Foro Nuestra América defiende unidad ante estrategia estadounidense de fragmentar para dominar

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“La defensa de la soberanía hemisférica es inseparable de la defensa del derecho internacional (…) Solo la solidaridad internacional coordinada puede detener la trayectoria hacia la expansión de la violencia imperial”, dice la declaración final de Nuestra América.

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Delegados de Gobiernos, Parlamentos y movimientos reunidos en el foro Nuestra América, en Bogotá, adoptaron este domingo la Declaración de San Carlos, en la que reafirman los principios de la Carta de Naciones Unidas, denuncian la política injerencista de la Administración de Estados Unidos en el hemisferio y se comprometen a actuar de manera coordinada contra la coacción en las Américas.

 

El foro reunió este fin de semana en el Palacio San Carlos, en la capital colombiana, a líderes progresistas de más de 20 países, quienes, en el documento final, alertan de que en el contexto internacional actual, marcado por la erosión de los principios que sustentan la legalidad internacional, “las fuerzas reaccionarias se levantan para reafirmar el dominio de Estados Unidos sobre sus naciones vecinas y más allá mediante la coacción, la manipulación y la intervención militar”.

Ese proyecto —advierten— se ha articulado explícitamente “bajo la bandera de una doctrina Monroe revivida y un nuevo Corolario Trump” que pretende convertir a América Latina en una esfera de control exclusivo y “trata la soberanía, la democracia y el derecho internacional como impedimentos en lugar de obligaciones”.

La declaración señala que esa doctrina ya se ha puesto en práctica en la intervención militar en Venezuela; la intervención financiera en Argentina “con el objetivo de condicionar la política económica y limitar la elección democrática”; la intervención electoral en Honduras, “incluido el indulto al narcodictador condenado Juan Orlando Hernández y la campaña para nombrar al Partido Nacional para la presidencia”, y “el recrudecimiento sin precedentes del bloqueo económico, comercial y financiero y el incremento de las amenazas contra Cuba, con el objetivo de derrocar la Revolución”.

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Igualmente, mencionan la concreción del Corolario Trump en los ataques a buques civiles en el mar Caribe y el Pacífico, “llevados a cabo sin el debido proceso y que resultaron en la ejecución extrajudicial de más de cien pescadores y tripulaciones de embarcaciones”; los “designios expansionistas” sobre Groenlandia y la violación sistemática de los derechos políticos, civiles y sociales de los más de 50 millones de migrantes que viven en Estados Unidos, “en su gran mayoría de origen latinoamericano”, que son “que son objeto de detención, expulsión y represión por parte de las autoridades estatales”.

Sobre Venezuela, la Declaración de San Carlos subraya que la agresión se desarrolló mediante una campaña de bombardeos en la capital, Caracas, que cobró vidas civiles y militares de venezolanos, así como las de 32 combatientes cubanos “que enfrentaron digna y valientemente a la hostil intervención de Estados Unidos y la defensa del secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores”.

México también ha sido blanco de la política agresiva de la Administración de Donald Trump. Los participantes en el Foro Nuestra América denuncian las “persistentes amenazas y ataques políticos contra el Gobierno soberano y democrático de México, encabezado por su primera mujer presidenta, Claudia Sheinbaum Pardo, encaminados a desacreditar un proyecto de transformación social y socavar la dignidad y la autodeterminación del pueblo mexicano”.

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Igualmente, mencionan el uso del lawfare “como arma de persecución política” en la región, desplegado contra “líderes políticos que promueven la soberanía y la integración regional, como Lula Da Silva, Rafael Correa y Cristina Fernández de Kirchner”, a lo que se suma “la escalada a nivel internacional con las sanciones de la OFAC contra Gustavo Petro”.

Esa escalada —se advierte en la Declaración de San Carlos— no solo es “una amenaza sin precedentes para los pueblos de las Américas”, sino también “una amenaza directa al principio universal de la autodeterminación”.

Un hemisferio que se gobierna a sí mismo, con su propia voz

En ese contexto, los firmantes del documento sostienen que la acción colectiva entre los Estados soberanos y sus pueblos es la única estrategia capaz de resistir un ataque organizado en virtud de la doctrina Monroe, y que “la fragmentación sigue siendo la condición principal de la que depende la dominación”.

Recuerdan que los instrumentos contemporáneos de coacción “rara vez se presentan solo como guerra” y son en realidad “una combinación de presión financiera, medidas coercitivas unilaterales, guerra de información, restricciones punitivas al comercio y la energía, aislamiento diplomático calibrado y ataques sistemáticos contra los trabajadores y el movimiento sindical, diseñados para debilitar la legitimidad, agotar la capacidad pública y forzar resultados políticos”.

Tras señalar la estrategia de la Administración de EE.UU. para dividir “mediante intimidación, la coacción y el aislamiento, incluyendo sanciones financieras, restricciones comerciales, bloqueos energéticos y presión diplomática con el fin de fracturar la cooperación regional e imponer resultados desde el extranjero”, recalcan que “ninguna nación por sí sola” puede resistir de manera confiable la presión ejercida por el aparato militar y financiero más grande del mundo.

Sin embargo —agregan—, mediante la cooperación las naciones pueden construir la autonomía, la resiliencia y la capacidad compartida necesarias para “resistir y desarrollarse en condiciones geopolíticas adversas”.

Ante esa realidad, mencionan espacios de coordinación, confianza y diálogo regional como la Celac, “foro para el multilateralismo latinoamericano y caribeño sin tutela externa (…) al servicio de la aspiración de la región de convertirse en una zona de paz”, y destacan que experiencias como esa muestran que “la soberanía no se preserva mediante el aislamiento, sino mediante una cooperación deliberada que convierte la vulnerabilidad compartida en fuerza compartida y transforma la proximidad geográfica en solidaridad política”.

Insisten en que la coordinación intergubernamental, “aunque indispensable”, seguirá siendo insuficiente “sin el poder popular de los movimientos sociales, organizaciones populares, sindicatos, y los jóvenes”, y que “este poder popular depende de la capacidad de pensar, aprender y actuar juntos”.

En ese escenario, los delegados de la reunión inaugural de Nuestra América, celebrada en Bogotá, reafirman “el horizonte compartido de un hemisferio que se gobierna a sí mismo, defiende a sus pueblos y habla con su propia voz”, y, para avanzar en ese proyecto, se comprometen “a una estrategia común para resistir la coacción, construir la autonomía a través de la democracia y la integración, y proyectar Nuestra América como una fuerza para la soberanía entre las naciones y la solidaridad entre los pueblos”.

La Habana, próximo punto de encuentro

Junto a la participación coordinada en foros multilaterales, destacan la voluntad de defender la prohibición del uso o la amenaza del uso de la fuerza y “resistir los esfuerzos por normalizar las acciones coercitivas unilaterales”, así como mejorar la coordinación hemisférica y el apoyo mutuo ante “sanciones, bloqueos, esfuerzos de desestabilización y crisis económicas repentinas”.

Además, “promover la solidaridad y afirmar la soberanía en todo el hemisferio —desde Cuba hasta Venezuela, desde México hasta Colombia y más allá—, ampliando la asistencia médica, alimentaria, energética y de respuesta a desastres; desarrollando enfoques colectivos para mitigar el impacto civil de las medidas coercitivas unilaterales, y afirmando que ningún desafío en nuestra región se enfrentará con una invasión o una coacción militarizada, sino con diálogo y enfoques cooperativos y basados en los derechos”.

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Subrayan, igualmente, el compromiso de examinar opciones para una mayor autonomía financiera y comercial, con una mayor cooperación Sur-Sur, y de revitalizar los esfuerzos de integración regional. Además, ampliar alianzas con movimientos de resistencia internacionales, fomentar el diálogo con los pueblos del Norte Global “con el objetivo de desafiar la complicidad con la agresión”, y oponerse “a las ganancias derivadas de la coacción y la guerra”, promoviendo el cumplimiento del derecho internacional y la coexistencia pacífica.

La Declaración de San Carlos lanza la convocatoria a la próxima reunión de Nuestra América en La Habana, Cuba, “llamando a todos los pueblos del mundo a solidarizarse con el pueblo cubano y su lucha permanente por la defensa de su soberanía y libre determinación ante las pretensiones y amenazas estadounidenses”.

Concluye con la ratificación del objetivo de forjar “un futuro para las Américas que fomente la unidad, la soberanía y la paz por encima del miedo, la violencia y la dominación extranjera”.

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