
María Julia Mayoral (Granma).— Flujos financieros de fuentes públicas y privadas contribuyen al deterioro del planeta: por cada dólar que la humanidad invierte en proteger la naturaleza, gasta 30 en destruirla, reveló el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).
Nadie debería ignorar el «grave desequilibrio», cuyo auge en las últimas décadas colocó a «más especies en peligro de extinción y a ecosistemas vitales al borde del colapso», señaló el PNUMA, en un informe presentado en enero de este año.
El documento –Estado de las Finanzas para la Naturaleza 2026–esboza el carácter insostenible del actual proceso de globalización, con una economía basada fundamentalmente en la extracción de recursos naturales, sin tener en cuenta los efectos ambientales.
«Si seguimos el rastro del dinero, vemos la magnitud del desafío que tenemos por delante. Podemos invertir en la destrucción de la naturaleza o impulsar su recuperación: no hay punto intermedio», dijo la directora ejecutiva del organismo, Inger Andersen.
Estadísticas de 2023 nutrieron la pesquisa por ser el año más reciente para el que se dispone de datos de forma consistente, aclaró el reporte, cuyo contenido confirma perniciosas y añejas tendencias.
Según la investigación, los flujos financieros negativos para la naturaleza ascendieron a 7,34 billones de dólares, al considerar las inversiones empresariales y las subvenciones estatales en el periodo.
Con un monto aproximado de 4,9 billones de dólares, los movimientos de capitales privados concentraron su atención en servicios públicos, industria, energía y materiales básicos, entre ellos, acero, cemento y compuestos químicos.
En tanto, los subsidios gubernamentales –por unos 2,4 billones de dólares– ampararon actividades dañinas en áreas como agricultura intensiva, pesca industrial, consumo de agua dulce, explotación de combustibles fósiles, transporte y construcción.
A la inversa, las soluciones basadas en la naturaleza (SbN) –por ejemplo, la restauración de ecosistemas, la protección de humedales o la gestión sostenible de diversos parajes– apenas recibieron 220 000 millones de dólares en 2023. Además, el 90 % del financiamiento salió de las arcas públicas, contrastó el examen.
El aporte privado para tales fines solo llegó a 23 400 millones de dólares, equivalentes al 10 % del total. Ni las empresas ni el sector financiero, sopesó el diagnóstico, invierten a gran escala en las SbN, a pesar de la creciente conciencia sobre las dependencias, los riesgos y las oportunidades relacionados con el tema.
«Mientras la financiación para soluciones basadas en la naturaleza avanza a rastras, las inversiones y los subsidios perjudiciales surgen por delante», remarcó Andersen, quien calificó el informe como una hoja de ruta a fin de modificar las malas prácticas.
El texto expone un conjunto de propuestas encaminadas a secuenciar reformas y ampliar la aplicación de las SbN en la totalidad de las esferas productoras de bienes y servicios.
De acuerdo con los expertos, las SbN resultan ventajosas desde el punto de vista económico. La restauración de tierras degradadas puede ofrecer retornos de entre siete y 30 dólares por cada dólar invertido, además de contribuir a la mitigación del cambio climático y la reducción del riesgo de desastres, ilustró el PNUMA.
Al menos la mitad del producto interno bruto mundial está moderada o altamente condicionada por los servicios que proveen los ecosistemas: agua, suelos fértiles, polinización, estabilidad climática y recursos biológicos, argumentó el ente de las Naciones Unidas.
Hallazgos científicos demuestran, al mismo tiempo, los perjuicios ocasionados por el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la degradación de los suelos, la desertificación, la contaminación y los desechos.
Si continúan las trayectorias actuales de desarrollo, los estragos podrían intensificarse en el futuro, advirtió la institución en un anterior dictamen, bajo el rótulo de Global Environment Outlook, Seventh Edition: A Future We Choose (GEO-7).
Presentado en diciembre de 2025, el GEO-7 abogó por enfoques integrales para transformar los sistemas de economía y finanzas, materiales y desechos, energía, alimentación y medio ambiente.
Ello generaría beneficios macroeconómicos globales que podrían alcanzar los 20 billones de dólares anuales para 2070 y seguir creciendo, precisó el pronóstico.
A juicio del PNUMA, no existe una solución rápida para la emergencia climática y la sobrexplotación de los recursos naturales, pero hay alternativas para encarar los desafíos y promover los beneficios de la biodiversidad en la Tierra.

