Ferran N. (Unidad y Lucha).— Vivimos tiempos en los que todo sucede a una velocidad vertiginosa. Esta velocidad no es casual, busca el shock, la incapacidad de reaccionar, de procesar y de entender. Es el mismo patrón de los videos cortos de las redes sociales, en los que se pasan compulsivamente pantallas y no nos acordamos de qué hemos visto hace cinco minutos.
En Irán esperaban un mismo resultado: impacto, caos y destrucción, y pasar rápidamente a la siguiente pantalla. No ha sido así y el desconcierto y la preocupación, y también el miedo, empiezan a sentirse en los centros de decisión económicos y políticos del imperialismo. Quizás Trump sea un loco, pero es el loco que necesita el imperialismo para prevalecer, especialmente contra la República Popular China, que es contra quién va todo esto.
La actitud de matón de patio de colegio ayuda a crear la sensación de que estamos ante algo novedoso, que todo ha saltado por los aires no se sabe cómo ni por qué. No es Trump, ni Netanyahu, ni Kaja Kallas, el trío de fascistas que están llevando el mundo a la barbarie. Todo esto se ha cocinado a fuego lento, el genocidio en Palestina nace de la Nakba, la situación hoy en Cuba nace del bloqueo, la guerra hasta el último ucraniano nace de la expansión de la OTAN y la sostiene la UE, lo que pasa hoy en Irán se empezó a gestar desde la primera guerra del Golfo en 1991.
El cacareado orden internacional, el Derecho Internacional construido después de la Segunda Guerra Mundial, solo era respetado por el imperialismo cuando era útil al imperialismo. Su demolición ha sido cocinada desde la contra-revolución en la URSS, paso a paso. Y no es cosa de Republicanos o Demócratas, ni de Neocons, Globalistas o MAGAs, ni de europeos o yanquis. El capitalismo en su fase imperialista encadena crisis cada vez más agudas y seguidas desde los años 70. La desaparición del campo socialista les dio un respiro y creó la ilusión de un mundo a su disposición. Pero las crisis no han dejado de encadenarse, hasta hoy, hasta la crisis permanente. Y frente al imperialismo una nueva realidad emerge, con China al frente, una nueva realidad que desde los centros de poder y los monopolios ven cómo el moribundo ve al sepulturero cuando toma medidas para el ataúd.
La primera guerra de Irak, la guerra contra Yugoslavia, el 11-S y la segunda guerra de Irak, la invasión de Afganistán, las primaveras árabes y la creación de ejércitos terroristas, la guerra de Libia y el asesinato de Muamar el Gadafi, la guerra terrorista en Siria, el Maidan en Ucrania, el genocidio en curso en Palestina, el secuestro de Maduro y lo que sucede hoy en Venezuela (que el que escribe aún no sabe bien qué es, pero no es bueno), Irán, Cuba… Seguro que me he dejado muchos hechos que demuestran el derrumbe del derecho internacional, de la legalidad, de la normativa burguesa que ordenaba las relaciones entre estados. La ONU y el Consejo de Seguridad son instituciones vacías, incapaces e inútiles.
El Derecho Internacional se empezó a demoler hace muchos años. Lo hemos denunciado hasta la saciedad, hoy estamos sobre sus ruinas, y desde debajo de las ruinas nos llega el hedor de millones de cadáveres. Hoy no sirve situarnos en una atalaya y decir “ya lo dijimos”, nos debemos criticar que sabiéndolo y denunciándolo hemos sido incapaces de articular la lucha, no hemos podido y no hemos sabido. Hoy es el momento de luchar con toda la sabiduría a nuestro alcance, porque quizás no haya otra oportunidad de parar la barbarie.


