Con motivo de los 50 años desde el fallecimiento de Franco, la propaganda gubernamental ha puesto en marcha diversas iniciativas. Con estas pretenden conmemorar la llegada de lo que llaman “democracia” y añadir más maquillaje al régimen para paliar la crisis que lo aqueja. El gobierno apela a la “memoria histórica”, pero tal como la plantean no es más que una insultante amnesia. Saben que no se puede entender el presente ni conquistar el futuro si se desconoce el pasado. Así difunden que con el deceso del Caudillo y la imposición de la farsa constitucional -con todo tipo de mentiras y de chantajes repletos de terrorismo de Estado-, por arte de magia se esfumó la dominación fascista. Como si fuera posible la transición a un régimen democrático-burgués sin ruptura alguna con el fascismo. Este solo se reformó para encubrirse mejor y tener así la capacidad de perpetuarse en el poder. Puesto que tanto por el contexto internacional como por las luchas que los desbordaban en las calles, les era inviable dejar el Régimen intacto. Ante el peligro de una insurrección que se lo arrebatara todo e hiciera justicia, decidieron pintar el edificio manteniendo la estructura. “Cambiar algo para que todo siga igual”.
El propio rey emérito colocado a dedo por Franco, reconoce en sus infames “memorias” que maniobraron para evitar a toda costa la Ruptura impulsando la Reforma. Aunque por intereses evidentes incurra en la contradicción insostenible de erigirse como máximo defensor de la “democracia”. La Ruptura con el Régimen, fascista hubiera implicado que se condenara a los culpables de tanta opresión criminal, se recuperaran todos los derechos y libertades arrasados, se honrara a todos los luchadores antifascistas, se defendiera una verdadera memoria y se iniciara un proceso constituyente desde el pueblo y para el pueblo. Algo que sobre todo la oligarquía y sus secuaces que amasaron fortunas con Franco a costa de la bárbara sobreexplotación y de tantos crímenes, no iban a permitir. Incluso la monarquía representante de sus intereses fue impuesta de forma totalmente antidemocrática. El Presidente Suárez fue grabado asegurando que se negó al referéndum porque las encuestas daban la victoria a la opción republicana. Este grave hecho es uno más de la infinidad que prueban la gran farsa del paso a una “democracia”.
Muchos se preguntan cómo es posible que se nos encarcele por según qué cosas, que la corrupción esté tan generalizada en todos los pilares del Estado, que fascistas de toda índole gocen de amparo institucional -incluso yendo de caza armados y llamando al asesinato de colectivos vulnerables- o que estén ilegalizadas organizaciones que han defendido intereses obreros y populares. Les sorprende porque en parte han interiorizado la falacia de que se puso fin al poder fascista. De ahí que sea tan importante reivindicar una auténtica memoria histórica, recordando que desde los tribunales a los cuerpos represivos y militares no tuvieron depuración alguna. Perpetuando así su papel represor del antifascismo y de cualquier otra causa realmente progresista. Tal fue y es su descaro que numerosos y conocidos torturadores fascistas continuaron con puestos de responsabilidad. Aún hoy mantienen condecoraciones, pensiones públicas y encima se nos condena a prisión por denunciarlo.
Para el Gobierno las víctimas del fascismo terminan en 1978 y ni siquiera a estas les otorga la atención y reparación merecida. La ley de Memoria Histórica se incumple de manera flagrante desde las exhumaciones al enaltecimiento. Los centenares de víctimas que ocasionaron después no las contabilizan, entre otras cosas porque el PSOE ha sido responsable directo de muchas de estas con la guerra sucia que impulsó. Que en la primera década de lo que llaman “democracia” se asesinaran más antifascistas -desde el Estado o con su complicidad- que, en los últimos años de la etapa de Franco, lo dice todo. Como lo resume todo que, desde la victoria del golpe fascista en 1939, las cárceles no hayan dejado de estar llenas de presos políticos antifascistas. Jamás se llevó a cabo una verdadera Amnistía Total y continuaron secuestrando a quienes luchaban por los derechos y libertades que su Reforma pisoteaba. Medio siglo después y tras tanto tiempo parlamentario la larga lista de represaliados y de presos políticos no deja de aumentar. Aparejado a un brutal deterioro de las condiciones de vida que precisamente fueron mejoradas gracias a potentes y esforzadas luchas décadas atrás.
No por regalo de los comandantes de la “transición” como insisten y presumen.
Reivindicar la memoria y visibilizar el hilo conductor útil para mejorar el presente y el futuro, también demanda recordar a quienes se opusieron con firmeza a esa maniobra.
Especialmente a los militantes que pagaron con torturas, cárcel, difamaciones e incluso la vida, haber denunciado y combatido semejante engaño. Que con el tiempo aún ha evidenciado más las terribles consecuencias que implicaba y la razón que tenían aquellos revolucionarios. Su ejemplar compromiso legado no puede limitarse a la admiración inactiva, sino que debe ser una enseñanza para involucrarnos y tratar de culminar lo que “iniciaron”. Si resistieron en condiciones mucho más duras -siendo incluso tiroteados por repartir octavillas tiempo después de la muerte de Franco-, sería un despropósito que en vez de inspirarnos por su coraje nos rindiéramos ante las dificultades. No solo necesitamos vencer por nosotros y por los que vendrán, también para hacer justicia a quienes despejaron el camino y a los asesinados por el fascismo.
Quieren colarnos que sin Franco no hay fascismo como si este no hubiera ejercido el poder de la mano de incontables colaboradores que continuaron dirigiendo. Personalizándolo intentan evitar que se analice el método de dominación fascista perpetuado de manera más sutil y disfrazada. Les interesa que solo se conciba el fascismo clásico de aquella época, como si el fascismo no se adaptara a los nuevos tiempos conservando sus aspectos esenciales. Principalmente la dictadura de los monopolios ejerciendo el terror -con mayor o menor nivel según les convenga- para vulnerar derechos y libertades fundamentales sistemáticamente. A todas luces esto persiste. Por más que la izquierda domesticada se empeñe en negarlo para justificar su legalismo inofensivo y sus nefastas poltronas parlamentarias. Tener memoria también implica señalar a quienes en nombre de la izquierda y hasta del Comunismo se integraron en el Régimen oponiéndose a la Ruptura.
Blanquearon la impunidad fascista, legitimaron todas las medidas antiobreras y antipopulares y criminalizaron a quienes resistían. Fueron y son cómplices de las atrocidades represivas y explotadoras de los herederos de Franco. Por ello y para que no suframos el yugo de 50 años más de fascismo encubierto, urge desmontar su falaz relato. El llamado “Régimen del 78” que realmente es el del 39, tiene los cimientos podridos porque es parte de una gran mentira que caerá por su propio peso, solo si ponemos los medios necesarios y uno de estos es la memoria ligada al combate actual.
Pablo Hasel. Prisión de Lladoners, noviembre 2025.


