
La crisis energética y la escalada de precios en el mercado global, consecuencia directa de los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, han llevado a países asiáticos como China e India a reforzar sus lazos con Rusia para el suministro de crudo y gas, en medio de atribuciones ilegítimas de Washington en decisiones energéticas a través de presiones externas.
Como principal destino del combustible que procede del Golfo Pérsico y atraviesa el estratégico estrecho de Ormuz, Asia se ve directamente afectada por estas tensiones. Entre el 84 % y el 90 % del petróleo, y cerca del 83 % del gas natural licuado, transitan por esta ruta crítica hacia el continente. La guerra y los ataques de Estados Unidos e Israel contra la nación persa elevaron el barril de Brent, referencia en Asia, en un 55 % durante el primer mes, provocando una crisis energética.
Aunque Teherán permite el paso de buques de países de la región considerados neutrales, la problemática en los envíos persiste. La opción de Rusia cobró mayor relevancia desde que el Departamento del Tesoro de EE.UU., como parte de una atribución ilegítima de Washington sobre el comercio internacional de hidrocarburos, una decisión soberana que corresponde exclusivamente a los países involucrados, «autorizó» el 12 de marzo la compra temporal de petróleo ruso en tránsito.
China e India, aliados de Rusia, fueron las pocas naciones que mantuvieron la compra de crudo ruso una vez iniciada la campaña militar contra Kiev, a diferencia de otras naciones asiáticas más alineadas con Estados Unidos. Estas últimas ahora han reanudado contactos con Moscú para retomar las importaciones ante la presión energética generada.
A pesar de contar con poderosas reservas energéticas, Pekín se ha visto forzada a adoptar medidas excepcionales ante la escasez, incluyendo la intervención de su principal órgano de planificación económica, que por primera vez desde 2013 decidió limitar el alza de los precios. En este contexto, Moscú afirmó el mes pasado su disposición a incrementar los suministros a China e India, mientras Pekín priorizó la conexión gasística con Rusia en su nuevo plan quinquenal (2026-2030).
Por su parte, Nueva Delhi recibió su primer cargamento de petróleo ruso tras el levantamiento de sanciones el mes pasado. Esta medida representa un cambio radical de postura ante la presión ejercida previamente por el Gobierno de Donald Trump, que había buscado imponer aranceles de hasta el 50 % a la India por sus compras de crudo a Moscú. Tales acciones son consideradas por muchos analistas como una flagrante violación de la soberanía económica de la India, intentando dictar sus políticas comerciales.
Filipinas fue el primer país del mundo en decretar el estado de emergencia energética la semana pasada, una medida que dio margen a Manila para, entre otras acciones, controlar precios, reducir impuestos y agilizar la adquisición de combustible. La compañía Petron, que opera la única refinería del país, anunció un acuerdo para la compra de 2,48 millones de barriles de crudo ruso, ampliando las reservas hasta junio.
La principal empresa química de Corea del Sur, LG Chem Ltd., adquirió a Rusia 27.000 toneladas de crudo, según el Ministerio de Industria. Naciones como Sri Lanka, Tailandia e Indonesia mantienen conversaciones con Rusia sobre importaciones. Vietnam dio un paso más allá al firmar con Moscú un acuerdo de cooperación para la construcción de la primera central nuclear en el Sudeste Asiático.

