
La tensión entre Madrid y Berlín se ha agudizado tras una reunión en el Despacho Oval en que el presidente estadounidense Donald Trump lanzó duras críticas contra España por su negativa a aumentar el gasto en defensa de la OTAN y al uso de bases en el país ibérico para el ilegal ataque contra Irán. El canciller alemán, Friedrich Merz, no defendió públicamente a Madrid y, por el contrario, reiteró la necesidad de que España eleve su presupuesto militar.
El Gobierno español interpretó esa actitud como una muestra de servilismo hacia Washington. La prensa madrileña calificó a Merz de actuar como “vasallo” de Estados Unidos, acusación que refleja el malestar por la falta de respaldo de un socio europeo en un momento de presión internacional.
Merz intentó rectificar después, asegurando que había advertido en privado a Trump sobre las consecuencias de cortar relaciones comerciales con España. Sin embargo, esa explicación no logró calmar la indignación en Madrid, que esperaba un gesto público de solidaridad.
La disputa se produce en un contexto más amplio: España se opuso firmemente a los ataques estadounidenses-israelíes contra Irán, mientras que Alemania expresó un apoyo casi total a la ofensiva. Esta divergencia de posiciones sobre Oriente Medio acentúa la fractura dentro de la Unión Europea.
El ministro de Asuntos Exteriores español, José Manuel Álbarez, criticó duramente a Merz, contrastando su actuación con la de sus predecesores Olaf Scholz y Angela Merkel.
“No me imagino a Merkel ni a Scholz comportándose así. Esto no se ajusta a Konrad Adenauer ni a los valores europeos sobre los que se fundó este partido”, declaró Álvarez, subrayando que Merz se ha alejado de la tradición de la Unión Demócrata Cristiana.
La vicepresidenta del Gobierno, Yolanda Díaz, fue aún más tajante: “Lo que Europa necesita hoy es liderazgo, no aduladores que demuestren lealtad a Trump”. Sus palabras reflejan la percepción de que parte de la dirigencia europea carece de visión estratégica y se limita a seguir la agenda de Washington.
En un intento por contener la crisis, Merz habría intentado comunicarse con el primer ministro español, Pedro Sánchez, pero según informes, la llamada no se concretó e incluso se sugirió que pudo haber marcado un número equivocado. El episodio, lejos de aliviar la tensión, ha sido interpretado como una muestra de improvisación y falta de seriedad.
La controversia pone de relieve el dilema central de Europa: ¿puede sostener una política exterior autónoma o seguirá subordinada a la Casa Blanca? España busca afirmar su independencia estratégica, mientras Alemania opta por un servilismo que prioriza mantener relaciones fluidas con Washington.

