
El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, calificó como un grave error estratégico la decisión de la Unión Europea (UE) de declarar como organización terrorista al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), unidad de élite de las Fuerzas Armadas iraníes. Araghchi denunció que, mientras diversos países intentan evitar una guerra total en la región, Europa se dedica a avivar las llamas del conflicto mediante trucos publicitarios que buscan ocultar su declive como actor global.
El canciller advirtió que el continente se vería severamente afectado por el aumento de los precios de la energía ante una eventual escalada bélica a gran escala. La medida del bloque comunitario surge tras la ola de protestas que sacudió a Irán a finales de diciembre de 2025, motivadas por el deterioro económico y alentadas por sectores monárquicos y potencias extranjeras.
Teherán acusó directamente a Estados Unidos e Israel de orquestar estos disturbios, que dejaron un saldo oficial de 3.117 muertos, entre los que se incluyen más de 100 agentes de seguridad asesinados en lo que el Gobierno describe como acciones de grupos terroristas infiltrados. Araghchi señaló la hipocresía de la UE al apresurarse a sancionar a Irán mientras mantiene una complicidad silenciosa ante el genocidio perpetrado por el régimen israelí en la Franja de Gaza.
El jefe de la diplomacia iraní reiteró que las Fuerzas Armadas de su país son una institución nacional legítima y que su designación como entidad terrorista carece de racionalidad y viola el derecho internacional. Advirtió que Teherán responderá con medidas recíprocas ante cualquier restricción impuesta por Bruselas, subrayando que la República Islámica posee una preparación militar extensa frente a las amenazas del imperialismo.
En este escenario de máxima tensión, Irán instó a los Gobiernos europeos a adoptar una opción inteligente de diálogo en lugar de seguir las políticas inhumanas de la Administración de Donald Trump, que busca arrastrar a la región hacia una confrontación innecesaria. En ese sentido, la República Islámica de Irán rechazó de manera categórica las declaraciones belicistas del presidente norteamericano y advirtió que cualquier agresión militar contra su territorio recibirá una respuesta inmediata, total y sin precedentes.
Por su parte, el asesor del líder supremo, Ali Shamjani, fue contundente al señalar que cualquier acción de Washington, sin importar su nivel u origen, será considerada el inicio de una guerra que alcanzará directamente a Tel Aviv y a todos los aliados del agresor. El canciller Abás Araqhchi reafirmó que la nación mantiene el dedo en el gatillo para defender su soberanía, mientras el ayatolá Alí Jamenei prohibió formalmente cualquier negociación directa con la Casa Blanca ante el actual escenario de hostilidad.
Ante el despliegue de lo que Trump denomina su «hermosa armada» en la región, el Ejército iraní anunció la incorporación de nuevos drones de combate de última generación, diseñados bajo la experiencia de recientes confrontaciones.
Teherán preparó un plan de represalia masiva que incluye el uso de misiles de crucero contra bases en el Golfo Pérsico y el posible bloqueo del Estrecho de Ormuz, una arteria vital para el comercio energético mundial. Analistas internacionales destacan que Irán adoptó una estrategia de cautela activa frente a la volatilidad de la política exterior estadounidense, reforzando sus capacidades defensivas y sus alianzas con los movimientos de resistencia regionales.
Aunque existen canales de diálogo indirectos a través de mediadores como Omán y Qatar, la postura iraní es de firmeza absoluta frente a la pretensión de Trump de desmantelar su programa nuclear. El profesor Mohammad Marandi subrayó que el país está preparado para cualquier escenario, dejando claro que el costo de una agresión para Estados Unidos y sus aliados sería incalculable, mientras las fuerzas iraníes elevan su nivel de preparación operativa para proteger la integridad del Estado persa.

