El secuestro de Maduro, un jefe de Estado, y de su esposa, así como los ataques aéreos contra Caracas y la región circundante, han abierto la caja de Pandora. Suponen un punto de inflexión que marcará un nuevo rumbo, y no sólo en América Latina.
Inicialmente el asedio marítimo en el Caribe se justificó por el tráfico de drogas, involucrando directamente a Maduro y ocultando que el objetivo es apoderarse de los recursos estratégicos de Venezuela, en particular su petróleo.
Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del planeta, aproximadamente el 20 por cien de los yacimientos conocidos, que son el objeto de la voracidad de las grandes empresas estadounidenses de hidrocarburos.
En su incoherente verborrea, Trump ha afirmado, entre otras cosas, que Maduro utiliza el petróleo para financiar el narcotráfico y le da la vuelta al expolio, acusando a Venezuela de haber robado el petróleo estadounidense.
“Nos arrebataron todo el petróleo hace poco. Y lo queremos de vuelta. Nos lo arrebataron, lo arrebataron ilegalmente”, declaró Trump a mediados del pasado mes de diciembre.
Trump se refería a la explotación del petróleo venezolano por parte de numerosas refinerías estadounidenses desde los años veinte del siglo pasado hasta la nacionalización de la industria petrolera del país en 1976. Durante ese período, se construyeron numerosas refinerías estadounidenses para procesar el crudo extraído de suelo venezolano.
En 2019 Trump impuso el embargo para paralizar la economía venezolana y derrocar a Maduro. A principios del pasado año Trump canceló las licencias que permitían a las multinacionales de petróleo y gas operar en Venezuela a pesar de las sanciones.
Actualmente Chevron es la única empresa autorizada a enviar petróleo venezolano a Estados Unidos.
Las sanciones estadounidenses han debilitado al gobierno de Caracas, que obtenía el 96 por cien de sus ingresos del petróleo, tres cuartas partes de los cuales provenían de clientes estadounidenses, antes de que las sanciones entraran en vigor.
De 3,5 millones de barriles diarios en 2008, la producción petrolera de Venezuela ha caído a menos de un millón de barriles diarios, debido a las sanciones estadounidenses.
El país ahora vende su producción petrolera en el mercado negro a precios significativamente más bajos, principalmente a China. En respuesta, Washington anunció en las últimas semanas un bloqueo total contra los petroleros sancionados que viajan a Venezuela y confiscó varios barcos.
Venezuela, que atravesó una grave crisis económica entre 2014 y 2021, sigue en una situación precaria a causa de las sanciones estadounidenses. La economía venezolana cerró el ejercicio pasado con una inflación superior al 500 por cien.
Las exportaciones podrían caer un 45 por cien en los próximos cuatro meses y los ingresos en divisas serán un tercio de lo que eran.


