
Pakistán ejecutó este domingo un ataque aéreo sobre el este de Afganistán, dejando un saldo de 17 civiles muertos, de ellos 11 niños, y cinco heridos. La operación pakistaní, que se justificó como una ataque en represalia por recientes acciones terroristas en el país, alcanzó zonas residenciales en la provincia de Nangarhar y ha intensificado drásticamente las tensiones regionales entre ambos países.
Quraishi Badloon, jefe de Información del Departamento de Información y Cultura regional, informó a los medios locales que los ataques, impactaron en el distrito de Behsood de la provincia de Nangarhar, afectando directamente viviendas y una madrasa (escuela religiosa).
La dificultad para remover escombros han retrasado las tareas de búsqueda de más víctimas. Este reciente ataque se suma a una serie de incursiones pakistaníes que, desde octubre, han provocado la muerte de 70 personas y más de 400 heridos.
El Ministerio de Defensa afgano ha denunciado que los bombardeos vulneran la soberanía nacional y el derecho internacional, y ha afirmado que el país responderá «de forma adecuada y calculada». Además ha presentado una protesta formal ante el embajador pakistaní.
El portavoz del Gobierno, Zabihullah Mujahid, ha acusado en redes sociales a los “generales pakistaníes» de intentar «compensar las debilidades de seguridad de su país con estos crímenes”.
Por su parte, en un comunicado, el Ministerio de Información y Radiodifusión de Pakistán indicó que se realizaron «ataques selectivos basados en inteligencia contra siete campamentos y escondites terroristas» vinculados a los talibanes pakistaníes (TTP), sus afiliados y al Estado Islámico de Jorasán (ISKP). Las autoridades de Islamabad afirmaron que estos se llevaron a cabo «con precisión y exactitud», postura que se contradice al constatar las víctimas civiles.
Pakistán ha experimentado en los últimos meses un repunte de la violencia, especialmente en las provincias de Jiber Pajtunjua y Baluchistán, atribuidos a grupos como el Tehrik-i-Taliban Pakistan (TTP) y el Estado Islámico.
El 6 de febrero, el Estado Islámico reivindicó un atentado contra una mezquita chií en Islamabad, que se constituyó como el ataque más mortífero en la capital pakistaní desde la explosión en el hotel Marriott en 2008, la cual cobró la vida de 60 personas. Esta escalada militar en la frontera subraya la compleja dinámica geopolítica de la región, donde la lucha antiterrorista de Pakistán colisiona con la soberanía afgana y genera un grave impacto humanitario.

