
El ejército israelí ejecutó este viernes 23 de enero una nueva serie de ataques contra el sur del Líbano y el valle de Bekaa, alcanzando incluso a una patrulla conjunta del ejército libanés y de la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano (UNIFIL).
Estos ataques ocurren en un contexto de violación sistemática del acuerdo de cese de hostilidades y de la Resolución 1701 de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), consolidando la política de ocupación que mantiene Tel Aviv en cinco puntos estratégicos del territorio libanés. La ofensiva se extendió hacia infraestructura civil mediante el uso de drones, los cuales impactaron en la carretera Riyaq-Baalbek y en las cercanías del Hospital Dar Al Amal en la ciudad de Dours.
Asimismo, un helicóptero israelí lanzó bombas contra trabajadores en la localidad de Markaba, elevando la cifra de víctimas fatales a más de 400 personas desde que se firmó el supuesto alto el fuego en noviembre pasado. El canciller de Cuba, Bruno Rodríguez, denunció que estos bombardeos contra viviendas y servicios esenciales agravan la inestabilidad en Oriente Medio y obstaculizan cualquier esfuerzo por la paz regional, señalando la responsabilidad directa de Israel en la destrucción sistemática del sur libanés.
Bajo el pretexto de atacar posiciones de la resistencia libanesa Hezbolá, Israel realiza incursiones frecuentes al norte del río Litani, zonas que ni siquiera estaban incluidas en las fases iniciales de desarme, lo que evidencia un plan de expansión territorial y coerción militar. Esta escalada de violencia, respaldada por la impunidad que brinda el apoyo de Washington, convertido el sur del Líbano en una zona de guerra abierta donde el Derecho Internacional es ignorado deliberadamente.

El Gobierno libanés y organismos internacionales reiteran que la permanencia de tropas israelíes en puestos de observación dentro de su territorio constituye una violación flagrante a su soberanía que amenaza con incendiar nuevamente toda la región. Al menos 19 ciudadanos, entre ellos varios periodistas, resultaron heridos este viernes tras esta nueva oleada de bombardeos israelíes contra el sur del Líbano, en lo que constituye una flagrante violación del derecho internacional y del alto el fuego vigente desde noviembre de 2024.
Las autoridades libanesas informaron que los ataques se ejecutaron de manera simultánea contra zonas residenciales en las localidades de Al Kharayeb, Jarjoua, Al Kafour y Quennarit. El Ministerio de Salud Pública del Líbano precisó que debido a la gravedad de los impactos, dos de las víctimas permanecen en cuidados intensivos, mientras que el resto de los afectados recibe atención por traumas y heridas de diversa consideración.
Desde que se pactó la tregua a finales de 2024, Tel Aviv realizó más de 10.000 incursiones en territorio libanés, una cifra alarmante que incluye operativos terrestres y constantes violaciones del espacio aéreo. El régimen israelí intensificó su agresividad mediante bombardeos no anunciados y ataques directos contra la misión de paz de la ONU (Finul), afectando severamente la infraestructura civil y la estabilidad nacional.
Beirut advirtió que estas acciones, lejos de ser incidentes aislados, forman parte de una escalada sistemática que busca socavar el acuerdo de cese de hostilidades y mantener bajo asedio permanente a las poblaciones del sur y el este del país. A pesar de que el acuerdo obliga a la retirada total de las fuerzas de ocupación, Israel mantiene tropas desplegadas ilegalmente en al menos cinco posiciones estratégicas, violando la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU.
Estas infracciones diarias, que incluyen el uso indiscriminado de drones y artillería pesada, demuestran el desprecio de Tel Aviv por los compromisos internacionales y la soberanía del Líbano. La comunidad internacional observa con preocupación cómo la persistencia de estas agresiones pone en grave peligro la paz regional, mientras el pueblo libanés continúa resistiendo un asedio cotidiano ante la impunidad con la que opera el ejército israelí.

