
Federico García Naranjo (@garcianaranjo).— El mundo no termina de asquearse por las revelaciones de los archivos del pederasta estadounidense Jeffrey Epstein. El contenido publicado hasta ahora, proveniente de correos electrónicos, fotografías y videos, es apenas una muestra de la descomposición de las élites globales y una ventana que nos permite entrever cómo funcionan las estrategias que marcan el ritmo de la política internacional.
Para recordar, Jeffrey Epstein fue un hombre de negocios que lideraba una red de prostitución infantil en la cual participaban miembros de las más poderosas élites globales. Su muerte en prisión en 2019, aparentemente por suicidio, extinguió los procesos penales en su contra y, como resultado, levantó el secreto que existía sobre las pruebas contra él, que el FBI había reunido tras años de investigación.
Hoy, después de décadas de lucha legal por parte de las víctimas para que se conozca toda la verdad, el Congreso de Estados Unidos ha ordenado al Departamento de Justicia que haga públicas las pruebas, los “archivos”, algo que se ha hecho poco a poco y según las conveniencias políticas de la coyuntura. Lo que revelan los archivos es sobrecogedor y muy perturbador, pero más allá de la repugnancia que cualquier ser humano podría sentir por ello, vale la pena detenerse a observar algunas aristas de este asunto que evidencian hasta qué punto, más allá de unos cuantos personajes degenerados, el orden global se sostiene sobre la podredumbre y la descomposición.
Dulce entrampamiento
Lo primero que resulta revelador es cómo muchas de las llamadas “teorías de la conspiración” no solo están quedando demostradas, sino que, incluso, algunas de ellas palidecen ante la crudeza de los hechos conocidos. Gracias a las revelaciones de los archivos, hoy se sabe que Epstein lideraba no una simple red de prostitución, sino una estrategia de entrampamiento organizada por la agencia de inteligencia israelí, el Mossad. La estrategia consistía en provocar la llamada “trampa de miel”, es decir, involucrar a personas poderosas en actividades sexuales prohibidas, grabarlas y fotografiarlas para luego chantajearlas en caso de desobediencia.
Ello explica que alguien como Epstein, prácticamente un desconocido, en pocos años haya logrado adentrarse en los círculos más exclusivos de las finanzas, la academia, la política, el entretenimiento, en síntesis, del poder; hacer una fortuna, incurrir en delitos probados desde los años noventa y gozar de casi absoluta impunidad. Ello también explica la abundancia de material gráfico que muestra a Epstein rodeado de personajes poderosos y en situaciones inapropiadas —por decir lo menos— con jóvenes mujeres menores de edad.
Y también explica por qué el Estado de Israel puede cometer crímenes con absoluta impunidad, pues sabe que cuenta con el silencio, cuando no con la directa complicidad, de las potencias occidentales. ¿Cómo no?, si en las fotos y relatos aparecen personajes como Bill Clinton, Donald Trump, George Bush padre, el príncipe Andrés de Inglaterra, el exprimer ministro británico Tony Blair, Elon Musk, en fin, la crema y nata del poder global.
En efecto, debido a que los archivos no están siendo revelados en su totalidad, sino gota a gota y con un interés por dirigir el daño hacia quien conviene, las versiones más calenturientas relacionan el actual despliegue militar estadounidense en el Golfo de Omán con las revelaciones. Según estas versiones —que no logran ponerse de acuerdo— el despliegue hostil contra Irán sería parte de un chantaje de Israel contra Donald Trump. De este modo, la última revelación podría ser parte de la presión para obligar a Estados Unidos a atacar a los persas, o bien lo contrario, una filtración interesada, una “explosión controlada” para evitar un daño peor y ganar tiempo y margen de maniobra contra Israel.
Poder absoluto, corrupción absoluta
Algo muy perturbador que dejan las revelaciones de los archivos es descubrir que las conductas sexuales perversas son más comunes de lo que podría pensarse entre personas con mucho poder. Porque no son solo las violaciones a niñas y jóvenes menores de edad, algo suficientemente repugnante, sino la práctica de sadomasoquismo, canibalismo, ritos satánicos, sacrificio de humanos y animales, en fin, toda suerte de conductas que parecen sacadas de una película de terror.
Al parecer, el poder en exceso provoca una fascinación hacia el control de los cuerpos que no conocíamos, o que solo suponíamos en personas desviadas o corrompidas. Los archivos de Epstein nos revelan que estas prácticas de dominación, al ser tan comunes entre las élites globales, llevan a pensar que el mayor goce que provocan estas conductas no reside en el aspecto meramente sexual, sino en el placer que produce infringir dolor, como muestra máxima de control sobre el cuerpo de la otra persona. Aterrador.
¡Tapen! ¡Tapen!
Jeffrey Epstein murió hace siete años, pero solo hasta ahora empiezan a conocerse los alcances de su red de corrupción y chantaje. Una de las revelaciones más preocupantes, más allá del contenido de los archivos, es que el Departamento de Justicia y el FBI tuvieron en su poder este material probatorio durante todos estos años y no hicieron nada, excepto procesar y condenar a la novia y cómplice de Epstein, Ghislaine Maxwell. Sin pretender exculparla, Maxwell ha sido el chivo expiatorio que ha permitido distraer la atención mientras la élite global elude la acción de la justicia.
Porque no estamos aquí ante unos poderosos que han burlado el sistema judicial. Estamos ante un sistema político y judicial corrupto, diseñado para garantizar la impunidad de los más poderosos. No de otra manera se explica que la propia fiscal general de Estados Unidos, Pamela Bondi, haya confesado en una entrevista que de hacerse pública la totalidad de los archivos, el sistema estadounidense podría colapsar.
Pastrana en el “Lolita Express”
Así titulábamos hace siete años un artículo donde reclamábamos una explicación por la aparición del nombre de Andrés Pastrana en uno de los manifiestos de vuelo del avión privado de Epstein, el “Lolita Express”. Dicha explicación sigue pendiente, más aún cuando se ha conocido que la relación de Pastrana con la pareja Epstein-Maxwell era mucho más estrecha de lo que el expresidente ha reconocido. Y no se trata solo de las sospechas de haber participado en fiestas con menores de edad, sino la confesión de que Maxwell, cuando Pastrana era presidente, piloteó un helicóptero de la Fuerza Aérea Colombiana y ametralló un campamento de las FARC.
Al parecer, la pareja de proxenetas se paseaba por Colombia como Jeffrey por su casa.

