Luís Manuel Arce Isaac (Juventud Rebelde).— El ataque militar de Estados Unidos contra zonas de Caracas y del interior del país es una demostración del nivel de locura al que ha llegado el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lo cual ratifica lo expresado por muchas personas de que no está apto para continuar dirigiendo ese país.
El propio Trump confirmó el ataque y los hechos del secuestro del presidente constitucional de Venezuela, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, electo por el pueblo en comicios legales y verificados, lo que hace mucho más grave aún la violación de la Carta de Naciones y del Derecho Internacional.
Seguramente Trump habría considerado la importante reacción mundial que generaría tal atrocidad, pero aun así ordenó el ataque sin importar víctimas y daños materiales de un crimen brutal y alevoso que tensa demasiado la situación internacional, un hecho inaudito que la humanidad no debe permitir, por lo que se ha de exigir en masa que regrese Nicolás Maduro vivo y sano a su país, y Trump pida disculpas por lo hecho.
El mundo debe pedirle que no agrave más la situación, ni incendie al continente con ataques a otros posibles países, y que respete la decisión de los latinoamericanos de que América Latina y el Caribe es una zona de paz.
Está claro que, por mucho que lo desee, el petróleo venezolano es de Venezuela, no de Estados Unidos, al igual que Suramérica y el Caribe no pueden ser gobernados desde Washington, y Trump debe respetar la Carta de la ONU y los demás compromisos del Derecho Internacional signados por Washington.
Naciones Unidas ha de romper en esta ocasión el derecho de veto que amarra las decisiones del Consejo de Seguridad, y que la Asamblea General de la ONU tome una resolución vinculante de condena y sanción a la Casa Blanca, el Pentágono y el Departamento de Estado, para impedir que el mundo se desmorone.
La Corte Penal de Justicia debe actuar como lo hizo contra Benjamín Netanyahu por su genocidio contra el pueblo palestino, y declarar a Trump culpable de invasión y crimen de lesa humanidad contra Venezuela y solicitar orden de captura, porque una persona en ese estado síquico no puede seguir al frente de los destinos de una nación que posee un arsenal nuclear que puede desatar en segundos una debacle que acabe con el ser humano como especie.
Hoy más que nunca, es necesaria la acción del noble pueblo estadounidense para oponerse a las canalladas y locuras de un supremacista obcecado con el poder, que no para en su alucinante deseo de creerse el dueño del mundo.

