
Rosario Murillo (Co-Presidenta de Nicaragua).— Saludar a las mujeres nicaragüenses que sabemos tanto de luchas, de valentías, de dolores convertidos en triunfos con la fuerza espiritual que Dios nos brinda. Saludarnos todos y saludar a las mujeres de este pueblo y esta nación bendita, es saludar la gloria de Dios que se manifiesta en tanto amor de niñas, de adolescentes, de mujeres de todas las edades, de las madres, de las abuelitas, de todas las que con tanto corazón hemos forjado la patria de todos, patria buena, patria gloriosa, patria generosa, patria milagrosa, patria que somos todas, y todos.
En este día de tantos esplendores, nuestra memoria abarca a las heroicas mujeres que en todo momento y circunstancia hemos sabido asumir nuestro poder inmenso para construir, nunca para destruir; para ser vida y esperanza; para crecer, nunca para envilecernos, humillarnos, rebajarnos. Nunca doblegadas, nunca sometidas, nunca degradadas, nunca debilitadas, nunca menos que ese más, grandioso, que Dios ha puesto en cada espíritu, en cada alma, en cada presencia y frecuencia de mujer.
Nunca miserables, nunca amargadas, nunca desangeladas o desalentadas, siempre con alas de viento, tiempo y luminosidades que nos hacen capaces, formidables y plenas.
Nuestra lucha ha sido para que esa plenitud sea, como es ahora, en estos campos fértiles de Revolución amorosa, valiente, tierna, dulce y fuerte, potente como es la vida que entre todos nos proponemos alcanzar, y estamos alcanzando.
Trabajamos duro como pueblo mujer, pueblo varón, pueblo juventud, pueblo familia, presidentes todos, pueblo que, en la ebullición de los nuevos días, buscamos coordinarnos y nos vemos y nos sabemos forjando presentes y porvenires gloriosos para todos.
En la Constitución General de la República; en nuestras leyes e instituciones; en nuestros principios, ideales, valores, deberes y derechos; en nuestros sueños, en nuestro modelo de dignidad de personas, familias y comunidades; nuestra seguridad es cultura, educación, tecnologías, salud, producción, emprendedurismo, turismo, telecomunicaciones, obras físicas, sociales, culturales. En cada avance, y cada paso adelante de nosotros, Pueblo Presidente, estamos las mujeres, en primera línea de trabajo, tranquilidad, paz y progreso.
Hay ámbitos en los que debemos profundizar más y más, desde nuestra serena inteligencia. Toda nuestra Institucionalidad revolucionaria, todos y cada una de nosotras debemos seguir pensando y haciendo, para superar rezagos culturales y sociales, pestes y plagas que nos salpican, como en todo el mundo, violencia machista, pretendidas superioridades, acosos, heridas profundas en el alma y en el cuerpo, heridas que deben atenderse y superarse, porque son huellas de un Pasado que se niega a abandonarnos y que debemos abandonar, juntas, procurando lo mejor.
En la ideología, las tecnologías, en todas las formas de educación, salud y vida, debemos observar con preocupación y atención estos atrasos para trascenderlos, porque son inaceptables y nos hacen perder sentido de humanidad.
En esta Revolución que tanto ha privilegiado y privilegia el amor y la paz, en esta lucha permanente por la armonía, en estas batallas lúcidas y valerosas por la paz en nuestra patria, y en el mundo, las mujeres no sólo estamos al frente, sino que somos parte vigorosa y valiosa que reclama, igualmente, como esencia de la paz, la dignidad de todas y cada una, en formidable y revolucionaria fuerza de batallas, de luchas, de combates, de victorias.
La Revolución Popular Sandinista, orgullosa del siempre más allá donde hemos estado y estamos las mujeres con nuestra sensibilidad, nuestra elocuencia, nuestra inteligencia y nuestra energía, somos esa intensidad que reclama, que aclama y que sabe reconocer los límites para romperlos, las barreras para cruzarlas, las fronteras para que nunca vuelvan a limitar el alma vibrante y magnífica de todas las mujeres. Así, vamos adelante.
Estamos en pie de lucha, como siempre, para que sigan floreciendo todas las certezas que nos hacen pueblo grande, grandioso, libre, de gran, de enorme, espíritu, vencedor de todas las batallas, merecedor de todas las glorias y victorias.
Nuestro pueblo trabajador, luchador, humilde y grande, este pueblo nuestro de fe y oración, esta grandeza cotidiana e histórica, ahí estamos todas, y la esencia de nosotras las mujeres se pronuncia y se marca en todos los caminos, en todos los clamores, en todos los amores, en todas las encrucijadas, en todo lo formidable, que está hecho de tantas pequeñas cosas que suman y suman, y van logrando las grandes victorias.
Las mujeres nos reconocemos combatientes de la paz, de los valores, de los ideales, del futuro libre de pobreza, esa pobreza material y cultural con la que han pretendido dominarnos.
Las mujeres somos guerreras del amor, y de la luz, estrellas inapagables en un mundo que no quiere guerras y que todos debemos procurar hacer mejor. Porque es posible, necesario, e imprescindible. Porque la paz es vida.
Las mujeres en esta Nicaragua de Revolución y evolución somos fuerza, brillo de logros, trabajadoras insignes, líderes naturales, arte y parte en todas las victorias.
Las mujeres somos el poder del amor… Somos ser y hacer… Somos, y punto!
Mujeres en el poder… ¡Ser y hacer, esa es la cuestión!
Managua, 7 de marzo, 2026

