Coraje a bordo del Hermann nos sigue convocando

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Los mismos pretextos imperiales (droga), los mismos métodos (agresión armada, amenazas)… y acá la misma y cubanísima herencia de un Fidel, tan claro a sus cien años de edad como cuando asaltó al Moncada en 1953

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Hoy Fidel nos sigue abrazando y guiando así; como hizo con la tripulación del Hermann Foto: Pastor Batista Valdés

Pastor Batista Valdés (Granma).— El gobierno de Estados Unidos no pierde su manía de proyectar una imagen de fuerza, de poder, de gendarme mundial…

Ejemplos sobran en este mismo minuto. Tal vez el más reciente -o cercano a nosotros- sea el despliegue de buques de guerra hacia el norte de nuestro país.

¿Será –en verdad- que pretenden intimidarnos? ¿Creerán realmente que así pueden asustar al cubano?

Es obvio que la –por ellos denominada- brillante operación de cobarde ataque a Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro y esposa, inflama egos en la cúpula gobernante y guerrerista del imperio. Ojo, a altísimos niveles y a ras de sociedad no es tan tan así.

Parece, no obstante, que quienes enseñan colmillos contra Cuba (encabezados o azuzados por el despreciable Marco Rubio) olvidan que ni es la primera vez que nos pasamos tales amenazas por la más cubana superficie de nuestros órganos, ni es esta una tierra donde el miedo come… porque ni siquiera nace.

Entre el montón de momentos de tensión –antes y después de la llamada crisis de los misiles o de octubre- acude a mi memoria aquel también mes de enero del año 1990, cuando la habitual prepotencia de la superpotencia los llevó a protagonizar uno de los tantos chascos llevados a escena internacional.

Hermann es un término que debe provocarles pucheros, y no precisamente de satisfacción o gloria.

Con ese nombre y bandera panameña, un mercante surcaba tranquilamente aguas internacionales, unas 200 millas al este de Tampico, tras haber zarpado del oriental puerto cubano de Moa, con mineral de cromo (lean bien: mineral de cromo) rumbo al mencionado puerto mexicano.

Y nada, a la altura del Canal de Yucatán su tripulación se percata de que el buque es seguido por el guardacostas norteamericano 1320, Chincoteague, que termina pegándose a babor, para exigir (así, como si fuesen los dueños del mar y del mundo) que el navío detuviera máquinas y… revisarlo. Dicho sea de paso, los «inspectores» acompañaron aquella orden con chorros de agua a presión mediante mangueras y la habitual carita de superioridad.

Droga (el mismo pretexto que siguen empleando para atacar, agredir, secuestrar, matar, apoderarse de recursos, someter a naciones…) devino justificación para invadir el mercante.

Conocían, pero desconocieron, un simple detalle: la tripulación era cubanita. Vaya escollo, caray. El mercante había sido arrendado por la Empresa de Navegación Caribe.

Plantado con la herencia que todos conocemos –y llevamos- de Maceo, el Capitán Diego Sánchez y su corajuda tripulación (apenas once hombres, total) se negaron a obedecer la orden, ni siquiera cuando los agresores utilizaron potentes reflectores, de noche ya, maniobras y presiones para obstaculizar el desplazamiento, incluido el fuego directo, cerrado, con proyectiles de distinto calibre, contra la cubierta, puente de mando, bodega número 2, popa, departamento de máquinas…

La secuencia de la vandálica agresión muestra que al acercarse la nave ya la a dos torres de petróleo, dentro de aguas territoriales mexicanas, el guardacostas intensificó su ataque con el deliberado propósito de hundirla.

Los principales impactos o daños causados por la metralla se localizaron en el tubo de escape de diésel, un tanque de agua caliente la sala de máquinas, tanque de aceite del servomotor, mamparos de la banda de babor, popa, cuarto de planta, chimenea, camarotes del Capitán y del segundo oficial, incluyendo el peligro real de que el buque volara si en los generadores de la máquina principal llega a hacer blanco un proyectil de grueso calibre que impactó muy cerca.

Luego de tres exhaustivas inspecciones dentro del mercante, por parte de personal especializado, Arístides Palma Palma, Capitán del puerto de Tampico, México, informará no se encontró ni un solo indicio de transporte de drogas.

¿Armas a bordo del Hermann?: Sí, las más peligrosas: el valor en pecho y lo que cada quien pudo agenciarse sobre cubierta, en camarotes o en la cocina. A Diego y sus hombres los había alentado la historia, esa que el imperio jamás tendrá y, sobre todo, el acompañamiento directo, permanente, del verdadero timonel de aquel navío: el Comandante en Jefe Fidel Castro, quien desde La Habana se mantuvo al tanto e intervino durante todo el tiempo, con su claridad, sabiduría y coraje, el curso de los acontecimientos.

Recuerdo que, tras recibir y abrazar personalmente a los integrantes de la tripulación agredida, al pie de la escalerilla del avión que los condujo a nuestro país, les comentó la necesidad de dar a conocer todos los detalles, la felonía y cobardía con que actuó el enemigo, las maniobras realizadas por el buque para impedir su abordaje…

Minutos después, en áreas aledañas al antiguo monumento al Maine, dejaría claro que una provocación de tan alta gravedad, expresión del “nivel de arrogancia y de prepotencia que está demostrando el imperio”, obviamente tenía que haber sido consultada con el presidente de los Estados Unidos, de su conocimiento.

«Es bueno que meditemos sobre esto; porque de todo esto tenemos que ir sacando cada día nuestras conclusiones por si hay alguno que todavía duda» –recomendó.

Como anillo al dedo de este momento histórico (enero de 2026) viene su alerta en aquella gigantesca concentración popular, donde expresó que ese es «el tipo de mundo que se está formando, el tipo paz que espera a los pueblos del tercer mundo».

«No se sabe lo que vale ese mensaje que estos hombres les han enviado a los imperialistas, si creen que se les puede temer a sus amenazas».

Han transcurrido 36 años, lejos de disminuir, el gobierno de Estados Unidos acentúa cada vez más, impune y peligrosamente, su agresividad, amenazas y acciones. Lo confirman los hechos en Venezuela y la consiguiente decisión de ubicar buques de guerra al norte de Cuba.

Nuestra postura, como país, como gobierno, como pueblo, tiene fuente en miles de momentos recogidos por la historia. Pero ya que hemos evocado la proeza del Herman, concluyo con esta frase de Fidel, a la medida de todos los tiempos:

«El heroico ejemplo de estos humildes obreros es la respuesta más contundente que en nombre de nuestro pueblo se le puede dar al imperio».

Fuente: granma.cu

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