
La pasada huelga general en Bolivia abre el camino de la unión de la clase obrera y campesina. El movimiento antiimperialista que dirigió Evo Morales desde hace más de veinte años representa un legado muy valioso, una acumulación de fuerzas que puso contra las cuerdas la dominación de una oligarquía que se había caracterizado por su violencia con los cerca de un centenar de golpes de Estado a sangre y fuego, precisamente en el país donde el vil asesinato del Che Guevara es una muestra de la crueldad imperialista. La burguesía boliviana se encargó de desactivar la lucha del pueblo boliviano. Las experiencias sirven para aprender de la lucha clase trabajadora y hoy comprobamos la necesidad cada vez más imperiosa de que es necesario luchar y constatamos que solo el socialismo garantizará la emancipación de la clase obrera y campesina.
El gobierno oligárquico de Rodrigo Paz que representa al Fondo Monetario Internacional, los bancos y la gran empresa privada de la mano del ministro de Economía Gabriel Espinoza quien fuera director del banco Central de Bolivia durante el gobierno golpista de Jeanine Áñez 20219-2020) impuso el Decreto Supremo 5503 por el que no solo retiraba la subvención a los combustibles, vigente durante veinte años, sino que además eliminaba las restricciones a la privatización de los recursos mineros. Se abrían las puertas a las transnacionales por medio de Fast- Track, reducción de impuestos a los capitalistas, incremento del 82% del precio de la gasolina y 163% del diesel y todo para privatizar sectores estratégicos como la minería, hidrocarburos y energía y saquear los recursos naturales del país. Con antelación la Universidad de Harvard había organizado un evento denominado Bolivia 360º con empresarios, asesores económicos y periodistas, preparando las privatizaciones al mejor postor.
El Decreto tenía consecuencias de cara a las exportaciones que afectaban directamente a la canasta familiar. La eliminación del requisito de garantizar el abastecimiento interno supuso de inmediato que se triplicara el precio de la carne de res, la fuga de capital a paraísos fiscales como a panamá y Bahamas y que el 95% del capital tras la exportación queda fuera de Bolivia en cuentas offshore.
Antes del inicio de la huelga se llevó a cabo una marcha con el lema Bolivia no se vende desde Calamarca a la Paz convocada por la Central Obrera Boliviana (COB) a la que se unió el movimiento campesino, el sector informal de la economía y donde se llegó a congregar a medio millón de asistentes. En más de cuarenta puntos se produjo el bloqueo en las carrteras. La represión fue la respuesta de la oligarquía con tres activistas asesinados en Cotapachi, Colcapirhua y Cochabamba.
Finalmente y tras un acuerdo se consiguió la derogación parcial del Decreto Supremo 5503 pues como dijo Mario Argollo “cuando los trabajadores y trabajadoras están unidos nadie va a someter a la clase obrera”. Una victoria colectiva que va a suponer el incremento del salario mínimo, la defensa de los bonos sociales y la subvención de carburantes a sectores vulnerables.
Esta huelga general ha sido un paso importante para la clase obrera y el movimiento popular a la hora de ir acumulando fuerzas dentro de un largo proceso de lucha para enfrentar los planes de someter a la clase obrera y campesina boliviana por parte de la oligarquía.
El movimiento obrero boliviano declaró que la lucha continuará hasta conseguir en lo sucesivo acabar con la fuga de capitales, lograr la nacionalización de la banca así como de la agroindustria, grandes latifundios y minería para que queden bajo control obrero y campesino.
Odena.

