Kiev «deja de ser una prioridad para Washington».
«Estados Unidos apostaba a la guerra hasta que dejó de servirle el apoyo a Kiev. Esto deja muy expuesta a Argentina en su posicionamiento geopolítico», explicó.
Un problema de fondo
Según Venturino, el repentino giro en la postura de Buenos Aires hacia Kiev denota cierta fragilidad institucional del país austral. Tradicionalmente, el país ha buscado mantener un equilibrio en sus relaciones internacionales, evitando alineamientos extremos.
«Esto da cuenta de la falta de políticas de Estado en materia geopolítica. Si un presidente puede llegar y echar por la borda el histórico posicionamiento del país, esto significa que nuestra diplomacia es débil», explicó.
El Ejecutivo argentino avanza con una premisa irrenunciable: el alineamiento irrestricto hacia la Casa Blanca favorecerá las posibilidades de lograr favores desde el gigante norteamericano. Centralmente, todas las miradas apuntan al Fondo Monetario Internacional (FMI), entidad con la cual Buenos Aires mantiene una colosal deuda que Milei busca refinanciar para, simultáneamente, conseguir desembolsos frescos que refuercen su programa económico.
Sin embargo, Venturino consideró que «los beneficios para Argentina están más en el terreno de la especulación: todavía no hemos visto demasiadas señales que reflejen un apoyo simétrico de Trump a Milei».
«Hasta ahora el respaldo de Washington está más en el plano de la fantasía que de la realidad. Lo llamativo es que incluso así el Gobierno argentino sigue dispuesto a mantener un alineamiento tan acérrimo», apuntó el experto.