Cárceles sionistas: un sistema de tortura contra el pueblo palestino

0

Tatiana Delgado (Unidad y Lucha).— Testimonios recientes de personas secuestradas y posteriormente liberadas de las cárceles sionistas confirman una realidad que las organizaciones denuncian desde hace décadas: el sistema penitenciario del ocupante actúa como un instrumento central de dominación colonial y terror político. Las prisiones son descritas por quienes las han sufrido como auténticas “tumbas para los vivos”, espacios diseñados para quebrar cuerpos y conciencias en el marco de una estrategia de represión sistemática contra el pueblo palestino.

A comienzos de 2026, organizaciones palestinas de seguimiento estiman que casi 10 000 personas se encuentran encarceladas en estas prisiones y centros de detención. La mayoría son hombres adultos, pero el uso del encarcelamiento como arma política se extiende de forma deliberada a mujeres, infancia y adolescencia.

Entre las personas detenidas se contabilizan aproximadamente entre 50 y 60 mujeres, incluidas menores de edad, muchas de ellas secuestradas en puestos de control o durante redadas nocturnas. Asimismo, se estima que entre 300 y 350 personas en la infancia y la adolescencia palestinas permanecen presas, algunas desde los 12 o 13 años, en flagrante violación del “extinto” derecho internacional.

Uno de los elementos más represivos es la detención administrativa, que permite encarcelar indefinidamente sin cargos ni juicio, basándose en “pruebas secretas”. Así, hay mujeres y decenas de menores, lo que evidencia que esta figura no responde a supuestas “necesidades de seguridad”, sino a una lógica de castigo colectivo y control político.

Actualmente, más de 3 300 personas están bajo “detención administrativa” y otras 1 237 son etiquetadas como “combatientes ilegales”, una categoría usada para negar derechos básicos y someter a las personas a detención indefinida sin revisión judicial efectiva. El resto de las presas y presos, aunque formalmente “acusadas”, rara vez acceden a juicios justos. Los tribunales militares sionistas —con tasas de condena superiores al 95 %— funcionan como una extensión del aparato represivo.

Estas cifras no son meros números: corresponden a vidas humanas arrancadas de sus comunidades, familias y futuros. Los testimonios de personas liberadas revelan que la tortura no es un exceso individual, sino una práctica institucionalizada. Golpizas, descargas eléctricas, privación del sueño, hambre, frío extremo, amenazas sexuales, humillaciones y negación de atención médica forman parte de la rutina diaria.

Una persona que estuvo detenida en el campo de Sde Teiman relató que tres meses de cautiverio se sintieron como diez años debido a la violencia sufrida. Otra, dedicada a la pesca en Gaza, fue secuestrada en el mar y describió un deterioro constante de las condiciones de detención. Mujeres liberadas denunciaron registros corporales degradantes, interrogatorios nocturnos y agresiones físicas y verbales continuas.

Particularmente grave es la situación de la infancia y la adolescencia. El testimonio de Bashir, secuestrado durante una redada en un refugio escolar con 18 años, expone un patrón de tortura extrema: electrocuciones, ataques con perros, encadenamiento prolongado, desnudez forzada y humillaciones diseñadas para destruir la dignidad humana, como obligar a menores a imitar sonidos de animales. En prisiones supuestamente “para menores”, las palizas ritualizadas forman parte del proceso de ingreso.

Desde octubre de 2023, con el recrudecimiento del genocidio en Gaza, las organizaciones de derechos de las personas presas han documentado un salto cualitativo en el uso de la tortura. Ya no se trata solo de arrancar confesiones, sino de integrar la violencia en la vida cotidiana de la persona detenida, como método de dominación prolongada.

Las cárceles sionistas funcionan, así, como un pilar fundamental del régimen de apartheid y ocupación. Allí se encierra, tortura y se intenta desmoralizar a quienes encarnan la resistencia popular, desde militancia política hasta población trabajadora, incluyendo mujeres y población infantil.

El encarcelamiento masivo del pueblo palestino no podría sostenerse sin la complicidad activa del imperialismo y el silencio de las instituciones internacionales. La lucha por la liberación de presas y presos palestinos es una tarea ineludible porque es una lucha contra el colonialismo, el sionismo y el sistema imperialista que lo respalda.

Frente a las “tumbas para los vivos”, la solidaridad internacionalista y la denuncia organizada se convierten en responsabilidades políticas urgentes para las fuerzas revolucionarias del mundo.

SIN COMENTARIOS

DEJA UN COMENTARIO (si eres fascista, oportunista, revisionista, liberal, maleducado, trol o extraterrestre, no pierdas tiempo; tu mensaje no se publicará)

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.