
Ayer me equivoqué cuando dije que Rusia había enviado un submarino y dos fragatas a proteger al petrolero «Marinera» que estaba en riesgo de ser capturado por EEUU con la ayuda de Gran Bretaña, como así fue. Rusia no envió buque alguno en su defensa, como queda claro en el comunicado del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso y a ello se añade el comunicado del Ministerio de Transporte ruso donde ambos insisten en que el barco tenía un «permiso temporal para navegar bajo la bandera estatal de la Federación Rusa, emitido de conformidad con la legislación rusa y el derecho internacional».
Este es el talón de Aquiles de todo el proceso. Así que he ido a la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (aunque la apelación al derecho internacional ya no sirve de nada) para ver qué se dice al respecto y lo que se encuentra es esto:

Por lo tanto, hay que hacer una apreciación que tiene mucho que ver con la (no) respuesta de Rusia: con esto de bandera temporal Rusia quería enviar una señal a EEUU (otra tontería, como la escenificada cuando entregó al agregado militar las pruebas del ataque a la residencia de Putin, rápidamente desestimadas por Trump) pero descafeinada, sin fuerza. Algo así como os avisamos, pero no interferimos. Apelamos al derecho del mar, al derecho internacional, a la libertad de navegación pero no pasamos de ahí.
En lo referente a que cada vez hay más buques que adoptan la bandera rusa es cierto y que en la actualidad ya lo han hecho 11 en aplicación de ese art. 92 de la Convención del Mar.
Es lo que ha pasado y de ahí la tibia reacción rusa ante este acto de piratería. Los euroatlánticos del Kremlin siguen intentando no molestar a EEUU para que se reanuden las relaciones y se hagan negocios, que tanto desean para su estatus y bolsillo, aunque cada vez lo tienen más crudo porque cada vez se les tuercen más los planes.
Aún es prematuro decir cualquier cosa sobre cómo está moviéndose todo el entramado interno dentro del poder en Rusia, pero lo que sí se puede aventurar, y es lo que me llega, es que el tan alabado por los eurotlánticos «espíritu de Anchorage» (por aquello de la reunión en agosto entre Trump y Putin en Alaska) «es cada vez más desilusionante» (sic). Y más cuando se habla de una nueva andanada de sanciones impuestas por EEUU con el tema del petróleo por medio.
Esta desilusión de los euroatlánticos del Kremlin no es aún definitiva, pero ahora mismo están en horas bajas, con críticas por todos los lados -desde Dugin hasta el Partido Comunista- y con los euroasiáticos frotándose las manos. «No son más que sueños infantiles de los que cuando la URSS soñaban con un McDonald’s y hoy con una gorra de béisbol como la de Trump», como dice Dugin. O «es bofetada a una oligarquía rusa cuya idea de un pacto que no es más que la aceptación de la subyugación», como dicen los comunistas. En cualquier caso, ambos sectores coinciden: «La reacción inicial de Moscú ante la humillación pública de nuestro país por parte de Trump con la incautación del petrolero parece sorprendentemente impotente».
La confluencia entre estos dos sectores se da en la conclusión: «los sueños infantiles de una reconciliación con EEUU están chocando con la realidad del presente». En lo que difieren es hacia dónde ir. Unos, hacia en repliegue interno diciendo «Rusia no tiene padre en Washington ni en Beijing, solo en Moscú». Otros, «hacia la construcción de un complejo militar-industrial, relaciones estrechas con China y una ideología de salvación del Estado». Sin embargo, ambos sectores se reafirman en la importancia del fortalecimiento de los BRICS y de la Organización de Cooperación de Shanghái.
En la entrega del pasado domingo os dije que la lucha de poder en Rusia entre los euroatlánticos y los euroasiáticos después de lo de Venezuela va a ser apasionante. Ya lo está siendo.
Sobre Venezuela, ahora todo el mundo es un experto. Pero nadie hace lo que hay que hacer: ver qué dicen los propios venezolanos. Os recomiendo una página impecable, Misión Verdad, donde hay artículos y reflexiones que se acercan mucho más de lo que lo hacemos nosotros a lo que está pasando. Por ejemplo, con gráficos como este para entender el tema del petróleo.

El Lince





