Una solución colectiva

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En la UCI se crearon aulas temporales para que niños y adolescentes que residen en la comunidad universitaria mantengan su curso escolar sin interrupciones

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Como parte de las medidas adoptadas por el desabastecimiento de combustible se creó el proyecto, Pioneros.uci.cu, en el cual niños y adolescentes, desde preescolar hasta noveno grado y que residen en la uci, reciben clases en esa Universidad. Foto: Juvenal Balán

Carmen Maturell Senon (Granma).— El timbre suena a las 7:50 de la mañana en la Universidad de las Ciencias Informáticas (UCI). En estos días, quienes se forman detrás de los pupitres no son los jóvenes universitarios de siempre, sino un grupo de niños y adolescentes que, ante la imposibilidad de trasladarse a sus escuelas por la compleja situación energética que enfrenta el país, encontraron en esta casa de altos estudios una solución inmediata.

Las razones estaban ahí: familias que residen dentro de la comunidad universitaria, pioneros matriculados en escuelas distantes y la imposibilidad de garantizarles transporte diario.

Por eso, ante la disyuntiva de cómo continuarían los estudios académicos, habilitaron aulas temporales para los 95 estudiantes –hijos de los trabajadores– que cursan la enseñanza Primaria y Secundaria Básica. Una iniciativa única que por primera vez una universidad la asume.

«Cuando pensamos en la posibilidad de que eso ocurriera, consultamos con el Ministerio de Educación y la dirección del municipio de La Lisa». Todo fue muy rápido, y pudo serlo precisamente «por el amor que despierta esta tarea», recuerda Raydel Montesino Perurena, rector de la UCI, como quien recuerda la exaltación de un primer día de clases.

La universidad –que en estos momentos tiene a sus estudiantes de pregrado en las provincias de origen como parte de la reorganización del curso en formato semipresencial y a distancia– como otros centros de estudio, adopta medidas atemperadas a las circunstancias reales que afronta el país.

En este caso, Naima Trujillo Barreto, ministra de Educación, explicó a Granma que la experiencia «ni la hemos tenido antes así ni está sucediendo en otras escuelas». Por eso continuarán tomándose decisiones dependiendo del periodo de extensión, el alcance y el vínculo con las escuelas de los niños.

ALIANZAS: FAMILIA Y UNIVERSIDAD

Uno de los principales retos ha sido, sin duda, la preparación pedagógica. Para esta idea los profesores que imparten las clases son profesionales graduados en enseñanza, la mayoría padres y maestros que residen en la UCI, quienes recibieron preparación metodológica adecuada al nivel de escolaridad.

Aunque eso sí «tratamos de que ningún padre le dé clases a su hijo. Fue una de las cosas que tuvimos en cuenta», dice Montesino Perurena, y agrega que los profesores chequean la disciplina, la puntualidad, la asistencia, porque «queremos que se sientan como en sus escuelas habituales».

La primera semana estuvo dedicada a la organización y al diagnóstico. Los niños provienen de diferentes escuelas del municipio capitalino de La Lisa y, por tanto, traen distintos niveles de avance. Por ello, los maestros han concentrado sus esfuerzos en consolidar los contenidos ya vistos y nivelar los grupos.

Y de eso puede dar fe Yerania Sardá, directora de extensión universitaria en la UCI, madre de una de las niñas que cursa primer grado y ahora también profesora en el proyecto. Dice que, en ese afán de complicidad con los infantes, ha sido necesario «estudiar y adecuarnos a las orientaciones metodológicas, porque los métodos de la Enseñanza Superior y la Primaria son completamente diferentes. Pero el deseo de que los niños continúen su proceso lo hace más fácil».

En cada aula se perciben medios de enseñanzas acorde al desarrollo de los infantes. En el horario de la mañana se imparten las asignaturas básicas de Español y Matemática, y por la tarde los pioneros realizan actividades complementarias como Educación Musical, Computación, Inglés, y se integran a proyectos que ya existían en la universidad para la comunidad.

Milenia Ayala Leiva, trabajadora de la empresa de software de la UCIy madre de dos niños, mientras prepara su clase de Matemática para tercer grado, está convencida de que «esto tiene que dar resultado».

Dice que muchos, al igual que ella, asumieron la docencia como un reto más, «por eso debemos hacerlo bien. Y aunque tengamos nuestras dudas lo hacemos desde la nobleza, porque la base de todo es el amor, que nuestros hijos no se queden sin clases, proteger la infancia ante cualquier contingencia».

Los niños, mientras tanto, viven como si siempre hubieran estado en esas aulas. Expresan que están felices, que estudian con «los amigos conocidos» y que no quieren que se vaya esta escuela, y quizá esa sea la mejor noticia.

LECCIONES PARA EL FUTURO

La experiencia no ha estado exenta de desafíos logísticos. Desde la dirección de mantenimiento y servicios se trabaja para mantener las aulas en óptimas condiciones. Además, habilitar el lugar, garantizar las condiciones de higiene y mantener los espacios requirió de un esfuerzo colectivo en el que los padres también fueron protagonistas.

Montesino Perurena cuenta que fue necesario adecuar los espacios de un edificio docente universitario a las aulas de un nivel educativo distinto, así como el sistema de trabajo con horarios y métodos propios de estas edades.

Sabe que no se trata de «inventar una fórmula»: se trata de mirar las circunstancias y preguntarse qué se puede aprender. Porque en Cuba, las soluciones de emergencia suelen terminar siendo, con el tiempo, enseñanzas. Y esta, la escuela que no estaba en los planes, la que nació en cuatro días, es ejemplo de ello.

El Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz dijo una vez que la UCI debe caracterizarse por la gran variedad de formas diferentes de enseñar, de preparar… centro docente experimental, centro docente productor. «Y en estos momentos, buscar soluciones forma parte de la resiliencia del pueblo cubano», resalta Montesino Perurena.

***

Cuando cae la tarde, los pasillos de la UCI, vacíos de universitarios, se llenan de ruido, de risas, de «¿cómo te fue?». Los niños cuentan su día, los padres escuchan. Por un rato, la universidad vuelve a ser pueblo, donde, en medio de la complejidad, algunos decidieron que lo más importante era hacer esto: que los niños no perdieran el curso escolar.

Fuente: granma.cu

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