
Este 3 de enero en horas de la madrugada Estados Unidos ejecutó su plan para derrocar al gobierno de la República Bolivariana de Venezuela. Tras meses de amenazas y “diálogos” diplomáticos bilaterales, Donald Trump dio la orden para invadir Venezuela. Este hecho no tiene que ver con la paz y estabilidad en la región, sino que al contrario, busca instalar un gobierno satélite que entregue los recursos estratégicos venezolanos al imperio.
No hay duda que la guerra psicológica intentó tener impacto, no solo para los hermanos venezolanos, sino que fue un mensaje para la región y el mundo. Estados Unidos tiene dos objetivos claros, posicionarse nuevamente en Latinoamérica ante la creciente influencia de China a nivel corporativo y diplomático, y apropiarse de los recursos hidrocarburíferos, minerales e hídricos del país como parte de un proyecto a largo plazo, para lo cual establecieron un plan de posicionamiento a la figura de María Corina Machado como la imagen más prominente de la oposición al gobierno de Nicolás Maduro. Además, de esta manera, Trump busca silenciar la investigación que se lleva en su contra por sus vínculos con Epstein.
Cabe señalar, que EEUU ahora mismo se encuentra en una crisis interna que afecta directamente a Trump y su gabinete en términos de gobernabilidad. Su camino más práctico es mostrar “músculo” usando a Venezuela como chivo expiatorio de un disparatado y desgastado discurso de narcotráfico. Claramente la balanza está contra Trump, pero este hecho no quita, en sí, el objetivo corporativo del imperialismo norteamericano. Cabe señalar que Trump es solo la imagen de un círculo lobista corporativo con proyecciones a futuro sobre los recursos naturales, geológicos y acuíferos como parte del dominio global, entendidos en la lógica hegemónica imperialista, entendiéndose mejor en clave Gramsciana.
Latinoamérica no puede volverse el patio trasero de Estados Unidos, tal como fuera en la segunda mitad del siglo XX. Es el momento de fortalecer los lazos entre organizaciones afines, entre compañeros, camaradas y coidearios. Sin duda, las propias condiciones globales no dan lugar una contundencia política, pero si nos permite informarnos, para prepararnos intelectualmente y organizarnos con un propósito claro, acabar con el ciclo imperialista, venga de donde venga.
Claramente Estados Unidos es un imperio en decadencia, sus discursos y acciones dan muestra de ello, pero la opción práctica en otras crisis capitalistas es poner al planeta en vilo, llevándose consigo a la clase obrera global. Es tiempo de hacer frente y entender el fenómeno a fondo y para esto la organización es crucial. La amenaza, continúa contra Colombia. Nada garantiza nada con un loco cerca de un botón nuclear guerrerista.
En cuanto a los gobiernos del mundo y de la región, es preocupante como la gran mayoría llame a la calma, ante tal agresión con impacto mediático masivo. La mayoría de gobiernos socialdemócratas, piden calma, vaciada y surrealista, desconectada de la realidad global.
o es de extrañar, pues la socialdemocracia usualmente ha dado paso al posicionamiento de las derechas en el poder y al auge del fascismo al mostrar neutralidad, cuando lo correcto es mostrar firmeza y claridad.
Alejandro Ríos Alvear
Quito, 04 de enero de 2026

