El españolismo rancio también vive en una parte de la izquierda.

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El españolismo rancio también vive en una parte de la izquierda.

El nacionalismo de izquierdas como el BNG en Galiza cuenta con buena salud y enfrenta a la ultraderecha entre la juventud, unirse a un lastre como SUMAR o cualquiera de los nombres que ahora le puedan poner sería un error histórico y fatal.

BNG en Galiza, BILDU en Euskadi, ERC en Catalunya, no están en caída libre de los partidos que tratan de volver a salvar los muebles cambiando de nombre una vez más, ya no se sabe bien ni cuantos van, la ciudadanía perdió la cuenta.

De ser verdad que el objetivo de los de siempre fuese combatir al fascismo no presentarían candidatura donde son poco más que residuales según las últimas elecciones y pedirían el voto para el BNG en Galiza o para BILDU en Euskadi, no lo harán.

En 2017 siendo aún concejal de Izquierda Unida me sentí obligado a contestar a Alberto Garzón que llegó a decir que ser nacionalista y comunista es algo incompatible. Para mí punto de vista es un argumento equivocado digno del españolismo más rancio, como lo fue ver a Frutos compartiendo acto con la ultraderecha.

«Se puede ser independentista y comunista, lo que no se puede es ser comunista y estar contra el derecho de autodeterminación de los pueblos.

Otra cosa es anteponer totalmente el hecho nacional a la lucha de clases o entender que la lucha por la liberación nacional está al margen de la lucha de clases, en este caso existe una contradición. Pero el hecho de sentirse parte de un pueblo, de una nación y de defender el derecho a decidir no es incompatible con la militancia comunista consecuente.

Es verdad que existen contextos en que el hecho nacional puede ser usado por la burguesía para dividir a la clase obrera.

Pero es un error plantear la incompatibilidad del independentismo y el comunismo, sobre todo cuando el Gobierno de la metrópoli es totalitario.

Parece que no es fácil para una parte de la izquierda nacional española entender la realidad plurinacional del Estado español. En esa incomprensión comienza un grave problema de convivencia dentro del Estado.

El Estado español no es una nación de naciones, ni es una nación. El Estado español es en todo caso una unión de naciones. Pero para que exista unidad y coexistencia, ten que existir respeto e comprensión. La unidad tiene que ser entre iguales. No pueden existir naciones de primera y de segunda categoría. Esta unidad tiene que ser voluntaria, debe de ser una unión de naciones libres que deciden caminar juntas.

De no ser así el Estado español será siempre más una prisión de pueblos que la casa de todos, será un Estado fallido. Es necesario abrir un debate sobre el modelo de Estado, República y monarquía y el derecho de autodeterminación de los pueblos dentro del Estado español.»

Sigo pensando lo mismo.

 

André Abeledo Fernández

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