
Neda sin agua: la sequía no es la excusa, es la dejadez
Esta mañana, muchos vecinos y vecinas de Neda se levantaron de la cama para descubrir que no había ni una gota de agua. Ni para beber, ni para cocinar, ni para lavarse. Nada. El agua de la traída, sencillamente, no llegaba a sus casas, y nadie del Ayuntamiento se molestó en avisar antes de que la gente se encontrara con el grifo seco.
Cuando llamé para preguntar qué estaba pasando, una funcionaria me explicó que la causa era la sequía, que el agua no llega a las zonas altas del municipio. La sequía. Como si la sequía fuese una sorpresa. Como si no existiera todos los veranos desde hace años.
Estamos terminando el mes de agosto, no es la primera semana de julio: el nivel de los depósitos tenía que estar ya muy bajo desde hace un mes, desde hace quince días, desde hace dos meses. Esto no se evaporó de un día para otro. Esto es exactamente lo que pasa cuando no hay previsión, cuando no hay nadie pendiente del día a día del Ayuntamiento, ni desde la parte política ni desde la parte técnica de la empresa responsable del agua.
Y, por lo que parece, el Ayuntamiento ya conocía desde hacía días que existía un problema de escasez de agua. Si esto es así, la pregunta es inevitable: ¿por qué no se convocó hace días una reunión extraordinaria y urgente para analizar la situación y establecer un protocolo de actuación ante la posibilidad de que la traída no pudiera garantizar el suministro a las viviendas?
Porque una cosa es enfrentarse a una emergencia imprevista y otra muy distinta es conocer con antelación que existe un problema y esperar a que el agua deje de llegar a las casas para empezar a buscar soluciones.
Una Administración responsable tiene que anticiparse. Si los depósitos estaban bajando y se sabía que el suministro podía verse comprometido, había que decidir con antelación qué hacer, cómo garantizar el abastecimiento, dónde llevar agua, cómo distribuirla y, sobre todo, cómo hacerla llegar a las personas que tienen más dificultades para desplazarse.
Y aquí hay otro aspecto que parece que tampoco se ha tenido suficientemente en cuenta: la realidad demográfica y territorial de Neda.
Neda no es solamente el núcleo urbano. Una parte importante de su población vive en el rural, en parroquias y lugares dispersos. Y muchas de esas personas son mayores. Hay vecinos y vecinas de 70, 80 e incluso 90 años para quienes desplazarse hasta un determinado punto del municipio para recoger agua no es algo sencillo.
Si la solución que se plantea es colocar camiones cisterna en determinados puntos y esperar que cada vecino se desplace hasta ellos con una garrafa, habrá que preguntarse seriamente si eso es realmente una solución.
Una garrafa de agua puede servir para beber durante un tiempo, pero no resuelve las necesidades básicas de una familia durante todo un día. No sirve para cocinar, beber y mantener unas mínimas condiciones de higiene con normalidad. Y mucho menos puede considerarse una solución adecuada para una persona mayor que vive sola y que quizá ni siquiera pueda desplazarse hasta el lugar donde se encuentre el camión.
¿De verdad vamos a decirle a una persona de 80 o 90 años que, además de quedarse sin agua en su casa, tiene que bajar hasta determinado punto con una garrafa para poder conseguirla?
Eso no es garantizar el abastecimiento. Es trasladar el problema desde la tubería hasta el ciudadano.
Y mientras tanto, ¿qué hace el Ayuntamiento? Reunirse a toda prisa para ver si piden permiso a la Xunta para traer agua desde Lugo o desde donde toque, porque ahora hay que solicitar permiso a la Xunta para ir a buscar agua en camiones cisterna. Qué maravilla.
El problema nunca fue no saber resolver una emergencia sobre la marcha, camaradas: el problema es no haberla previsto cuando aún había tiempo de sobra para evitarla. No se trata de improvisar soluciones cuando el pueblo ya está sin agua; se trata de haber hecho el trabajo antes.
Y esta misma falta de previsión, esta misma dejadez, no se limita al agua. Las cunetas de Neda llevan meses sin cortar, porque en agosto ya no hay tractores disponibles para contratar, ya que nadie se preocupó de organizarlo con tiempo. Hay contenedores de vidrio que llevan tres años —tres años— llenos hasta arriba sin que nadie venga a vaciarlos. El contenedor está ahí, pero ya no sirve para nada porque no cabe ni una botella más, y a nadie le importa.
Y aquí conviene recordarlo alto y claro: Neda no es solo Santa María, no es solo el entorno donde vive el alcalde de turno o la calle donde está la Casa Consistorial. Neda es también el rural, cada parroquia y cada vecino que paga sus impuestos igual que cualquier otro.
Un Ayuntamiento pequeño no tiene grandes misterios que resolver: su función es que haya agua, que haya luz, que las cunetas estén limpias y que las carreteras estén asfaltadas. Nada más y nada menos que eso. Y, si no se es capaz ni de garantizar eso, entonces, ¿para qué se está ahí?
No se gobierna un municipio saliendo en la foto de turno ni paseando por el pueblo el día de la fiesta patronal. Se gobierna trabajando cada día, conociendo las necesidades reales de la gente y anticipándose a ellas.
Que hoy se nos diga que la culpa es de la sequía y que la única respuesta sea una reunión de urgencia para ver si traen un camión de agua es, sencillamente, ridículo.
La sequía puede explicar que haya menos agua. Lo que no explica es la falta de previsión.
Si el problema se conocía desde hacía días, entonces había tiempo para prepararse. Y si había tiempo para prepararse y no se hizo, la responsabilidad ya no puede atribuirse únicamente a la sequía.
La sequía no es la causa de que no exista previsión: la causa es la dejadez de quienes tienen la obligación de prever y no lo hacen.
André Abeledo Fernández (vecino de Neda)





