Quedaron heridos, pero vivos, tras un bombardeo del ejército sionista. Dos criaturas salvajemente maltratadas por el genocida Estado de Israel. Aterradas por la dura experiencia vivida, que lamentablemente aún continuará haciéndoles sufrir, demuestran ser portadores de la humanidad que nunca han tenido ni tendrán sus verdugos.
En el hospital, el niño, temblando y en estado de shock, recibe el beso de la niña que se muestra en idénticas condiciones. Una lección que nunca podrán impartir sus agresores, porque estos no llegan ni a escoria humana.