He disfrutado últimamente de la lectura del libro La guerra final de los Estados Unidos, de Andrei Martyanov.
Se trata de una lectura altamente recomendable para entender las realidades sobre el terreno en el conflicto armado en Ucrania. Para mí ha supuesto todo un descubrimiento, ya que ha venido a arrojar luz sobre algunos aspectos que aún no se habían perfilado en toda su nitidez.
Intuía algunas cosas de una forma vaga e imprecisa. Martyanov, que es un analista militar de reconocida solvencia, nos aporta una visión panorámica, de gran angular, acerca del estado de la correlación de fuerzas militares entre los EEUU (más la OTAN) y la Federación Rusa. En ese sentido, sus conclusiones trascienden el conflicto armado en curso en Ucrania y nos sirven para situarnos en el contexto internacional general, caracterizado por el declive del imperialismo estadounidense (“y del Occidente colectivo”) y el ascenso del mundo multipolar.
El autor, Andrei Martyanov, se formó como oficial naval en la Unión Soviética. A mediados de los años 1990 emigró con su familia a los EEUU, donde trabajó como director de laboratorio en un grupo aeroespacial comercial. Se trata de alguien que posee una sólida formación militar, científica e histórica. Buen conocedor tanto de Rusia como de los EEUU por su experiencia directa. Nacionalista ruso y cristiano ortodoxo, apoya la OME (Operación Militar Especial). Martyanov expone en su libro las causas por las que Occidente está sufriendo una contundente derrota militar en los campos de batalla ucranianos. La OME rusa, que según él ha evolucionado hasta convertirse en una guerra, tiene hondas repercusiones para todo el mundo, tanto para el propio Occidente, como para el Sur Global y para los países emergentes que se oponen al hegemonismo estadounidense. Sus consecuencias serán globales.
Como experto militar, el autor comienza analizando toda una serie de cuestiones específicas que sustentan y explican el rumbo tomado por los acontecimientos sobre el campo de batalla. Su análisis es preciso, sistemático, y a la vez didáctico, haciéndonoslo comprensible a quienes somos aficionados a las cuestiones militares pero carecemos de una sólida formación en ese campo.
Su carácter didáctico es una de las mayores virtudes del libro.

Comienza desgranando los diferentes ámbitos en los que la superioridad militar del Ejército Ruso se ha hecho patente respecto a las capacidades del estadounidense, a continuación aborda la capacidad industrial rusa con respecto a la de los EEUU y los factores económicos que posibilitan a un Gran Estado mantener o no una estrategia de desgaste en una guerra industrial de alta intensidad y exigencia. La existencia de un complejo militar-industrial estatal ruso heredado de los tiempos de la URSS, con capacidad para desarrollar una eficaz producción bélica (economía de guerra) planificada por el Estado, es uno de los factores que han contribuido decisivamente a que Rusia se imponga militarmente al régimen de Kiev dirigido por la OTAN.
Martyanov desgrana las diferencias abismales entre la cultura militar rusa y la estadounidense. Estrategia, doctrina militar, organización del Estado Mayor, programa de estudios en las academias militares, conocimiento de la historia militar, etc….
También analiza los factores morales y culturales que conforman las distintas visiones y tradiciones castrenses. Los rusos luchan en defensa de su entorno histórico y civilizatorio mientras que los militares estadounidenses no pueden sustraerse a la mentalidad de quienes forman parte de un cuerpo expedicionario invasor que lucha a miles de kilómetros de su propio territorio estatal.
Igualmente dedica atención a la situación de la sociedad estadounidense y su crisis interna a todos los niveles, que no hace sino exacerbarse a medida que se evidencia su pérdida de hegemonía global. Martyanov no descarta a medio plazo:
«El vertiginoso declive de la cultura occidental corta los últimos vínculos de las sociedades occidentales con la realidad, sobre todo en los EEUU, que es un país completamente desgarrado, tanto por divisiones étnicas como por disputas políticas e ideológicas que podrían desembocar en una muy real y muy caliente guerra civil dentro de los EEUU. En último término, esto sería el colofón de la desintegración que ya sufren y su división en dos o incluso más entidades geográficas, étnicas y/o políticas».
En varias ocasiones alerta del riesgo real de la implosión y fragmentación política de los propios Estados Unidos. El libro fue publicado en inglés y en ruso en 2024 y acaba de ser traducido al castellano.
En general, en esa amplia visión panorámica que nos ofrece Martyanov respecto a la comparación entre el potencial militar ruso y el estadounidense se evidencia la magnitud del declive norteamericano. No se trata únicamente de que hayan perdido (se hallan muy rezagados) la carrera armamentista en su pulso contra Rusia, sino que se ha extendido también una degradación creciente de su eficiencia militar que afecta a todos los niveles del desempeño de las tareas de sus tropas.
La formación militar que imparten sus academias castrenses se ha deteriorado muy sensiblemente, repercutiendo negativamente en los conocimientos, capacidades y preparación de toda su escala de oficiales. Ello tiene hondas repercusiones en toda la preparación para el combate de sus fuerzas armadas en la actualidad.
En términos generales, según lo que avanza Martyanov en su libro de referencia, los EEUU se encuentran en una situación en la que sus vulnerabilidades y deficiencias en el ámbito militar les colocan en una clara posición de desventaja a la hora de tener que librar una guerra convencional contra un adversario de su talla o superior. Incluso en el caso de enfrentarse con enemigos a priori inferiores en escenarios lejanos y complicados por las dificultades logísticas modernas.
El curso seguido por la Operación Militar Especial Rusa en Ucrania desde 2022 ha venido a poner al desnudo, en toda su crudeza, la impotencia militar a la que se ve abocado el Occidente imperialista a la hora de librar (aunque sea por delegación a través del régimen de Kiev) una guerra industrial moderna de alta capacidad destructiva y enorme exigencia.
Para empezar, Martyanov apunta a los errores estratégicos cometidos por Occidente (fundamentalmente los EEUU) a la hora de enjuiciar las características del conflicto en ciernes en Ucrania y los objetivos políticos que pretendían conseguir, que eran desmedidos: nada más, y nada menos, que lograr un cambio de régimen en Rusia favorable a Occidente.
De entrada, los estrategas estadounidenses desconocían realmente la naturaleza de su enemigo. Apenas sabían nada de su historia, sociedad, economía y cultura militar y su juicio se hallaba deformado por su visión excepcionalista unipolar y su propaganda concebida durante la Guerra Fría.
Martyanov llega a acusar a las élites estadounidenses de hacer gala de un inaudito “analfabetismo militar”. Hallándose incapacitadas para corregir sus errores de apreciación al haber caído víctimas de su propia propaganda. Así, por ejemplo, perdieron de vista algo tan fundamental para una apreciación correcta de la situación como lo era el hecho de que:
«en Rusia, incluso tras la demoledora crisis económica de la década de 1990 y el caos que siguió a las bárbaras reformas económicas dirigidas por los Estados Unidos y la práctica demolición de las Fuerzas Armadas Soviéticas, la herencia tecnológico-militar de la Unión Soviética fue preservada en un grado muy elevado».
No contaron con que la Federación Rusa disponía de un robusto y eficiente complejo militar-industrial capaz de producir y suministrar a sus fuerzas armadas todo el equipamiento necesario para combatir en una guerra industrial de alta intensidad.
Ni tan siquiera fueron conscientes del hecho trascendental de que ya en 2018-2020 la Federación Rusa, en palabras del propio presidente ruso V. Putin, había alcanzado la supremacía tecnológico-militar sobre los desarrollos armamentísticos estadounidenses:
«Ahora nos encontramos en una situación única. Recientemente me referí a ello en el Ministerio de Defensa, esto no ha ocurrido en la historia moderna de Rusia, en la que siempre teníamos que alcanzar a nuestros (digámoslo así) competidores en el campo de las armas estratégicas. (…) Por primera vez, usted y yo hemos creado sistemas de armas de ataque ofensivo que no existen en otros lugares del mundo. Ahora son ellos los que nos tienen que dar alcance. Esta es una situación completamente única, esto no había pasado nunca».
A lo largo de 240 páginas Martyanov desgrana las claves de los éxitos militares rusos en la Operación Militar Especial y las razones del fracaso estratégico del Occidente imperialista, cuyo calado y repercusiones cada vez se les hace más difícil esconder a la opinión pública a los medios de desinformación de masas occidentales. Las consecuencias serán globales. (…)
A modo de conclusión A. Martynov apunta que:
«Lo más importante es la derrota histórica del Occidente colectivo y de su líder, los Estados Unidos. La manera en la que ha sido derrotado es obvia: los países de la OTAN se vieron completamente impotentes al enfrentarse con un enemigo dotado de una economía enorme y sofisticada, y, a día de hoy, las fuerzas armadas más avanzadas del mundo. Esto no augura nada bueno para los EEUU y por supuesto tampoco para el conjunto de, en el mejor de los casos, mediocres potencias militares europeas que son incapaces de mantener por sí mismas ningún tipo de campaña seria».
«Muchos ven a la OTAN como una alianza obsoleta. No solamente está obsoleta, también es peligrosa precisamente por la pérdida completa de visión de futuro, si es que alguna vez tuvo una de verdad. Se trata de una inseguridad surgida de la debilidad, no solo ante el ejército de Rusia, sino también ante el completo fracaso a la hora de comprender las fuerzas a nivel macro que están en juego». (…)
En el exhaustivo análisis militar que nos ofrece el libro, el autor incide en la comparación entre las capacidades bélicas rusas y yanquis en términos de guerra convencional (no nuclear). No lo dice abiertamente, pero de la bancarrota yanqui en la guerra convencional se desprende que puedan verse tentados a escalar el chantaje nuclear en sus distintos escenarios.
Israel Clemente López, prisión de Mansilla de las Mulas.


