Rusia le otorga un significado especial al Día de Conmemoración del Holocausto porque asocia esa fecha con las tragedias que el nazismo llevó a su territorio, afirmó el presidente ruso, Vladímir Putin, en una reunión con representantes de la comunidad judía.
«Me gustaría señalar que en Rusia se concede especial importancia a este día, porque recordamos las desgracias que el nazismo trajo a nuestra tierra: más de un millón de judíos soviéticos y rusos fueron víctimas de esos crímenes», recordó el mandatario ruso.
Además, Putin destacó que en estos días la comunidad judía de Rusia organiza «toda una serie de actos dedicados a la memoria de las víctimas del Holocausto», en los que participan muchas personas «de muy distintas nacionalidades». Agregó que no es casual que esta jornada, fijada por una resolución de la Asamblea General de la ONU, coincida con el Día de la Liberación Completa de Leningrado del asedio nazi.



La mayoría de los campos de concentración nazis estaban hubicados en Polonia y fueron liberados por el Ejército Soviético. Sin embargo, ni siquiera en Auschwitz se menciona a dicho ejército.
«Este libro es tanto una anatomía como una denuncia de la industria del Holocausto. En las páginas que vienen a continuación, argumentaré que «el Holocausto » es una representación ideológica del holocausto nazi1. Como la mayoría de las ideologías, posee cierta relación con la realidad, aunque sea tenue. El Holocausto no es un constructo arbitrario, está dotado de coherencia interna. Sus dogmas fundamentales respaldan importantes intereses políticos y de clase. De hecho, el Holocausto ha demostrado ser un arma ideológica indispensable. El despliegue del Holocausto ha permitido que una de las potencias militares más temibles del mundo, con un espantoso historial en el campo de los derechos humanos, se haya convertido a sí misma en Estado «víctima», y que el grupo étnico más poderoso de los Estados Unidos también haya adquirido el estatus de víctima. Esta engañosa victimización produce considerables dividendos; en concreto, la inmunidad a la crítica, aun cuando esté más que justiicada. Debo añadir que quienes disfrutan de dicha inmunidad no están libres de la corrupción moral que suele irle aparejada».
La industria del holocausto – Norman Finkelstein